Tocar violín es homenajear la vida con sonido: Katalina Coral Castañeda

Por Carlos Villota Santacruz

Bogotá, 21 de agosto_ RAM_ Cuando se escucha hablar del Puente de Rumichaca que se eleva como frontera entre Colombia y el Ecuador, se piensa en las miles de personas de todas las nacionalidades que cruzan esa línea imaginaria. Entre esa multitud, está una mujer joven, que lleva en su sangre sus raíces nariñenses, su amor por la música y en particular por el violín, del que dice hace parte de su cuerpo. De su personalidad. “Tanto, que a través de cada una de las melodías que interpreta, brinda un homenaje a la vida con su sonido”

Se trata de Katalina Coral Castañeda, quién en medio de su juventud, de su belleza y de su labor educativa y pedagógica en la Orquesta Batuta, se eleva como una ciudadana con un alto sentido de responsabilidad cultural, con capacidad de “cambiar corazones”, cada vez que sus manos interpretan el violín.

Caminando entre la gente, -en una  tarde fría de agosto- recuerda las palabras de Luciano Pavarotti.  “Pienso que una vida dedicada a la música es una vida bellamente empleada, y es a eso a lo que he dedicado la mía. Empecé en el violín como un juego, como una actividad diaria más, asistía a clases de pintura, estuve expuesta a todo tipo de actividades artísticas”, dice

Es que en su relato, se confirma la decisión de la nueva generación de colombianos y colombianas, de hacer de la cultura una plataforma de cerrarle el paso a la violencia, para defender la vida, como el eje fundamental e convivencia en sociedad. Una sociedad, que se alista desde sus cuatro puntos cardinales, hacer “foco mundial en materia noticiosa”, con la visita del papa Francisco, del 6 al 10 de septiembre. Un hecho que ya es comentado en las calles, los parques, en los cafés, también en el departamento de Nariño, donde muchos de sus habitantes viajarán a Bogotá, Medellín Villavicencio y Cartagena, para estar presentes en un hecho, que puede constituirse en una cita histórica del país, sumergido en la construcción e la paz, en medio de una alta polarización política.

“El violín y la música es parte esencial de mi vida, al lado de mis padres, hermanas y sobrinos. Conocí la viola de gamba en una de aquellas actividades para niños. La profesora le dijo a mi madre que tenía mucha facilidad para la cuerda y eso me llevo con el paso de los años a estudiar en la Escuela de Violín El Greco de la ciudad de Quito, en el Ecuador, justo a menos de 5 horas de carreta de este sitio, que es mi casa, Que es donde trabajo: el Puente Rumichaca”, advierte Katalina Coral Castañeda.

Hablar de su casa de formación le emociona. Recuerda –por ejemplo- que  entre los principales eventos realizados por la “Escuela de Violín El Greco” se destacan el Festival Internacional para Instrumentistas de Cuerda, Concierto-Recital EVG-CCE, Encuentro Internacional de la Música Clásica “Cuidad de las Flores”, Premio Internacional de Violín “Violines Por la Paz” Latinoamérica, gira de conciertos EVG – Banco Central del Ecuador, clases magistrales y conferencias, así como los permanentes conciertos con las principales orquestas sinfónicas en ciudades como Quito, Guayaquil, Cuenca y Loja.

Podría decir hoy, si temor a equivocarme –indica- que comencé en el mundo de la música de manera lúdica, amena y por sobre todo, muy natural. Muy instintiva. Podría haber sido cualquier otro tipo de instrumento. Pero fue el violín el que alcanzo mi ser. Realmente es un instrumento maravilloso. Su dificultad es que otorga margen de error. Otra pecularialidad es que trasmite cada segundo, cada minuto, cada hora –sea en público o en privado- mi personalidad a través del sonido que se desprende de él.

“El violín es el registro más sensible que llevo en mi esencia de mujer. Tiene  un sonido propio. La tarea de interpretarlo es compleja y significa un alto compromiso personal y profesional. Esa complejidad es la que me produce una gran emoción, casi a veces, hasta el llanto. Es un sonido que vuela por encima de la orquesta. Es placentero sentir esa sensación desde la óptica musical”, recalca

Lo que hace feliz a Katalina Coral Castañeda en sus prestaciones en Quito, en Pasto, en Ipiales e incluso en ciudades como Cali o Popayán, es que se convierte en una embajadora de la cultura de su amada colombiana y de su tierra natal. Nariño. Disfruta del escenario. “Se ha preparado bien. Tiene mucha disciplina.

No existe para ella mayor satisfacción que sentir la comunión (que no ocurre en todos los conciertos) con el autor y el público. Cada práctica se convierte en un proceso de creación. Y como lo tal, lo recibe con un acto estimulante”.

“Es a través del violín, que he alcanzado metas, que parecen inalcanzable. Algo mágico, levantar aplausos entre los niños, los jóvenes, las personas de la tercera edad. Valoro cada meta que he logrado. El escenario le ha dado alas. El escenario, le ha dado los mejores momentos. También alegría para su familia, sus amigos y quienes la conocen de cerca. Todo por cuenta, que desde el Puente de Rumichaca, en la frontera colombo-ecuatoriana, donde  el clima es muy frío, pero en medio de mucho calor humano”.

Desde este lugar histórico, Katalina Coral Castañeda seguirá disfrutando de la música y aprendiendo, tanto de los grandes artistas como de los diferentes públicos que están esperando que les presentes la música de otra manera. Hoy en día la vida es muy diversa, según los lugares, y los programas de los conciertos deben adecuarse a esa variedad y al tipo de público. Creo que debe haber eventos musicales para toda clase de público. Donde mi tierra de frontera: Nariño, sea protagonista”, sentencia Mayor información  cel 315 3540770. facebook.com/katalina.coral

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