5 de marzo de 2021
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Roscograma y apetitos

18 de agosto de 2017
Por Rubén Darío Barrientos
Por Rubén Darío Barrientos
18 de agosto de 2017

Largo & Ancho

Por Rubén Darío Barrientos G.

En agosto de 2008, con bombos y platillos, la prensa tituló: “Roscograma de la Rama Judicial, será acabado con la reforma a la justicia”. Se hablaba, igualmente, de que el Presidente de la república tampoco podía volver a presentar ternas de candidatos para Procurador y Defensor del Pueblo. Y la noticia hablaba de que todo sería suplido por concursos de méritos. Esos generosos planteamientos, buscaban –entre otros propósitos– evitar injerencias de las ramas del poder público para elegir magistrados y, por ello, se aludía regresar a la figura de la cooptación para que de manera directa las mismas Cortes seleccionaran sus cargos. También se mencionaba con insistencia que desaparecería el Consejo Superior de la Judicatura. Todo resultó pura cháchara. Pamplinas.

Bajo esta repugnante palabreja (Roscograma), se han enquistado en importantes cargos: familiares, amigotes y condiscípulos de magistrados. El periplo de tan engrasado viaje se mueve entre Procuraduría, Fiscalía, Contraloría y Defensoría. Para no ir muy lejos, la esposa del cuestionadísimo Jorge Pretelt, labora en la Procuraduría de Familia. Y sus primos se mueven en la Fiscalía. Ahora bien, “Tú me ayudas y yo te colaboro” o “Tú me eliges y yo te ubico”, son frases de cajón en esta feria de puestos y de nepotismo que carcome instituciones tan sagradas en Colombia. No hay escrúpulos, se perdió la ética y por eso los impedimentos (cuando hay pantalones para hacerlos) se han vuelto el común denominador de este enroque grotesco.

A raíz de un nuevo escándalo, el del entramado de corrupción cuyo eje es Gustavo Moreno (el exfiscal anticorrupción), las miradas están puestas en los exmagistrados Leonidas Bustos y Francisco Ricaurte, quienes como magistrados eran muy buenos políticos. Tenían fama en la Corte de ser los “duros” y de manejar los hilos del poder de la institución. Se ha revivido ahora el hecho de que Martha Cristina Pineda, la esposa de Bustos, es candidata segura para llegar al Consejo Superior de la Judicatura, en la terna enviada por el Presidente Santos. Pero lo peor no es eso. Lo más grave tampoco es que ella trabajó en la Fiscalía y en la Procuraduría (vuelve y juega el Roscograma), sino que fue declarada insubsistente en medio de un escándalo por una supuesta red de fiscales que favorecieron a narcotraficantes, como lo cuenta El Espectador de este jueves 17 de agosto de los corrientes.

Hace dos años, el noticiero CM& reveló que había 27 familiares de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, el Consejo de Estado y la Corte Constitucional, enganchados en altos cargos en la Procuraduría General de la República. En eso no se respeta que cónyuges, hermanos e hijos lleguen a posiciones encopetadas como si nada. Las listas se divulgan cada año y parte sin novedad. Desde luego, los congresistas no se quedan atrás. Por eso, cuando se trata de elegir al Procurador aparece un costalado de impedimentos, precisamente por ese enjambre que hay en una red sin transparencia y sin cordura que tiene como telón de fondo, un intercambio de favores.

Leonidas Bustos tiene más títulos que un diablo: Magister en Derecho Procesal, especialista en Filosofía del Derecho y Teoría Jurídica, especialista en Ciencias penales, doctor en Sociología Jurídica e Instituciones Políticas y otras charreteras más. Francisco Ricaurte, por su parte, es Especialista en Derecho Laboral y otras yerbas. Y no contento con haber sido magistrado de la Corte Suprema de Justicia, con un apetito insaciable, había anunciado que quería llegar al Tribunal de Paz, no obstante había salido por la puerta del solar de la Rama Judicial.

Ahora, ambos están en el ojo del huracán y de hombres fuertes de la Corte (en donde controlaban los nombramientos de cargos públicos para pagar favores) pasaron a ser débiles fichas de una red sucia y penosa. Hoy son pequeñitos, enanos, raquíticos y señalados tristemente, en manos de la suerte de la Comisión de Acusación. El que la hace la paga.

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