Una triada periodística del siglo XX

Contraplano

Por Orlando Cadavid Correa

Hubo en el periodismo nacional del siglo pasado una singular tripleta que se distinguía por llevar cada uno el mismo apellido, sin que tuvieran parentesco alguno.

hernando giraldo

Hernando Giraldo

Los finados protagonistas de esta pequeña historia eran tres, como los espadachines de Dumas, y se movían en sus respectivos ámbitos capitalinos como peces en el agua: el bogotano Iáder Giraldo, el antioqueño Alberto Giraldo y el caldense Hernando Giraldo.

El rolo y el paisa formaron parte de “Los gorilas”, la cuarteta de reporteros que seguía a todas partes, en tiempos del Frente Nacional, al entonces presidente Guillermo León Valencia.

El otro, el de Neira, nada tenía que ver con la cacería de primicias noticiosas. Nutría su “Columna Libre”, de El Espectador, opinando sobre el acontecer del país. Sus amigos más cercanos lo llamaban “El Calibán de los Cano”.

Don Hernando, quien se inició en el periodismo en el diario LA PATRIA, combinaba sus escritos con el cuidado de inversiones que tenía, como socio, en un restaurante llamado “El Zaguán de las aguas”, en la avenida 19 con la carrera séptima, y en “La mano que limpia”, una firma que ofrecería útiles, enseres y personal experimentado  para garantizar el aseo y mantenimiento de toda clase de oficinas teatros, auditorios, establecimientos y residencias.

Con su humor corrosivo, Iáder decía que en el restaurante en mención “valía más un ala de pollo que un ala de avión”.

Iáder Giraldo

Iáder –reportero estrella de “El Canódromo” hasta su salida por fricciones con los herederos de don Fidel–  vivió entre saltos y sobresaltos probando suerte en diversos medios en los que se paseó por el tabloide El Espacio y algunos programas de radio y televisión.

En el gobierno del presidente Alfonso López Michelsen fue llamado al servicio diplomático como cónsul en Sofía, Bulgaria, donde no hacía nada en las mañanas y en las tardes descansaba. En las noches rumiaba su soledad tomándose sus

buenas copas de Rakia, un licor similar al brandy, obtenido por destilación de frutas fermentadas, según don Google.

Dueño de un humor negro insuperable, el sin tocayo Iáder afirmaba que Darío Hoyos, “El pájaro”, era el “producto interno bruto” de “Los Gorilas”, porque no se había leido, al menos, dos de los tres mosqueteros, y con los libros que el de Neira se había dejado de leer se podía alfabetizar a Indochina.

El “loco” Alberto Giraldo. Recorte de ColArte.

“El Loco” Giraldo, eterno enamorado del dinero y de la buena vida,  compartió direcciones de noticias en las tres cadenas radiales, así: con Antonio Pardo y Gabriel Cuartas, en Todelar; con Yamid Amat, en Caracol, y con Fabio Rincón, en RCN. Antes había sido reportero político  de muchas campanillas  al servicio de Gilberto Alzate, en el Diario de Colombia,  y de Alvaro Gómez, en El Siglo. Fueron famosos sus “Tres minutos de escándalo”, en las ahora silenciadas ondas “todelarianas”.

El gran error de su vida fue haberse puesto al servicio de los hermano Rodríguez Orejela, como “relacionista” del Cartel de Cali, ejercicio que lo llevó, primero, a purgar siete años de prisión y a irse con La Parca, después. Otro Giraldo (Juan Carlos) editó para “Planeta” el libro ”Mi verdad”, en el que contó su propia versión de los hechos que lo obligaron a transitar por carretera destapada en los últimos años de  su existencia. Hasta su muerte el reportero nacido en Cisneros  culpó de estos desgraciados contrastes al expresidente Ernesto Samper.

La apostilla: En la Giraldería del periodismo  criollo quedan tres colegas felizmente pensionados: el pereirano William Giraldo, ex presidente del CPB y actual timonel de la revista virtual Corrientes; el aranzazuno  Evelio Giraldo, tambor mayor del diario digital Eje 21, y el huilense Giraldo Gaitán Osorio, quien (obsérvese bien) no lleva el Giraldo como apellido sino  como nombre de pila, por obra y gracia de su querido progenitor neivano.

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