FONTUR 2016
¡Los locos se adueñaron del manicomio…¡

El Mundo ante la Amenaza Nuclear

 Coronel  RA  Héctor Álvarez Mendoza

En momentos en que el mundo tiembla ante las actitudes beligerantes y soberbias de poderosos líderes mundiales que se amenazan mutuamente con la destrucción total,  a cuyo juicio y poder de decisión están confiados los arsenales nucleares y termonucleares más peligrosos y destructivos que el mundo ha conocido, en la madrugada del viernes 6 de octubre se anunció la concesión del Premio Nobel de Paz 2017 a la organización “Campaña Internatconal para la Abolición de las Armas Nucleares”, ICAN, por sus siglas en inglés, entidad basada en Ginebra, Suiza, que lidera una nueva campaña internacional en pro de la abolición de las armas nucleares. Ya en 1985 el mismo galardón había sido otorgado a la “Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear” IPPNW, por sus siglas en inglés, fundada y presidida por los cardiólogos Bernard Lown, estadounidense y Evgeni Chazov, de origen ruso.

Su filial en Colombia, “Médicos Colombianos para la Prevención de la Guerra Nuclear”, liderada entonces por los distinguidos médicos y respetados académicos, infortunadamente ya fallecidos, doctores Alberto Cárdenas Escobar y Fernando Serpa Flórez, organizó un Simposio Nacional sobre el tema el 25 de octubre de 1986 en el Club Médico de Bogotá, bajo los auspicios de la Academia Nacional de Medicina, que contó con la participación activa de los fundadores recien galardonados con el Nobel y otros distinguidos conferencistas, evento al cual tuve el honor de ser invitado como expositor para tratar el tema de la estrategia militar de la guerra nuclear, donde tuve ocasión de describir muy suscintamente las características de los arsenales nucleares entonces vigentes y la secuencia de los eventos necesarios para la iniciación de un hipotético conflicto con tales armas de destrucción masiva.

Antes de entrar en materia, debo aclarar que las descripciones simplificadas de la estructura y funcionamiento de las armas termonucleares o de “fusión”, que se incluyen a continuación, lo son desde un punto de vista profano y sin pretensión de dominio científico alguno, que obviamente no poseo, pues confieso que mi aptitud matemática se ve a gatas allende la tabla del 7. Se trata solamente de información marginal sobre principios de física teórica disponible en fuentes públicas de información, al alcance de cualquier curioso sobre el tema. En ocasión anterior en este mismo medio nos referimos al “Proyecto Manhattan”, donde se describió el proceso de diseño y fabricación de las primeras armas nucleares o de “fisión” lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, que destruyeron casi por completo esas ciudades y produjeron cerca de un cuarto de millón de víctimas fatales y heridos que morirían como consecuencia de tales ataques, que condujeron a la rendición del Japón y al fin de la segunda guerra mundial.

El “éxito” estadounidense desató una frenética carrera hacia la emulación por la Unión Soviética, que con la ayuda de espías atómicos como Klaus Fuchs, David Greenglass y los esposos Julius y Ethel Rosemberg, pronto dispuso de su propia bomba atómica, carrera que continuó progresando hacia armas más complejas y con mayor poder de destrucción. Esto condujo al desarrollo del concepto de “fusión” de núclidos ligeros del hidrógeno como deuterio, litio y tritio al cual llegaron norteamericanos y soviéticos casi simultáneamente y por caminos independientes, con la “configuración Teller–Ulam–Sajarov,” llamada así en honor de los físicos Edward Teller, norteamericano de origen húngaro, el polaco–estadounidense Stanislaw Marcin Ulam y el soviético Andrei Sajarov, cada uno de ellos considerado a si mismo como “padre” de la bomba de hidrógeno.

