9 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
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LA PARÁBOLA DE FABRICATO

16 de agosto de 2017

Hace pocos días la compañía textilera, Fabricato, decidió parar la producción para no seguir acumulando materiales textiles, enfrentar su débil situación en los mercados, hacer un alto en el camino y analizar cómo reconvertirse. Todas las acciones viables en un contexto económico enrarecido, de poco crecimiento y de muchas amenazas, pero la casi centenaria empresa antioqueña no explica bien la situación que la llevó al punto casi de no retorno en que se encuentra y de paso quiere echarle la culpa al alto Gobierno de sus desgracias. Claro que el contrabando real y técnico tienen una buena parte de la culpa, situación que enfrentan todos los sectores, pero en sus decisiones ejecutivas y su historia reciente hay indicios de lo que hoy atraviesan. Hace varios años que la empresa no tiene un norte fijo explicado por los cambios frecuentes en su dirección y en la destrucción de valor y de mercado.

El nombre de la textilera es frecuente o un común denominador en las normas de reorganización desde 1999, hace más de dos décadas absorbió a su competencia Tejicondor para tratar de salvarse, jugada que no tuvo éxito. En todo este tiempo no ha crecido en el mercado, al tiempo que ha tenido muchos presidentes, situación acompañada por la pérdida de la mayoría del equipo humano que sabía del negocio. No se puede olvidar que Fabricato fue protagonista de primera línea en el escándalo de Interbolsa, durante la trama Corridori, episodio que no puede pasar desapercibido. De eso han pasado muy pocos años y la empresa no puede salir ahora a presentarse como víctima del mercado o de no protegerla por parte de las autoridades.

En pocas palabras, Fabricato no se reinventó, no supo marchar al ritmo de un mercado que fue capturado, en buena medida, desde las fuerzas oscuras por el lavado de activos que puede estar detrás de subfacturación en telas y muchos otros productos de difícil trazabilidad. Es cierto que la Dian -en su competencia de aduanas- tiene una gran responsabilidad por el creciente contrabando ordinario y técnico, pero no se puede echarle toda la culpa a los gobiernos de turno.

En el medio de algunos textileros se plantea la hipótesis de que muchas compañías anquilosadas en el pasado, que no compiten a nivel nacional ni tampoco internacional, aprovechando el buen nombre que tuvieron, quieren sacarle jugo al Gobierno saliente y sin muchos respaldos para buscar medidas que la protejan.

El Ministerio de Comercio e Industria ya presentó un balance del sector donde determinó que se ha crecido 21% en el número de aprehensiones en el negocio de confecciones y textiles en el primer trimestre del año. La exministra Lacouture dijo que “el sector textiles no cuenta con el decreto de control aduanero” y que el tenerlo sería parte de la solución para una industria que no ve cómo competir con los otros mercados donde es más barata la mano de obra y la cadena de producción es eficiente y de calidad. Hay que tener en cuenta que en junio la hilatura, tejeduría y acabado de productos textiles tuvo una caída de 19,9% en la producción real con respecto a 2015. Asimismo, el sector de confección y prendas de vestir registró una caída de 13%, según la EMM publicada por el Dane. Sin duda hay que hacer una tarea para impulsar este sector pero no se puede premiar la incapacidad de ser competitivos e innovadores.

EDITORIAL/LA REPÚBLICA