FONTUR 2016
Poemario de Astrid Arboleda

Por JOSE MIGUEL ALZATE

jose miguel alzateEn una pestaña del libro “Neblina y fuego”, editado por Rompesilencios ediciones,  se dice que Astrid Arboleda Fernández, su autora, ha publicado sus versos en las antologías de los encuentros de mujeres poetas de Roldanillo, Lecturas urgentes de poesía de Medellín, El parque de los poetas de Cali y en la revista Cantarrana que edita en Cartago Fernando López Rodríguez. A los sesenta y tres años de edad, esta mujer de sensibilidad exquisita, abogada de profesión, publica su primer libro de poemas. ¿Llegó tarde a la poesía? ¡No! Desde sus tiempos de estudiante de derecho sentía latir en su alma la necesidad de expresar en versos sus alegrías y sus tristezas. Pero sólo se decidió a publicar cuando logró jubilarse como magistrada de Tribunal Superior.

Pues bien: remisa a publicar sus poemas de juventud, esos donde le cantaba al amor dejando que las palabras brotaran de su alma como torrente de agua fresca, Astrid Arboleda Fernández entendió que era hora de recoger en un libro los versos que había escrito en su edad madura. Y con una mirada crítica empieza a seleccionar aquellos poemas que, en su concepto, merecen el honor de la publicación. Tropieza entonces con sus exigencias estéticas. Y como sabe que no todo lo que se escribe merece recogerse en libro, piensa que es necesario depurar lo hasta ahora escrito. En “Neblina y fuego”, su primer poemario, se nota ese decantamiento de su estro, esa filigrana para construir el poema, esa tarea de seleccionar lo que en su concepto merece publicarse.

¿Qué hay de novedoso en un poemario como “Neblina y fuego”? Yo diría que los temas. Astrid Arboleda Fernández trabaja en su libro una poética donde las cosas elementales motivan versos bien estructurados. Lo vemos en la forma como le canta al silencio, a la noche, a la lluvia, a la ausencia, a una puerta de madera, a una fría mañana, a lo que quiere ser. No se excede en el uso del adjetivo, el lenguaje es conciso, las metáforas tienen sentido de creación literaria. A Astrid Arboleda Fernández no le sobran las palabras cuando le da vida al poema. El suyo es un lenguaje sin artificios retóricos, preciso, que dice lo que quiere. Veamos, como ejemplo, el poema “Enredadera”, donde recurre al haiku para expresar su sorpresa. “Una abeja curiosa entra a la enredadera. Nace el poema”.

Hay quienes sostienen que la poesía actual, donde predomina el verso libre, no se rinde culto a la métrica, se desprecia la rima y no existe preocupación por la asonancia, es una poesía conversacional, que sólo busca expresar una visión sobre el mundo que rodea al poeta, describiendo las cosas en un lenguaje sencillo, sin mucha elaboración literaria. Pero, la verdad sea dicha, en esos versos que brotan sin medida, sujetos al capricho del autor, a veces uno encuentra destellos de belleza. En el poema “Olor a casas”, por ejemplo, fluye una voz que sin recurrir a un vocabulario rebuscado canta la esencia de esas casas “de sordas paredes que acallan voces de niños en el hambre”. En este poema Astrid Arboleda enseña con un lenguaje fresco lo que es el interior de una casa.

Los poemas que se recogen en el libro “Neblina y fuego”, de Astrid Arboleda Fernández, tienen todos unidad temática. Las cosas que inspiran a la autora son esas que tenemos frente a los ojos como presencia diaria en nuestra existencia. Nada distinto puede afirmarse cuando vemos cómo en este poemario es una constante la exaltación de esas partes del cuerpo que nos dan identidad humana: las manos, los dedos, los ojos y los pies. En este sentido, es bueno resaltar que la vida tiene forma en esos poemas que cantan a la lluvia, a la noche, al silencio, a la música y a la palabra. Por esta razón dice que la poesía nació al octavo día, después de que la armonía, el asombro, la ausencia y el viento aparecieron para hacer parte del poema.

En la poesía de Astrid Arboleda Fernández no hay angustia existencial, ni desolación interior, ni alaridos de dolor, ni elucubraciones filosóficas. La suya es una poesía alegre, que le canta a lo que la rodea, que expresa admiración por lo que sus ojos contemplan, que exalta a los seres queridos. En el poema “Quiero ser” enseña su enamoramiento al decir que quiere ser la oración en los labios del amado, el espejo en que se mira, la cortina de su ventana, el gabán con que se abriga o su taza de café en la mañana. Para cantar al amor dice con alegría en el corazón: “La magia de tus manos enredadas en las mías”, o “Sólo necesito el latido del viento para escuchar el jolgorio de mi corazón cuando a mi te acercas”. Astrid Arboleda ha escrito un libro donde se manifiesta su sensibilidad poética.