El Che, la revolución cubana y Bolivia

el papa francisco

El 25 de noviembre de 1956 un grupo de 82 guerrilleros del movimiento 26 de Julio salió de México rumbo a Cuba en el yate Granma, bajo la dirección del joven Fidel Castro y con la participación de su hermano Raúl, Camilo Cienfuegos, Juan Almeida y el Che Guevara. La experiencia fue difícil por las emboscadas y combates, pero llegaron a la Sierra Maestra y pudieron desatar la ofensiva contra el dictador Fulgencio Batista; el ejército revolucionario triunfó el 1 de enero de 1959. Se inició la Revolución Cubana.

Pero el 4 de marzo de 1960 explotó el carguero francés La Coubre, que transportaba 76 toneladas de armas y municiones belgas, traídas desde el puerto de Amberes, para aprovisionar a las Fuerzas Armadas de Cuba. Cuando el Che, después de escuchar la explosión, vio la nube de polvo y de humo, se dirigió al puerto para prestar atención médica a los trabajadores y soldados heridos. Media hora después hubo otra explosión; los atentados terroristas dejaron un saldo de unos 100 muertos y más de 200 heridos. Se sabe que el sabotaje fue realizado por la CIA, para evitar que otros países prestaran ayuda a la naciente revolución.

Los cambios políticos y económicos que se sucedían en esta isla, a 90 millas de Estados Unidos, inquietaban a sus organismos de inteligencia y al presidente John Kennedy. En este caldeado clima el gobierno dio el visto bueno al plan de invasión a Cuba, por un ejército de mercenarios entrenados y armados por la CIA. El 15 de abril de 1961 ocho aviones B-26, con bandera cubana en el fuselaje, bombardearon tres aeropuertos militares y destruyeron cinco aviones. Después, el 17 de abril, desembarcó en Playa Girón (Bahía de Cochinos), un ejército conformado por exiliados cubanos que llegaron escoltados por dos buques. La operación fue una vergüenza para Kennedy, pues el ejército de mercenarios tuvo más de 100 bajas y 1.189 prisioneros. En este difícil momento, cuando la isla estaba bloqueada económicamente, Fidel Castro se proclamó marxista leninista.

Esta etapa la vivió el Che Guevara con mucha pasión y compromiso: enfrentó el ejército de mercenarios, llegó a la dirección del Ministerio de Industria, fue presidente del Banco Nacional e impulsó la nacionalización de empresas. También le tocó sufrir la llamada “Operación Mangosta” que se desató a finales de 1961, cuando la CIA organizó actos de sabotaje, de terrorismo y asesinatos selectivos de los líderes cubanos, para desestabilizar el gobierno. Luego debió enfrentar, desde enero de 1962, la difícil reunión de los países latinoamericanos en Punta del Este (Uruguay) cuando se aprobó la expulsión de Cuba de la Organización de Estados Americanos.

El revolucionario internacionalista

Pensaba que era necesaria la generalización de la lucha armada en Asia, África y América Latina, para derrocar al imperialismo norteamericano: “Crear dos, tres… muchos Vietnam, es la consigna”. Siguiendo esta orientación envió una carta a su amigo Fidel Castro, a principios de 1965, donde le anotó: “…Siento que he cumplido la parte de mi deber que me ataba a la Revolución Cubana en su territorio y me despido de ti, de los compañeros, de tu pueblo que ya es mío… Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos…”.

Y empezó otra etapa en la vida de Ernesto “Che” Guevara. El 19 de abril llegó a Tanzania y desde allí se organizó el apoyo cubano a los rebeldes congoleños. La experiencia no fue buena y la reconoció como “La historia de un fracaso”. Luego partió para Praga donde permaneció algún tiempo y después salió para Bolivia.

En Bolivia

Escogió a Latinoamérica por su situación especial: había fracasado la Alianza para el Progreso, impulsada por Kennedy; en varios países eran frecuentes los golpes de Estado, las dictaduras militares y el vacío de poder; estaban condenados a producir materias primas y a importar artículos manufacturados, en un intercambio no equivalente que los hacía más miserables y dependientes. El Che se instaló en Bolivia, país gobernado por una dictadura dirigida por el general René Barrientos, quien había derrocado al presidente Víctor Paz Estenssoro, de tendencia nacionalista popular. El grupo guerrillero se ubicó en una zona montañosa al sudeste del país y estaba conformado por 47 personas entre cubanos, bolivianos, peruanos y argentinos, que tomaron el nombre de Ejército de Liberación Nacional de Bolivia.

Toda esta historia está narrada en el Diario del Che en Bolivia, que se inició el 7 de noviembre de 1966 y finalizó el 7 de octubre de 1967, vísperas del combate de la quebrada del Yuro. El día 8 de octubre fueron sorprendidos en este sitio. El Che dividió el grupo en dos: envió a los enfermos adelante y se quedó con el resto de la guerrilla para enfrentar las tropas del gobierno. El combate duró tres horas, el Che resultó herido en una pierna y murieron tres guerrilleros. Desde este paraje el destacamento militar se trasladó a la población de La Higuera para esperar órdenes superiores. El 9 de octubre por la mañana el alto gobierno anunció que el Che había muerto en combate. Este día llegaron varios oficiales y el agente de la CIA Félix Rodríguez. Por la tarde el presidente Barrientos dio la orden de ejecutar al comandante guerrillero y a sus compañeros. Siete cadáveres fueron enterrados en fosas sin identificar.

En 1995 viajó a Bolivia el doctor Jorge González Pérez, director de Medicina Legal de Cuba y se inició el proceso de búsqueda de los restos. Entre diciembre de este año y marzo de 1996 encontraron cuatro cadáveres y el 28 de junio de 1997, exhumaron los restos de siete guerrilleros y se afirmó que habían hallado los del Che. Finalmente, el 12 de julio de 1997 los despojos mortales de los guerrilleros fueron transportados a Cuba y sepultados en el Memorial de Ernesto Guevara.

En este momento cobró vida la famosa foto tomada por Alberto Díaz (Korda) en marzo de 1960; en ella aparece el Che con su chaqueta verde oliva, con su boina negra y la estrella dorada. Pero la fotografía permaneció inédita hasta el mes de octubre de 1967. El editor italiano Giangiacomo Feltrinelli la rescató del estudio de Korda y la imprimió en un cartel de un metro por 0,70; se dice que vendió un millón de ejemplares en seis meses.

Pasaron los años y hoy, 50 años después, el Che se ha convertido en un símbolo que sigue vivo, y su famosa fotografía acompaña las manifestaciones de estudiantes, trabajadores de la cultura y sindicatos, en muchos países del mundo.