FONTUR 2016
Fin del mundo

Hernando Arango Monedero

hernando arangoLa verdad sea dicha. Razón le cabe a quienes dicen que nos encontramos en los días que anuncia el Apocalipsis como previos al fin de los días. Y no es para menos, dadas las barbaridades con las que nos sorprenden a cada día y los fenómenos naturales que nos aterran.

Y, lo más grave de todo, es que cuando se espera que surjan correctivos y previsiones para que los desmanes en los altos cargos del Estado no se repitan, parece que la desfachatez de unos y los intereses de otros van en vía contraria de lo que es la esperanza ciudadana. Así, en tanto cada día resultan más personas implicadas en las truhanerías de las altas Cortes, otros lanzan propuestas que en poco o en nada podrían dar cabida a la solución de la crisis que las afecta y más bien parecen intentar proteger a quienes de manera tan descarada actúan o actuaron. Las noticias entonces, son poco alentadoras y no parecen abrir esperanzas de que se pueda esperar un autocontrol de parte de quienes están en la obligación de respetar y de hacer respetar las instituciones.

Y es que no es sólo en las Cortes en donde se cuecen habas. ¡No! También el mal ronda los Tribunales y de seguro también carcome los juzgados a lo largo y ancho del país. Y poco pasa, o poco nos llega a los ciudadanos como exigencia de parte de quienes se encuentran encargados de ejercer la vigilancia debida a las disposiciones que tales entes emiten. Allí la Procuraduría falta a su deber y pasa igualmente con el Consejo Superior de la Judicatura.

Pero también resulta desalentador lo que los partidos políticos hacen para que de sus seguidores se escojan los más capaces y los más confiables para que los representen en las altas dignidades, bien en el Ejecutivo o en el poder Legislativo. En ese promover ciudadanos a los cargos públicos, los partidos políticos sólo miran la satisfacción de los apetitos de uno de sus más representativos integrantes, de aquel que lanza el candidato, y se desentienden de la gestión y del cumplimiento de los deberes de aquel promovido al cargo. No importa para el partido lo que ese ciudadano haga ni el cómo lo hace. Se desentienden de esa “ficha” que allí ha llegado y poco importa si de su gestión se desprende brillo y crédito para las ideas que dicen desarrollar y defender. Ya lo vemos en los últimos años, cuando el promovido a un determinado cargo resulta incurriendo en toda clase de tropelías y se hace mutis por el foro en una clara evasión de responsabilidades para aquellos que lo promovieron o avalaron a tal posición.

Y ahora hay que esperar lo que en el campo de aspiraciones a los cargos de elección popular se nos avecina. No hay que olvidar que los avales los otorgan los partidos con una desfachatez pasmosa. Así, nada impide que personajes de cuestionada trayectoria lleguen a las listas para Senado, Cámara, Asambleas o Concejos, tal y como llegaron ya algunos en el pasado reciente a gobernaciones y alcaldías. Ya se inicia la feria de avales y aparentemente las directivas de los partidos políticos nos volverán a sorprender con candidatos que, sin vergüenza alguna, como les es propio a los que por costumbre asaltan la confianza de los ciudadanos, aspiran a alcanzar la nominación para llenar los espacios que debieran estar reservados para los mejores elementos de la sociedad, para los más responsables, los más trabajadores, los más correctos, los más confiables.

Finalmente, el fin de los tiempos sí está cerca, pero no por causa de huracanes o de terremotos. Quizás sí lo está por razón de las malas costumbres en las relaciones entre los seres humanos que lo harán invivible y esperamos, así sea lejanamente, que ahora los partidos políticos nos lleven por la senda del bien, ante la disyuntiva de una nueva “Regeneración o Catástrofe” que enunció Núñez un siglo largo atrás. Y que no nos baste la absolución de un tribunal para uno de estos aspirantes, la sociedad sabe si esa absolución era lo debido o si acaso fue también comprada, como bien lo hemos visto. La sociedad debe estar alerta, entonces, para castigar socialmente como es su recurso y deber, a quienes ahora desvergonzadamente buscarán pedir ser beneficiados con nuestros votos para alcanzar sus ambiciones de poder.

Por lo demás, los huracanes y terremotos son eventos que nos están demostrando que el planeta está vivo y como ser vivo nos clama por el cuidado que en tal condición merece. Los ecologistas radicales se ocupan de que no se explote una mina de oro aquí, o un campo petrolero allá, pero olvidan que el aire que respiramos es el mismo que “respira” el planeta. Ese planeta no se afecta por la explotación de uno cualquiera de los yacimientos que tiene reservados para nosotros y para nuestro bienestar. Ese planeta nos exige, como cuerpo viviente, que lo hagamos en la forma debida y nada más.

Manizales, septiembre 22 de 2017.