No somos tan “café con leche”

Por: Ricardo Tribín Acosta

Cuando vamos a empezar algo que consideremos importante debamos hacer o cambiar, si creemos en Dios, las posibilidades de lograrlo serán bien grandes. Si por el contrario, no creemos en El, las perspectivas aun existen, pero no son tan prometedoras como cuando creemos; sin embargo cuando creemos o nos sentimos que somos “dios”, ahí la situación si que se complica, ya que en tal caso las probabilidades serán mínimas cual más, o quizás ninguna.

¿Y cuando pasa esto último? Muy claro. Ello sucede cuando pensamos que somos los dueños del universo y la arrogancia nos rodea, ya que triunfos, que en su gran mayoría son transitorios y temporales, enceguecen nuestro entendimiento, para llevarnos a creer que nos las sabemos todas y que, por lo tanto, según nuestra equivocada percepción, tenemos derecho a todo, pues por nuestra “inteligencia (?) creemos todo ya ganado. Lo grave de estas insanas “fantasías” es que cuando nos bajamos de esas nubes por las altas y bajas que da la vida, caeremos como un coco y allí, como dice el viejo refrán, es cuando llega “el llanto y el crujir de dientes”.

Por ello el ser sencillos y mansos, así pasemos por las mejores épocas de nuestras vidas, será precisamente lo que nos generará el camino para nuestro futuro. Los amigos que en tales momentos se atesoran, serán en su buena mayoría los que dejaremos reservados para las épocas de “vacas flacas”, si es que estas llegan, ya que la gran mayoría de las personas nos acompañan cuando vamos de “éxito” en “éxito”, son solo amigas de este estado, aman a la posición, y no a quien la ocupa y, cuando no estamos mas allí, salen a volar despavoridos como los pájaros que escuchan un ruido que los espanta.