Tinieblas de injusticias e inequidad

José Ferney Paz Quintero
Abogado Consultor
 

Fueron las expresiones del Papa Bergoglio en una de sus homilías, caracterizada por su tono amigable y conciliador en su paso por Bogotá, haciendo referencia a la situación social por la que atraviesan muchos países, pidiendo como pastor a la joven feligresía no permitir se dejen robar la esperanza ni la alegría.

Ciertamente se ha sostenido que el ser humano puede estar privado de cualquier cosa, menos de la esperanza, la que debe ser razonable y se traduzca en una fuerza motivante y no la actitud prepotente que todo lo que se hace es positivo.

Imposible desconocer, como la sociedad colombiana ve con asombro la coexistencia de diversos factores que influyen en la perturbación  del bienestar social de  quienes habitamos este territorio, que van desde la creciente inseguridad ciudadana, hasta el secuestro, la extorsión, los carteles del narcotráfico, las actividades clandestinas, la corrupción, tanto política, administrativa, como judicial, los paros armados, las protestas sociales, los bloqueos viales, configurándose un ambiente de excepcional gravedad que afecta la vida cotidiana.

Ahora bien, que debemos entender por justicia social? se ha sostenido que mientras la justicia tradicional, la ordinaria, tan cuestionada en los últimos días, por las indelicadezas y tropelías de algunos de sus miembros, es ciega, la justicia social debe quitarse esa venda para poder ver la realidad y compensar las desigualdades que en ella se producen, con ausencia total de los derechos llamados de segunda generación que corresponden a los derechos humanos sociales y económicos, a la igualdad de oportunidades, el bienestar social, la reducción de la pobreza, la distribución de la riqueza, la protección de los derechos laborales y sindicales, la vivienda digna sin criterios electorales.

No nos llamemos a engaño, si bien la paz es garantía para la pacífica convivencia, ésta debe estar acompañada de la justicia social,  ausente en las políticas gubernamentales en temas que tocan con el total descuido respecto a los desplazados y las penurias de las desdichadas víctimas del abuso del sistema financiero, o la alta tributación impulsada por el alcabalero ministro rentista Cárdenas Santamaría que viene asfixiando a la clase media colombiana, ubicándose el país como el cuarto con mayor carga tributaria del mundo, el millar de desempleados que deambulan por las calles de las principales ciudades convertidos en raponeros, mendigos o dedicados a limpiar parabrisas, vender frutas, o a las actividades circenses al pié de los semáforos, el dolor de presenciar a nuestros ancianos y humildes colombianos que mueren en las puertas de los hospitales públicos, por la caótica política de seguridad social, que solo ha servido para enriquecer a una selecta minoría afecta a los hilos del poder, la explotación de obreros y trabajadores a través de las cooperativas de trabajo como intermediarias desconociendo las jurisprudencias sobre la materia, con el único propósito de burlar el reconocimiento y pago de los beneficios de ley.

Imperioso reconocer que el marco económico del país no es el más favorable para el desarrollo de las políticas sociales, vulnerándose el principio constitucional del artículo 1 cuando alude que el Estado colombiano es un Estado social de derecho, pero pareciera que dé social solo se tiene el enunciado precitado.

Razón le asiste al sumo Pontífice cuando en una de las tantas máximas, hay una que bien puede ser aplicada al caso colombiano. “Los derechos humanos se violan no solo por el terrorismo, la represión, los asesinatos, sino también por la existencia de ciudadanos de extrema pobreza y estructuras económicas injustas que originan las grandes desigualdades”. Verdad de apuño, difícil de controvertir.

Qué debemos entender por inequidad? Este concepto se refiere a las desigualdades sociales, a la disparidad de acceso a bienes, servicios u oportunidades en el medio en que se habita, que permitan a cada ciudadano elegir, acorde a su propia ética, las características de su desarrollo individual, su autonomía, su libertad. Cuando hay equidad habrá justicia, la inequidad genera injusticia.

Un largo camino por recorrer le espera a la sociedad colombiana para despejar esas tenebrosas tinieblas de injusticias e inequidad de la que alude el papa Francisco, sino se da un viraje en la concepción de la política entendida como una manera de ejercer el poder en la búsqueda del beneficio colectivo, porque como vamos las teorías de Darwin han venido fallando: aquí aunque lo quieran minimizar ganan las elecciones los mismos, o sus allegados, los menos aptos para gobernar y para el ejercicio jurisdiccional; pueden ser los más capaces en el negocio de la corrupción, la mentira, el engaño, el abuso de autoridad, el conflicto de intereses, pero no por ello califican como sujetos habilitados para el ejercicio de la política o la delegación funcional para la actividad jurisdiccional.

Adenda: LOS CAMALEONES. La historia recuerda a Joseph Fouché, personaje que se caracterizó por su habilidad en asegurar su propia supervivencia y por alcanzar y mantenerse en el poder a toda costa, convirtiéndose en todo un camaleón.

La política colombiana, especialmente en sus departamentos también tiene a sus camaleones políticos, aquellos que cambian de ideales como si fuesen los vientos de un huracán “Los Irmas” modernos de la política, hombres y mujeres que se pasean de un partido a otro, sin pena ni vergüenza, personas cuyo único principio es el yo y el bienestar propio, olvidando al partido que los dio a conocer y que representaron, unos con seriedad, algún otro con desafueros y abuso de la voluntad popular, pero a pesar de ello se atreve a volver a solicitar el favor ciudadano, no escapando a estos procederes políticos caldenses, con ruidosos lanzamientos que publicitan el transfuguismo electoral.

Manizales, septiembre 12 de 2017