Recordemos que la potencia explosiva de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki fue de “modestos” 13 y 20 kilotones o sea el  equivalente a 13.000 y 20.000 toneladas de TNT (Tri–Nitro–Tolueno), respectivamente. El TNT es un explosivo convencional, utilizado como unidad de medida para juzgar por comparación el poder de las armas nucleares. Es el resultado de la nitrificación del tolueno que, en el proceso, forma una sustancia llamada “tolita”, explosivo altamente inestable. La potencia de las bombas de hidrógeno se mide en megatones o sea en millones de toneladas de TNT. Si un megatón equivale a un millón de toneladas de ese poderoso explosivo, resulta inimaginable calcular los daños derivados de una explosión de una bomba de 9 megatones, la más grande existente en el arsenal norteamericano o de 57 megatones como la llamada “Bomba del Zar”, de los rusos, mencionada en comentario anterior. En la bomba “H”, la reacción se logra a partir de la fusión de núclidos ligeros del hidrógeno como litio, tritio y deuterio a temperaturas superiores a los cien (100) millones de grados C. La denominación “termonuclear” hace referencia precisamente a las altísimas temperaturas necesarias para su igniciòn.

Grosso modo, la bomba “H” se forma de dos partes principales, una “primaria alta” compuesta por una pequeña bomba atómica o de fisión, como detonador, y una “secundaria baja” con material combustible de fusión, en este caso “deuterio de litio 6”, envuelto en un núcleo de plutonio y cubierta de uranio 238, suspendidos en espuma de poliestireno de alta densidad. El explosivo convencional detona en la “primaria alta”, comprime el plutonio en estado subcrítico que se torna supercrítico e inicia una reacción de fisión que emite rayos X reflejados por la cubierta reflectiva interna que irradian la espuma de poliestireno con enormes temperaturas y presiones y lo convierten en plasma, que a su vez comprime y calienta el plutonio de la “secundaria baja” e inicia una nueva fisión. Esta comprime y calienta el deuterio de litio 6 de la parte “baja o secundaria” y se inicia la reacción de fusión que libera enormes cantidades de energía. Este proceso, llamado “implosión por radiación”, ocurre en 600 millonésimas de segundo.

Efectos Físicos de las Armas Termonucleares. 

Los efectos de las armas termonucleares son devastadores en todos los sentidos concebibles. Por algo se habla de “armas del fin del mundo”. Los cálculos, muy precisos por cierto, de los efectos son el resultado de pruebas científicas y experimentación por los laboratorios más sofisticados del mundo. Tales efectos se clasifican en inmediatos y a largo plazo. Partiendo de este enfoque, los efectos inmediatos son: “Onda de Choque”, “Radiación Nuclear Directa”, “Radiación Térmica”, “Radiación Nuclear Residual” y “Pulso Electromagnético” (PEM). 

Onda de choque

El efecto de la onda de choque se deriva del violento desplazamiento radial de una masa de aire que avanza a partir del “punto cero”, arrasando a su paso edificios, árboles, vehículos y personas que se encuentren a su paso. Dentro de un radio de 1.5 kilómetros de la explosión de una bomba de 1 megatón, todas las edificaciones, aun las de hormigón armado, serán arrasadas y el índice de mortalidad alcanzará el 98.4 %. Dentro de este radio, se generarán sobre presiones de 1.4 kg/cm2 y vientos con velocidades desde 725 km/h hasta  dimensiones supersónicas.

En un segundo anillo de 4.8 km de radio el viento alcanza los 464 km/h capaz de derrumbar edificios de concreto, fábricas, grandes estructuras y construcciones de ladrillo.  La mortalidad será del 74% de la población con el 20% gravemente heridos y solamente un 6% de ilesos. En el tercer anillo de 7 km de radio, el viento alcanza 256 km/h arrasando viviendas comunes y causando graves daños a los edificios más sólidos. El 50% de las personas mueren, el 40%  sufren heridas graves y solo el 10% resultan ilesos.  Por comparación, conviene señalar que en la escala Saffir–Simpson de medición de huracanes naturales, la categoría 5, la máxima conocida, tiene vientos de hasta 249 km/h, que produce consecuencias calificadas como “catastróficas”. A los 19 kmts del epicentro el viento puede quebrar ventanales, lanzando vidrios como armas cortantes a gran velocidad. Los muertos serán el 2.5%, los heridos 35% y los ilesos el 62.5%. La onda de choque propagará los incendios causados por la radiación térmica. La destrucción causada por los recientes huracanes en las islas del Caribe y el sur de la Florida, permiten darnos una idea de lo que puede ocurrir con vientos muy superiores a los máximos considerados en la escala citada.

