Callado temor

Por Carlos Alberto Ospina M.

Ella fijó la mirada en un punto imaginario. Él, en la retaguardia expectante y solidario confiado en su fortaleza espiritual. Cada oración tocaba la generalidad del tema indagado. En el rostro de aquella mujer, unas livianas ojeras, cargaban varios días de inquietud. No se trataba de pecados inconfesados ni deslealtades. Tampoco alguien detectó que la usual sonrisa estaba en pausa por razones insondables a la jauría de locutores y periodistas.

Un extraño velo cubrió la textura de la piel, a semejanza de desazón, tal vez, agotada de apretar los labios, de llorar a solas en el cuarto y ver partir a sus hijos al colegio escoltados por padres nuestros y policías. El temor tensa los músculos de la cara, convierte la expresión visual en tonos grises y a veces, reseca la garganta. Gritar no es de locos, es en sí, un acto de liberación de miles de voces enmudecidas de dolor.

Los dos eligieron ese destino a sabiendas de que la vida les cambiaría. Así como en otro tiempo decidieron ser papás. El engreimiento que trae consigo el poder, invita a aterrizar las expectativas y ponerse el antifaz para disimular los riesgos que implica ejercer la función pública. Por medio de sus acciones y su carácter, ella, lo sabe al dedillo. Delante de los medios rechazó con determinación el maltrato infantil, casi es obvio, como líder del programa Buen Comienzo, Primera Dama del Municipio y madre de Pedro y Emilio.

Margarita María Gómez, en su interior portaba un pesado silencio. Él con una mueca intentaba disimular la aflicción personal. Seis días antes, el Fiscal General de la Nación, Néstor Humberto Martínez, le informó a Federico Andrés Gutiérrez Zuluaga, Alcalde de Medellín, la certeza de un plan para atentar contra su vida por parte de diferentes organizaciones criminales, bajo la coordinación del cabecilla de la denominada “Oficina”, Freyner Ramírez García, alias ‘Carlos pesebre’. Este funesto personaje, desde la cárcel Picaleña de Ibagué-Tolima, estaría fraguando el asesinato del mandatario paisa, quien solicitó al Tribunal Superior de Medellín revocar la orden de libertad de ese bandido.

Gutiérrez Zuluaga, asegura no sentir miedo y que seguirá con su lucha por derrotar las distintas organizaciones delincuenciales, Odin, y bandas criminales emergentes, Bacrim, que controlan el tráfico de estupefacientes, a la vez que son los autores materiales e intelectuales de la mayoría de hechos violentos en la ciudad. Aquí no hay espacio a la permisividad ni a la dubitación. El alcalde de Medellín puso el dedo en la llaga a riesgo de exponer la vida. Entró en un terreno permeado por la corrupción y el dinero del narcotráfico. En diversas zonas de la ciudad existen guetos controlados por los malhechores, bajo la “supervisión” de algunos agentes del Estado que ganan por partida doble, salario oficial y soborno. “La gente está cansada de los delincuentes”, afirma Federico Gutiérrez. También, una buena parte de la sociedad desconfía de la fuerza pública, precisamente, porque padecen la negligencia u omisión deliberada por parte de ciertas autoridades.

Cada quien es dueño de su desconfianza y del derecho a custodiar la intimidad. ‘Fico’ comparte con su esposa las novedades del ejercicio público. Ella, conoce a la perfección los peligros del cargo que desempeña. Más que nadie, advierte la verdad de las cosas y la responsabilidad que encarna ser alcalde. Margarita, es capaz de disimular las angustias, dejar correr el agua sin turbiedad, maquillarse la cara, despachar los niños a primera hora, ser firme, salir a trabajar y acurrucarse al lado de su compañero. Ellos forman un solo cuerpo para enfrentar el presente sometido a la crítica, el escarnio y el cuestionamiento diario.

A través de esta columna hace varios meses alertamos al alcalde, Federico Gutiérrez, en relación con los presuntos pactos entre las bandas delincuenciales. Llamamos la atención sobre los diálogos del exsecretario de Seguridad, Gustavo Villegas, que buscaban el sometimiento a la justicia de algunos cabecillas de organizaciones criminales e indicamos el origen del recrudecimiento de la problemática en el corregimiento de Altavista, entre otras anomalía e irregularidades. Después se lloró sobre la leche derramada.

Federico Andrés Gutiérrez Zuluaga es un hombre bien intencionado, no exento de equivocaciones, las cuales pretenden cobrar por ventanilla el séquito de opositores. Como funcionario está sometido a la veeduría ciudadana, a la crítica de los medios de comunicación y a la observancia constante por parte los respectivos entes de control de la gestión pública. El estilo popular, sociable y espontáneo de Federico genera afectos y rechazos. Él tiene claro que su futuro cercano está en el ámbito nacional.

La determinación de luchar contra las diferentes expresiones de violencia ha puesto en vilo su integridad. Pisar callos y remover la podredumbre moral implica gobernar bajo constante amenaza. Federico Gutiérrez dice estar dispuesto a jugarse el pellejo. En esta ocasión debemos cerrar filas en torno a ese principio supremo que significa el derecho a la vida y a la libertad de circulación. Un buen ser humano rechaza cualquier tipo de intimidación.

No es fácil distinguir en la voz contenida de una mujer, el pavor que genera el macabro plan en contra del “hombre de su vida”. Aquel que destruye los floreros de la casa con la pelota de trapo y juega a las escondidas con sus dos hijos. Por eso, ella, Margarita María, en un evento de ciudad pronunció sucesivas palabras, mientras tanto en su interior enjuagaba el implacable silencio que produce la incertidumbre. Es su derecho a la intimidad ¡Nadie lo notó, una brizna alcancé a percibir!

Enfoque crítico – pie de página.  La Alcaldía de Medellín no puede desconocer que en varias áreas falta trabajo y ubicar funcionarios más idóneos. La Secretaría de Movilidad dedica buena parte del tiempo a los asuntos estéticos, cuando el desorden avanza a pasos agigantados, la infraestructura se encuentra por debajo del crecimiento de la ciudad, los controles son mínimos y la invasión de las calles ofende la inteligencia. Las principales avenidas se convirtieron en pistas para los piques ilegales e irrupción de hordas de desadaptados, quienes aprovechan la soledad de la noche y la mínima presencia de la autoridad, para asaltar la tranquilidad y el descanso de los ciudadanos. A las horas pico, el transporte individual de taxis, por arte de magia, se transforma servicio colectivo y nadie controla el carril ‘Solo Bus’. Un porcentaje grande de radares alimentados con energía solar, no funcionan a cabalidad o están sin calibrar.  La indisciplina vial es pan de cada día.

En la calle Cundinamarca con la carrera 53, a una cuadra del Centro Administrativo La Alpujarra, cinco individuos montados en bicicletas se dedican a cobrar la “vacuna” a los conductores de las rutas que transitan por allí. Es tal el descaro y el cinismo de esos sujetos que paran el bus en mitad de la vía, introduciendo el cuerpo por la ventanilla del conductor con el objetivo de verificar cuánto dinero lleva consigo y hasta llegan a contar el resultado de la extorsión en la cara de los transeúntes. En la carrera 76 con la calle 28, los supuestos vendedores de dulces, son abastecidos de drogas por dos sujetos en moto que se turnan el recorrido.

Estos son pálidos ejemplos de una compleja problemática con múltiples frentes de acción.