CUANDO DE MIEDOS SE TRATA

La pobreza de argumentos que hoy en día circulan por los diferentes partidos políticos en Colombia ha sido reemplazada por el miedo, por el terror, convirtiéndose en una fórmula eficaz para descalificar al contrincante.

El “Castrochavismo” se ha convertido en un fantasma que aterra a muchos colombianos, toda vez que las imágenes bien seleccionadas del conflicto venezolano producen ese efecto. Y se ha vendido la idea que si los acuerdos firmados en la Habana se llegan a implementar, vendría Colombia a convertirse en una segunda Venezuela. Pero la realidad es que quienes esgrimen el Castrochavismo como arma en la confrontación política, o bien no se han tomado el trabajo de leer en su totalidad los acuerdos o bien tienen unos intereses bien marcados en mantener las mismas condiciones de desigualdad en materia de distribución de la tierra en el país.

Y nos imaginamos cómo fuera si de las otras orillas se comenzara a tomar como punto de referencia la Inquisición española y lo que significó la muerte de tantas personas acusadas de ser brujos, ateos, o en fin, simplemente por no comulgar con los principios de la Iglesia Católica. Porque basta con revisar la vida y milagros de Torquemada para generar miedo al ver personas en la hoguera y libros quemados porque no tenían el visto bueno del obispo respectivo. Nos imaginamos que se podría catalogar como una guerra sucia para la señora Vivian Morales y para el doctor Ordoñez, quienes se han caracterizado por la defensa a ultranza de unos principios religiosos que quieren imponer a todos los ciudadanos.

Pensamos también si resulta conveniente que de otra de las vertientes políticas se dieran en el trabajo de filmar un dramatizado con las madres de Soacha cuyos hijos fueron blanco de los falsos-positivos durante el gobierno del doctor Uribe o también el drama de millones de campesinos colombianos que no tienen un metro cuadrado de tierra pero en dicho gobierno se destinaron  cifras millonarias con el fin de que grandes terratenientes modernizaran sus procesos productivos.

Es hora de frenar la violencia verbal, de trabajar más con la razón que con la emoción; más con la esperanza que con el miedo y la sinrazón. Y ese ejercicio lo están haciendo muy claramente el doctor Humberto De la Calle y Sergio Fajardo, quienes se han dedicado a consolidar un programa de gobierno a futuro pero sobre la base de una reconciliación nacional que tanta falta le hace al país. Sí se puede.