1 de marzo de 2021
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Evelio Giraldo Ospina

El erotismo tiene la palabra

Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
10 de agosto de 2017
Por Óscar Domínguez
Por Óscar Domínguez
Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
10 de agosto de 2017

Óscar Domínguez Giraldo

Si la cuenta bancaria tiene algo que ver con el volumen y calidad de los orgasmos, el marido de una cuarentona de Newcastle, noreste de Inglaterra, está rico. La noticia es vieja pero tocó repetirla hoy 8 de agosto día mundial del orgasmo.

La mujer, “de cuyo nombre no debo acordarme” para proteger su ruidosa intimidad,  fue condenada a ocho meses de prisión por no atemperar los alaridos que emite cuando su macho alfa le encuentra el punto G.

En la misma ciudad, científicos de la Universidad de Newcastle encontraron una estrecha relación entre la cuenta bancaria y el número y calidad de ese  tsunami erótico llamado orgasmo. Un orgasmo vale más que diez mil palabras.

En opinión de estos científicos ingleses, el éxito de las relaciones sexuales depende, en buena medida, del tamaño… del saldo bancario.

Otra investigación demostró que las féminas más inteligentes tienen los mejores orgasmos. A la conclusión llegaron cerebros quedados del King’s College, de Londres.

A la bulliciosa súbdita inglesa de  Newcastle sus vecinos la delataron  porque no dejaba dormir cuando se extrovertía con su machucante inglés, súbdito de su Majestad Chava II.

El juez, acaso asesorado por el DAS colombiano, ordenó instalar un sonómetro en un apartamento vecino al del dueto, para medir el big bang erótico de nuestra Julieta.

El alboroto que armaba superaba el ruido de todos los televisores del barrio. Los somnolientos vecinos asumieron que con semejante bunde estaban degollando a alguien y llamaron a la policía. Falso positivo: Romeo y Julieta, modelo 2010, se “refocilaban”, como solía decir Don Quijote quien nunca coronó a su dama. Ni siquiera la carta en la que la requería de amores, llegó a su destino: La sin para Dulcinea del Toboso. El cartero, Sancho, nunca llegó.

Menos mal, la mujer (la inglesa, no Dulcinea) goza de  libertad condicional. Se supone que ya le bajó decibeles a sus gritos porque no volvió a mojar prensa.

El hombre capaz de arrancarle esa manifestación de ayayayesestá capando estatua en Trfalgar Square, pues nos ha hecho quedar bien  a sus colegas, esos egoístas eternos que por defecto de fábrica apenas sí buscamos el ex escurridizo punto G.

Digo “ex escurridizo” porque la rigurosa BBC de Londres, informó que, según investigadores italianos, el maravilloso G puede ser localizado utilizando el ultrasonido. Todavía no con exactitud de reloj egipcio de pedal, pero principio tienen las cosas.

Y en Estados Unidos, el profesor Stuart Meloy, inventó por accidente el llamado “orgasmatrón”, una máquina que produce orgasmos. Woody Allen la anticipó en alguna película.

Meloy estimulaba la medula espinal de una paciente que sufría dolores de espalda. Por azar, activó una zona erógena desconocida y la libido de la dama se disparó hasta el clímax.

El detestable inventico que dispensa orgasmos y que algún día se venderá en el supermercado, excluye a los hombres que teníamos la exclusiva del placer. Felizmente, el médico no ha podido perfeccionar el cachivache por escasez de voluntarias. Gracias, mujeres, por reconocer nuestra importancia.

En Ecuador, una legisladora propuso que el deseo sexual sea garantizado por la Constitución. “O sea, decretar los orgasmos por ley”, ironizó  la oposición. ¿Cuál legislador colombiano propondrá lo mismo para (NO) votar por él? (Esta nota ha sido ampliada)