Se sacude Cataluña

albeiro valencia

El nacionalismo catalán hunde sus raíces en la historia. Fue una región independiente pero se sometió a Castilla a principios del silgo XVIII. La República Española (1931-1939) le reconoció su carácter nacional pero el régimen franquista persiguió la cultura catalana, generalizando el uso del castellano.

Cuando se desató la crisis económica de 2008 el pueblo sintió el costo de la recuperación, aumentó la pobreza y creció el descontento. En este ambiente se disparó el sentimiento independentista. Es que Cataluña es la comunidad económica más rica de España, aporta cerca del 19% del PIB y tiene uno de los ingresos per cápita más altos del país. Como consecuencia, y frente a una década de crisis, corrupción y miseria, el gobierno catalán aseguró que todos los males venían de Madrid y se multiplicó por cinco el deseo separatista.

Se sienten orgullosos por la fortaleza económica, que viene del siglo XIX. La Revolución Industrial de Cataluña se produjo entre 1840 y 1890 gracias a la integración con el resto de España, donde encontró mercado para sus productos y por el desarrollo de las vías de comunicación modernas, especialmente por la red ferroviaria. En esta época surgió el catalanismo como movimiento político y se preocuparon por el rescate de la lengua catalana para defender la cultura; sobre esta base se fortaleció el federalismo y, cuando se proclamó la Primera República Española, un sector de la clase dirigente impulsó la creación del Estado Catalán, mientras que los moderados preferían un federalismo impulsado desde el gobierno central.

A principios del siglo  XX el catalán se convirtió en la lengua dominante lo que produjo la apropiación de la historia, de las tradiciones y de la cultura. Cuando llegó la Segunda República Española se restauró la Generalitat de Cataluña; el 14 de abril de 1931 Francesc Macià proclamó la República Catalana. Luego, con la Constitución Republicana, se aprobó el Estatuto de Autonomía de Cataluña en 1932. Como consecuencia se instauraron el gobierno y el Parlamento. Pasó el tiempo, fueron derrotados los ejércitos republicanos y con la dictadura del general Francisco Franco se puso fin a la autonomía catalana.

Así empezó una dura etapa para Cataluña y para el pueblo de España: se anularon las libertades democráticas, se persiguieron los partidos políticos y se clausuró la prensa. El catalán fue excluido de la esfera pública y administrativa y el castellano pasó a ser la única lengua. En esa época cuando alguien hablaba en catalán las autoridades y los funcionarios españoles decían, “hábleme en cristiano”; como era de esperarse, el español superó al catalán como lengua materna. Esta situación se agravó por las migraciones de diferentes puntos de España que se concentraron, especialmente, en el área metropolitana de Barcelona; este fenómeno se aceleró desde 1960.

Pero las oleadas migratorias contribuyeron a impulsar la economía en Cataluña; se modernizó la agricultura, creció la industria y se disparó el turismo; también se desarrolló un fuerte movimiento antifranquista. Con la muerte del dictador, en 1975, comienza otra historia; se inició el período de la transición democrática porque la Constitución española, de 1978, reconoció la existencia de comunidades autónomas. En 1977 se instauró la Generalitat y dos años después se aprobó el Estatuto de Autonomía de Cataluña; también llegó la Ley de Normalización Lingüística para fomentar el aprendizaje y uso del catalán.

El drama de hoy

En los últimos años, especialmente desde la crisis de 2008, creció el malestar social y los deseos de independencia, pero el gobierno de Mariano Rajoy dejó pasar la oportunidad de negociar con los líderes de Cataluña y el problema creció y se desbordó. Desde el 6 de septiembre los independentistas catalanes convocaron el referendo para decidir si Cataluña se podía separar, a pesar de la prohibición del Tribunal Constitucional español. Cuando el gobierno catalán anunció las votaciones Rajoy declaró que los resultados no serían vinculantes; para ello se apoyó en un artículo de la Carta Magna que dictamina que toda España debe decidir si una región puede independizarse.

Pero los jóvenes querían votar para saber cuánta agente desea la independencia. Sin embargo Rajoy no entendió la dimensión de la crisis y días antes del referendo ordenó decomisar las papeletas y las urnas de votación; las autoridades allanaron las oficinas del gobierno de Barcelona, y arrestaron a varias personas. En este punto se multiplicaron las protestas y se tomaron las calles cerca de 40 mil personas. El referendo del 1 de octubre fue duramente reprimido y dejó más de 900 heridos. Los catalanes salieron en manifestación para rechazar la represión oficial y exigir un trato digno. Tanto independentistas como unionistas enviaron un claro mensaje: “no a la violencia, sí a la democracia”. La mayoría llevaba la bandera de Cataluña pero también ondeaban unas cuantas de España; criticaron a Rajoy por utilizar herramientas legales y no políticas para confrontar a los separatistas.

¿Y ahora qué sigue?

Si Cataluña se independiza y sale de España se produce una tremenda crisis en la Unión Europea. España es la cuarta economía de la Eurozona y el “Catalexit” produciría más daño que el “brexit”. A Cataluña tampoco le iría bien, se hundiría en la incertidumbre económica y se desestabilizaría toda la región. Aunque tiene un PIB del 19% es demasiado costoso transformarse en un nuevo Estado: hay que asumir las pensiones de los jubilados, los sueldos de los funcionarios y de los militares, el servicio de la deuda pública y las inversiones en infraestructura. Cataluña quedaría por fuera de la Unión Europea y esto afecta el mercado interno, la banca, la inversión extranjera y las exportaciones; por todos estos aspectos los jóvenes le dicen al presidente Carles Puigdemont, y al gobierno catalán, que lo piensen dos veces antes de abandonar España.

Es innegable que Cataluña siempre ha buscado su autonomía e independencia pero lo que sucede hoy es culpa de las dos partes. Mariano Rajoy se propuso castigar a Cataluña por desobediente y de paso “enviar un mensaje de autoridad centralista al resto de España”; al mismo tiempo el Rey acusó a los dirigentes catalanes de situarse “al margen del derecho y de la democracia”. El Generalitat también tiene responsabilidad por insistir en la vía electoral por encima de la Constitución y porque contribuyó a profundizar la crisis. La solución es el diálogo y la negociación.