Radiación Nuclear Directa

Los efectos de la radiación sobre el organismo humano son de corto y largo plazo. Los componentes principales son los rayos gamma y los neutrones que recibidos por un ser humano en proporciones superiores a 600 rems (El REM es la medida del daño biológico), producirán la muerte dentro de la primera semana por graves alteraciones del organismo. Los efectos a largo plazo son agravados por las quemaduras de la radiación térmica y los traumatismos de la onda de choque y se manifiestan con sintomatología específica de trastornos digestivos, (náusea, vómito, diarrea), alteraciones nerviosas (insomnio, migraña), debilidad (pérdida de cabello, debilitamiento general), hemorragias intestinales, nasales, genitales y subcutáneas, además de trastornos hemáticos (leucocitopenia y erytrocitopenia), trastornos genitales como aspermia y desarreglos menstruales. En Hiroshima y Nagasaki aparecieron cicatrices “queloides” varios meses después del bombardeo, que al ser operadas, regeneraban sobre las cicatrices propias de la cirugía, fenómeno hasta hoy  inexplicado.

Radiación Térmica 

La radiación térmica se origina en la enorme bola de fuego que se produce con temperaturas de 300.000 grados C. El 99% de la radiación térmica de Hiroshima causó efectos entre 1/100 de segundo y 3 segundos  después de la detonación. La emisión de rayos ultravioleta causó incendios, quemaduras y pérdida de la visión por destello hasta los 3.5 kmts del epicentro. En el caso de una bomba de un megatón, 50 veces más poderosa, el destello puede causar ceguera por quemadura de retina hasta 21 kilómetros en un día brillante y 85 kilómetros en una noche clara. El pulso térmico volatiliza a toda persona que se encuentre dentro de un círculo de 5 kilómetros de radio. Causa quemaduras de tercer grado, con destrucción de tejidos hasta los 8 kilómetros de la explosión; de segundo grado, con ampollas que pueden infectarse si no se tratan, a los 10  kilómetros y de primer grado, similares a las quemaduras de sol severas  a los 11 kilómetros del punto cero. Además, se originan incendios que pueden ser “tormentas de fuego” con violentos vientos convergentes que generan temperaturas muy elevadas pero evitan la propagación del incendio y “conflagraciones”, en las cuales el fuego se propaga a lo largo de un frente. La temperatura en la superficie de la calle alcanza los 800 grados C dentro de un radio de 5 kilómetros, por lo cual cualquier refugio atómico, por profundo que se encuentre, se convertiría en un horno crematorio por la combustión acelerada del oxígeno.

Radiación Nuclear Residual  o “lluvia radioactiva” 

Al producirse una explosión termonuclear sobre la superficie de  la tierra, se levanta gran cantidad de polvo, cenizas y detritus que se elevan a diversas alturas y son arrastradas por el viento a diferentes distancias. Estos desperdicios, altamente radioactivos, van precipitándose lentamente por gravedad o por acción de la lluvia contaminando severamente las zonas sobre las cuales se depositen.  El tamaño del área de dispersión depende de las condiciones climáticas imperantes.

Pulso Electromagnético (PEM) 

El pulso electromagnético (PEM) es una onda eléctrica propagada por la explosión de una bomba “H”, que, como gigantesco magnetrón puede interrumpir los sistemas de conducción de energía eléctrica y ondas de radio a centenares de kilómetros a la redonda. La detonación aérea de una bomba de 15 megatones, causa perturbaciones en un área de 1.600 kilómetros de radio. No se ha establecido que el PEM tenga efectos nocivos sobre las personas, pero es claro que puede alterar todo sistema alimentado por energía eléctrica como computadores, comunicaciones, medios de transporte, hospitales y servicios públicos, para mencionar los más obvios.

La información sobre efectos a largo plazo como el “invierno nuclear”, los riesgos de extinción total de la civilización, la precaria supervivencia y el regreso a la edad de las cavernas, así como la hipótesis de una guerra nuclear total, tipos y sistemas de armas en los arsenales de los potenciales contendientes y sus consecuencias globales, será tema de próximos comentarios. Ante la perspectiva actual de muerte y destrucción, qué pasará por las mentes del presidente Trump y del “Supremo Líder” norcoreano? ¡Dios les otorgue cordura y si no, que nos agarre confesados…! Por último, cuando le preguntaron a Albert Einstein qué armas se utilizarían en la tercera guerra mundial, respondió:

–“Lo ignoro, pero de lo que sí estoy seguro es que la cuarta guerra mundial se peleará  ¡…con palos y con piedras…!