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Los inocentes

26 de octubre de 2017
Por Octavio Quintero
Por Octavio Quintero
26 de octubre de 2017
Octavio Quintero
El presidente Santos y el excandidato presidencial Óscar Iván Zuluaga van a salir ‘inmaculados’ de la investigación que cursa en el Consejo Nacional Electoral (CNE) sobre ingresos de dineros de Odebrecht a sus campañas políticas.

De hecho, ya la investigación del excandidato Zuluaga fue archivada por falta de pruebas. No fue suficiente para el CNE que los dos más altos ejecutivos en Colombia de la multinacional corruptora, Eleuberto Martorelli y Luis Antonio Mameri, reconocieran que destinaron dineros a las campañas presidenciales en el 2014.

Ingenuos lo que crean que el Consejo Nacional Electoral (CNE) no sirve para nada. Tras la absolución de Zuluaga vendrá la de Santos. “Blanco es frito se come”; es el preludio del archivo también del expediente que compromete en el mismo proceso de corrupción política, la campaña del presidente Santos, tanto en su primera elección en el 2010 como en la primera y segunda vuelta del 2014.

Y sea del caso precisar, antes de seguir, que el proceso se archiva, no porque se haya probado la inocencia del inculpado, sino porque los investigadores nunca mostraron interés en profundizar las investigaciones.

Primero: fue la Fiscalía que en presencia de las contundentes pruebas, recogidas y reconocidas por el mismo ente acusador, en vez de seguir adelante como era su responsabilidad, las envió al CNE electoral diciendo que era de su competencia, es decir, se desmontó por las orejas del asunto…

Segundo: si otro hubiera sido el gobierno colombiano, estaba en la obligación de reclamar del gobierno brasileño las pruebas que allá tienen sobre los dineros repartidos a lo largo y ancho de Latinoamérica por Odebrecht, sobornando políticos, funcionarios públicos y jueces para sacar ventajas en sus licitaciones sobre obras de infraestructura… Pero no: cómo iba el gobierno colombiano a darse con esa piedra en los dientes.

Tercero: desde que recibió el caso de manos de la Fiscalía, el CNE dijo que no tenía ni la estructura administrativa ni los recursos requeridos para sacar adelante semejante investigación. Eso que es cierto, no es la razón principal de su cantada absolución: el Consejo Electoral es un órgano de 9 miembros elegidos por el Congreso y su composición se da proporcionalmente al mayor número de parlamentarios que tengan los partidos políticos que los postulan. ¿Cómo va a juzgar el CNE a sus propios nominadores y jueces?

Y claro, ahora veremos al excandidato del Centro Democrático exhibiéndose como una víctima de prejuzgamiento judicial, y dirá que al archivar la investigación, su campaña fue honorable. Tan honorable como los senadores Bernardo ‘el Ñoño’ Diaz y Musa Busaile, ‘honorables’ hasta el infausto día en que al entonces fiscal anticorrupción le dio por ir a Estados Unidos a cobrarle a uno de sus clientes los servicios prestados. Si no hubiera sido por ese desliz con la DEA, los senadores, brazos electorales del presidente Santos, seguirían pavoneándose de ‘honorables’, avalados, como hemos venido a saber, por el Cartel de la Toga.

Es que en este mundo de la justicia colombiana, nos han logrado trastrocar la impunidad en inocencia y los procesos no se ganan o se pierden en los estrados judiciales sino en los venales despachos de los jueces y los magistrados.

A los que todavía creen que Uribe y Santos son ‘enemigos’ ahí les dejamos el caso Zuluaga en el CNE como fruto de un pacto de impunidad que sigue validando el dicho que entre bomberos no se pisan las mangueras.

Y si el expresidente Uribe mañana dice que hay que votar por Zuluaga, la gente saldrá a votar por Zuluaga. Y la campaña del próximo Presidente de los colombianos incurrirá en los mismos vicios porque, otra de las particularidades de Colombia, es que aquí todo pasa sin que pase nada.

Fin de folio.- Estamos esperando a que se revele también el cartel de los procuradores regionales donde ‘duermen’ las denuncias de corrupción contra gobernadores y alcaldes. En esos despachos sí que debe correr plata a montones por debajo de la mesa.