La paz estará con nosotros

Por Augusto León Restrepo 

Qué se podría agregar  a lo que ya se ha escrito y dicho en relación con la visita del Papa Francisco. Muy difícil. Muy poco. Los medios escritos, visuales y orales, agotaron el diccionario  durante los días en que estuvo Su Santidad el Papa Francisco en visita a algunas ciudades de nuestra geografía, que se paralizaron en su cotidianidad  para permitir que un altísimo número de sus moradores pudieran asistir de lejos o de cerca a los desfiles y a los ceremoniales programados para la mágica visita pontificia. La organización  en las cuatro ciudades fue milimétrica, con reloj en mano y pasó el examen sin un solo lunar. El comportamiento de la gente, espontáneo, alegre, admirativo, sin excesos ni histerias desbordadas. Creo sin temor a equivocarme, que si bien deben haberse presentado curaciones y milagros a través de la fe, se abstuvieron de exhibirlos en algarabías patéticas. Con seguridad que hubo enfermos que sanaron, ciegos que vieron, inválidos que se levantaron de sus camas y de sus sillas de ruedas, sordos que oyeron y ateos y agnósticos que creyeron, pero la Iglesia Católica guardó prudencia y elegante decoro, para exhibirlos como atributo divino del Papa. Por lo menos los milagros fueron excluidos de las estadísticas que han presentado el gobierno y los medios sobre los beneficios obtenidos a raíz de la visita papal en plata contante y sonante, en ocupación de los hoteles, en lo que se gastaron los turistas en los restaurantes, en compras de artesanías, imágenes y cachivaches. En 280.000 millones de pesos se calcularon los ingresos a la economía nacional con ocasión de la presencia de Su Santidad en Colombia. Plata es plata decimos los paisas y business-to-business dicen los gringos. El demonio entra por el bolsillo.

Lo que tenemos que exaltar una y otra vez, es la humanidad del Cardenal argentino Bergoglio, elevado a la dignidad de Papa de la Iglesia Católica y Romana y a la Jefatura del Estado Vaticano. Cerca a los ochenta y un años de edad -el Papa nació el 17 de diciembre de 1936 en el Barrio de Flores, Buenos Aires, Argentina-, su caminar, sus ademanes, sus gestos fraternos, su sonrisa sin fingimiento, su ausencia del boato usual en sus antecesores lo acerca al común de los mortales con naturalidad y carisma, carisma que definen los diccionarios como cualidad o don natural que tiene una persona para atraer a los demás por su presencia, su palabra o su personalidad. Naturalidad y carisma, son atributos del Papa actual, que a los católicos y a los religiosos los lleva con facilidad a la convicción de que es el representante de Dios en la tierra. Sus ojos brillantes cuando acarició a niños y enfermos, abrazó a víctimas de la guerra y aún a los victimarios, cuando se dirigió a los jóvenes, cuando admiró a cantantes y bailarines, son el espejo de sus sentimientos hacia el prójimo sin exclusión. En las cuatro ciudades visitadas, eso sí, se cuidaron de aproximarlo a los más pobres de los pobres, a los marginados de verdad, a los excluidos por los que tanto se preocupa y a quienes nos instó a mirarlos a los ojos. Pero desde sus tugurios y sus covachas, desde la calle, la morada de muchos, es posible que hayan sentido el calor del abrazo del Hermano Francisco.

Para nosotros los militantes por la integridad de las personas, por el respeto a sus Vidas, por la sacralidad de la Vida humana como supremo derecho y fin civilizado y cristiano, el hecho de que los ataques hayan cesado o mermado con significancia mientras Su Santidad impartía bendiciones físicas a los colombianos, nos esperanza. Hubo convivencia y respeto por la Vida. En Bogotá durante los días 6 y 7 de septiembre, no se presentó una sola muerte violenta. Y se disminuyeron las lesiones personales en un 84%, según informes oficiales. Y los observadores de estos asuntos, anotaron que en las aglomeraciones y presencia masiva de gentes, hubo mas tolerancia. Es como si nos hubieran dado un recorderis efectivo de dos de los mandatos del decálogo: No matarás, y amarás al prójimo como a ti mismo. Sin guerrilla farciana, con anuncio de cese bilateral del fuego entre el Estado y el ELN y la ruta auspiciosa de una paz estable y duradera, solicitado y reiterado anhelo del Papa Francisco, se abren auspiciosas posibilidades para el país, en las que el Papa y los jerarcas católicos colombianos tienen y tendrán indesconocibles acciones. La utilización en sus homilías de palabras como reconciliación, perdón, restauración, ayudarán a que meditemos sobre su contenido y no cejemos en el empeño de llevarlas a la práctica.

En cuanto a los efectos políticos de la visita del Hermano Francisco, pues habrá que verlos. En la conducta de los dirigentes más recalcitrantes no se operarán cambios visibles. La cizaña es casi que connatural en las pugnas políticas aquí y en Cafarnaúm. Y muchas de las prédicas del Jerarca Francisco como Jefe del Estado Vaticano, caerán en tierra yerma. Pero es posible que se merme el tonito, así la frustración y la mala disposición por el éxito de su presencia y de sus mensajes sean imposibles de esconder por parte de los eternos y fatídicos pesimistas. Pero se impondrá la claridad de sus sermones, que coincide con lo que es hoy tendencia en las convicciones de las gentes: que hay que salvar el proceso de reconciliación de los colombianos y que hay que mirar con ilusión y tesonero empeño que nuestras diferencias sobre lo terrenal, nunca más sean saldadas a través de las armas. La Paz, Hermano Francisco, más temprano que tarde, estará con nosotros. Se lo prometemos.