Ataques de lobos solitarios en Estados Unidos

el papa francisco

La reciente ola de ataques terroristas en este país aumentó la sensación de inseguridad y miedo. El 1 de octubre, en Las Vegas, un pensionado, blanco, de 64 años, empezó a disparar desde su cuarto de hotel, contra los asistentes a un concierto de música country; murieron 58 personas y más de 500 resultaron heridas. El autor de la masacre, Stephen Paddock, quien se suicidó después del ataque, había llevado un poderoso arsenal a la habitación del hotel.

La historia se repite y el 31 de octubre un hombre de 29 años lanzó su camión contra las personas que circulaban por un carril de bicicletas en Manhattan, Nueva York; el resultado fue de 8 muertos y 11 heridos. Esta vez el autor de la masacre fue Sayfullo Saipov, nacido en Uzbekistán, quien había llegado a Estados Unidos en 2010 y era residente legal. Cuando se bajó del camión gritó: “Alá es grande”; un agente de la policía le disparó en el abdomen. El presidente Donald Trump aprovechó la ocasión para justificar el control migratorio y afirmó que “Acabo de ordenar al Departamento de Seguridad Nacional que endurezca nuestro programa de vetos, ya de por sí extremo. Ser políticamente correcto está bien ¡Pero no para esto!”.

Poco después, el 5 de noviembre, se presentó otro atentado en la Primera Iglesia Bautista de Sutherland Springs, un pequeño pueblo a 50 kilómetros de la ciudad de San Antonio, en Texas. El atacante fue identificado como Devin Patrick Kelley, un hombre blanco de 26 años, quien asesinó a 26 personas y dejó varios heridos; abandonó rápidamente la iglesia, pero la policía lo encontró muerto, en su carro, en el condado de Guadalupe.

De acuerdo con la Fuerza Aérea el terrorista había prestado servicio en una base ubicada en Nuevo México, desde el año 2010, pero dos años después una corte marcial lo juzgó por agredir a su esposa y a su hijo. Las autoridades descartaron que la matanza respondiera a motivos raciales, religiosos o terroristas y atribuyeron el hecho a asuntos personales. Al respecto dijo el gobernador de Texas que “La tragedia se profundiza por el hecho de haber ocurrido en una iglesia, un lugar de adoración, donde estas personas fueron baleadas”. Mientras tanto afirmó el presidente Trump, quien se encontraba en Tokio, que “Tenemos un montón de problemas de salud mental en nuestro país, pero no es una situación imputable a las armas”.

El debate sobre el control de armas

Estas tragedias dejaron 93 muertos en cinco semanas y, de nuevo, prendieron el debate porque cada año mueren en Estados Unidos más de 33.000 personas, víctimas de las armas de fuego (22.000 de los casos son suicidios). Los demócratas se pronunciaron para aumentar las restricciones sobre el uso de armas, pero los republicanos se niegan a discutir el asunto. Recordemos que el presidente Trump hizo campaña política apoyado por la Asociación Nacional del Rifle (ANR).

Hay que considerar varios aspectos. Estados Unidos es una poderosa nación que vive bajo muchas presiones y amenazas y los ciudadanos sufren del miedo cotidiano, por el terrorismo interno y externo, por la violencia doméstica y por los ataques de los llamados lobos solitarios. Este ambiente lo aprovecha la poderosa ANR, organización que afirma: “La mejor forma de detener a una persona mala, armada, es con una persona buena, bien armada”. Y aquí entra a jugar la Segunda Enmienda de la Constitución, redactada en 1791, que estimula la libre compra de armas: “El derecho del pueblo a poseer y portar armas no será restringido”. Esto beneficia a los monopolios que producen armas y que son un omnipotente grupo de presión con poder económico y político; y se entiende, también, por qué la ANR cuenta con más de cinco millones de afiliados que defienden el libre acceso a las armas. Las cifras son muy claras: el 40% de los hogares están armados; el país tiene 325 millones de habitantes, pero hay 310 millones de armas en poder de los ciudadanos.

Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 los mayores responsables de actos terroristas en Estados Unidos son estadounidenses; los inmigrantes cometen menos crímenes que los locales, y el presidente Trump afirma que el problema no es la posesión de armas sino la salud mental de las personas; entonces cabe la pregunta ¿Qué está pasando en una sociedad donde con tanta frecuencia surgen asesinos en serie? El líder republicano Mitch Mc Connell afirmó sobre el atentado de Las Vegas que “Es particularmente inapropiado politizar un episodio de estas características” e insistió en que “es absolutamente prematuro estar discutiendo sobre soluciones legislativas”.

Es claro que a los líderes republicanos no les interesa discutir soluciones políticas para el flagelo de la violencia armada en el país; después de cada tragedia los republicanos bloquean cualquier intento dirigido a controlar el uso de armas ¿Cuál es la razón? Según el diario Los Ángeles Times, en 2016 la ANR donó 52,6 millones de dólares a campañas electorales y Mc Connell, quien controla las mayorías republicanas del Senado, recibió 1,3 millones. Po todo esto se afirma que el Partido Republicano se convierte en cómplice político de estos asesinatos.