15 de diciembre de 2018

La huelga de los pilotos de Avianca

15 de octubre de 2017
Por Octavio Quintero
Por Octavio Quintero
15 de octubre de 2017

Octavio Quintero

Resumen: El pasado 20 de septiembre, 702 pilotos de la Asociación Colombiana de Aviadores Civiles (Acdac), que equivalen a la mitad de la plantilla de Avianca, comenzaron una huelga para exigir mayor seguridad en los aeropuertos colombianos, nivelación salarial y la reducción de sus horas laborales.

Todo el mundo entiende que entre una empresa que presta servicios públicos esenciales (SPE), compuesta, como toda empresa, entre patronos y trabajadores, se interponen unos consumidores que gozan de derechos fundamentales (DF) que vienen a ser, precisamente, el acceso a esos SPE.

Por eso, todas las legislaciones del mundo prohíben la suspensión de los SPE, bien sea por efectos de una huelga laboral; por deficiencias de la empresa o falta de pago de los consumidores. En cada una de estas tres categorías se desarrolla una larga jurisprudencia social que no es el fin de esta nota.

Lo que queremos es reflexionar sobre la responsabilidad que en su momento asumen los trabajadores y/o el patrón, a la hora de entrar en paro laboral una empresa de SPE.

La lógica dice que la autoridad administrativa debe empezar por establecer dichas responsabilidades: y en ese orden de ideas, expedir, dentro de los términos legales, las primeras correcciones, P.ej.: si fue que a los trabajadores les dio, de la noche a la mañana, por no trabajar más, pues, dejar en libertad al patrón de despedirlos; y si fue que al patrón le dio por desconocer los derechos de los trabajadores, pues, conminarlo a que cumpla la ley laboral en lo pertinente a su violación.

Esta lógica nunca opera en el mundo laboral real: siempre, siempre, lo que se ve de bulto, al ojo del gobierno de turno y de los medios de comunicación, que son sus áulicos, es la “irresponsabilidad” de los trabajadores que decretaron la huelga en un servicio público esencial, colocando en graves problemas a todos los usuarios que, de vuelta, creen que los únicos obligados a mantener la oferta permanente de los SPE son solo los trabajadores.

Y hasta vaya y venga que el gobierno juegue en favor del empresario: seguramente ese poderoso señor aportó una buena cantidad de plata a su elección: “Poderoso señor es don dinero”. Pero, que en la misma línea juegue la autoridad judicial, ya es para uno preocuparse porque entonces estaríamos viendo que también en las manos del poder económico está el poder judicial: ¡apague y vámonos!

No lleguemos a tanto, aunque la sospecha sea grande. Lo que pasa, y esto es vox populi, que los jueces, salvo contadas excepciones, son lo más parecido a los estudiantes perezosos que arman sus exámenes a punta de “cortar y pegar” pedazos de otros trabajos desarrollados quizás, en contextos distintos.

Léase la sentencia del magistrado del Tribunal Judicial Superior de Bogotá, Eduardo Carvajalino, sobre Avianca, y se verá que por ningún lado entra a considerar las causas de la huelga, limitándose solo a repetir –como el loro—que (…) “el transporte aéreo es un servicio público esencial, por lo cual la Asociación Colombiana de Aviadores Civiles (ACDAC) no podía iniciar el cese de actividades…”.

Es decir, según el gobierno en primera instancia; y la justicia, en definitiva, todos los trabajadores de empresas de servicios públicos esenciales son unos esclavos que tienen que trabajar, trabajar y trabajar, sin importar las condiciones que imponga el patrón porque, donde les dé por parar en señal de protesta, el patrón, amparado por la autoridad y la ley, los puede botar a la calle…

Eso precisamente es lo que está amparando la arrogancia del señor Efromovich quien, viendo de su parte al gobierno y la justicia, ‘paternalmente’, dice: “Señores pilotos, vuelvan a trabajar, la empresa no va a tomar ninguna represalia”. ¡Qué señor tan cariñoso!—

Fin de folio.- Confieso que no sé cuánto pesa el transporte aéreo en el total del sector transporte, incluyendo el marítimo y terrestre. Por simple lógica, no debe ser mucho, y si no es mucho, tampoco es esencial.