5 de marzo de 2021
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La elección de Olaya

16 de agosto de 2017
Por Óscar Alarcón
Por Óscar Alarcón
16 de agosto de 2017

CORTE Y RECORTE

Por OSCAR ALARCÓN NÚÑEZ

La ley 31 de 1929 establecía que “quince días hábiles antes de las fechas señaladas para elecciones populares deberán inscribirse ante el alcalde y el secretario las listas de candidatos que presenten los electores  con la indicación precisa del partido político correspondiente y de los nombres de los candidatos, primeros y segundos suplentes en su orden. La solicitud de inscripción deberá ser firmada por cincuenta ciudadanos, por lo menos. Los solicitantes acompañarán a su solicitud la constancia de aceptación de los candidatos para que tenga validez legal esa inscripción. Son nulos los votos emitidos en favor de ciudadanos cuyos nombres no hayan sido inscritos oportunamente en la forma prevenida en ésta artículo”.

El plural usado repetidamente en esa ley y la circunstancia de referirse a principales y suplentes hacía suponer que ella no obligaba para la elección de presidente de la República, que era uno y no tenía suplente ni vicepresidente. Había entonces tres candidatos, dos conservadores, Guillermo Valencia y Alfredo Vásquez Cobo, y uno liberal, Enrique Olaya Herrera. Más de un liberal supo, por el correo de las brujas, que se pensaba inscribir a Valencia secretamente ante el corregidor de Apulo porque, según el gobierno de Miguel Abadía Méndez, la norma se aplicaba también para la elección presidencial. De  esa manera los votos que se sufragaran por Vásquez Cobo y Olaya serían nulos. Luego los goditos, cuando les conviene, también son dados a la marrullería y al santanderismo mal interpretado.

Pues para curarse en salud, y frente cualquier eventualidad, los liberales se dieron por notificados. Se armó la artillería defensiva por orden de los jefes López Pumarejo y Eduardo Santos y ante la imposibilidad de llegar el candidato Olaya Herrera a Bogotá, porque estaba en gira, le tocó inscribirse en Puerto Berrio. Vásquez Cobo no se quedó atrás e hizo lo propio en Bogotá. Así las cosas hubo elecciones y gracias a la división conservadora el liberal Enrique Olaya Herrera logró ganar la Presidencia poniendo fin a una larga hegemonía heredada desde la Regeneración. Ni siquiera el clero se puso de acuerdo para ordenar por cuál de los aspirantes debían votar sus fieles. Hubo disparidad de criterios entre los prelados y hasta el arzobispo Perdomo primero pidió sufragar por Vásquez y luego por Valencia. Por dubitativo y ante la derrota de sus dos candidatos, se ganó el calificativo de Monseñor Perdimos.