Amor con amor se paga.

Por Esteban Jaramillo Osorio.

Cuanto quisiera ver un capitán como Sergio Ramos en la selección Colombia, acostumbrado a hinchar su pecho para sacar al Real Madrid de sus atascos. O Como Obdulio Varela, capaz de manchar con Uruguay la historia de Brasil en el “Maracanazo”. Como Nadal, que con fortaleza mental domina sus debilidades físicas; o como Maradona que marcó a sangre y fuego sus territorios con Argentina para ampliar sin limites su leyenda. Como Nairo Quintana, cuando lo visita la adversidad y saca fuerzas de flaquezas; o Mario Yepes, entusiasta de cuerpo y espíritu para la explosión admirada de Colombia en el anterior  mundial. En la selección no hay un líder por contagio, por predicado, con la fortaleza mental capaz que hacer el juego superior. Como esto es evidente y la unión hace la fuerza, menester es encontrar las fortalezas grupales, especialmente en la cabeza, porque el repertorio futbolístico de Colombia, cuando engrana y se dispara, nadie lo discute.

“ No se vive celebrando victorias, sino superando derrotas”.

Esta Colombia ante uno de los retos con mayor envergadura en la historia futbolera. Se ve, se huele el peligro. Es demagogia pura decir que los jugadores deben afrontar con sentimiento patriótico el partido, o que las ayudas divinas nos van a allanar el camino al mundial; que influyentes son las supersticiones frente al talento de los jugadores, o las estadísticas  marcan la pauta con sus predicciones subjetivas. Los modernos “padres de la patria”, valga aclarar, “patriotas de la era moderna”, están en  el congreso y las cortes con otras ambiciones.

Llegado el día de Perú, correr sin desmayo, abochornar al rival imponiendo condiciones con movilidad operativa, afrontar el duelo con osadía, proponer con compromiso, arremangarse los pantalones y embarrarse hasta el cuello, es el ideario central en un partido que se debe jugar además con inteligencia individual y colectiva. ¿Estamos nerviosos?, claro. Ellos también. Llevan 35 años sin ir a un mundial.

No es defender la plaza a Rusia. Es ir por ella sin ahorrar esfuerzo, para darle salud a las previsiones optimistas de tantos aficionados leales  que aman la selección como quieren que amén los jugadores la camiseta.