3 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El Ángelus del Papa Francisco

Por Guillermo Romero Salamanca
28 de agosto de 2017
Por Guillermo Romero Salamanca
28 de agosto de 2017

Por Guillermo Romero Salamanca

guillermo romeroCada domingo, al mediodía, el Papa reza el Ángelus desde el balcón de sus oficinas en el Vaticano –o en la ciudad donde se encuentre– para saludar a la Virgen María y recordarle la anunciación del ángel san Gabriel y el misterio de la Encarnación del Verbo.

Luego realiza un saludo a los asistentes y pronuncia un corto discurso que es seguido por millones de personas en el mundo entero a través de la radio, la televisión y las redes sociales. Al final pide siempre que recen por él y cierra con un deseo: “¡que tengan una buena cena!”

Durante su visita en Colombia lo rezará el 10 de septiembre en Cartagena, en el atrio del Santuario de San Pedro Claver, el esclavo de los esclavos.

INDULGENCIAS POR EL ÁNGELUS

Se estima que esta oración apareció hacia el siglo XII y se hacía en la tarde. Luego se rezó en la mañana y posteriormente al toque de las campanas del mediodía.

En 1560 apareció impreso por primera vez en un catecismo de Venecia, Italia y el Papa Paulo III concedía una indulgencia por su rezo.

En 1724 Benedicto XIII concedió 100 días de indulgencia por cada vez que se rezara y una plenaria al mes al que lo hiciera diariamente de rodillas a las 6 de la mañana, al medio día y a las 6 de la tarde.

En 1742, Benedicto XIV manifestó que durante el tiempo pascual, se sustituyera por la antífona  Regina Caeli.

Pio VII en 1815 añadió al Ángelus tres “glorias al Padre” en acciones de gracias.

JUAN XXII FUE EL INICIADOR DE ESTA COSTUMBRE

El 11 de febrero de 1959 san Juan XXIII–conocido, entre otras cosas, por convocar el Concilio Vaticano II–, rezó el Ángelus desde el balcón del Vaticano y habló del centenario de la primera aparición de la virgen de Lourdes.

“El comienzo de la Cuaresma coincidió con las apariciones en Lourdes porque la idea de penitencia se encuentra en el núcleo del discurso de la Virgen. En su octava aparición, que tuvo lugar el 27 de febrero, repitió en tres ocasiones, con los ojos empañados de lágrimas: “Penitencia, penitencia, penitencia…Rogad a Dios en la tierra por los pecadores”, dijo en esa oportunidad Juan XXIII.

Aprovechó la oportunidad también para recordar la fecha del aniversario de los Pactos de Letrán, que reconocieron al Vaticano como un Estado independiente.

Durante su papado rezó en algunas ocasiones el Ángelus.

UNA TRADICIÓN

Pablo VI, quien fuera el primer Papa que visitara a Colombia, convirtió al rezo del Ángelus en una tradición.

Después de su rezo, los pontífices ofrecen una pequeñísima homilía y entregan saludos a los visitantes, mensajes por algunas catástrofes y dan bendiciones por variados hechos.

San Juan Pablo II rezó esta oración, no sólo en el Vaticano, sino en las Jornadas Mundiales de la Juventud, Encuentros de Familia y en sus visitas pastorales a diferentes países.

EL PRIMER ÁNGELUS DE FRANCISCO

El 17 de marzo del 2013, el Papa Francisco rezó su primer  Ángelus desde el balcón del Vaticano.

“Recuerdo –dijo en esa oportunidad– que en 1992, apenas siendo Obispo, llegó a Buenos Aires la Virgen de Fátima y se celebró una gran Misa por los enfermos. Fui a confesar durante esa Misa. Y, casi al final de la Misa, me levanté, porque debía ir a confirmar. Se acercó entonces una señora anciana, humilde, muy humilde, de más de ochenta años. La miré y le dije: “Abuela —porque así llamamos nosotros a las personas ancianas—: Abuela ¿desea confesarse?” Sí, me dijo. “Pero si usted no tiene pecados…” Y ella me respondió: “Todos tenemos pecados”. Pero, quizás el Señor no la perdona… “El Señor perdona todo”, me dijo segura. Pero, ¿cómo lo sabe usted, señora? “Si el Señor no perdonara todo, el mundo no existiría”. Tuve ganas de preguntarle: Dígame, señora, ¿ha estudiado usted en la Gregoriana? Porque ésa es la sabiduría que concede el Espíritu Santo: la sabiduría interior hacia la misericordia de Dios.

Y finalizó diciendo: No olvidéis esto: el Señor nunca se cansa de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón. Feliz domingo y buen almuerzo.