De la Calle a palacio

Por Augusto León Restrepo 

Como corresponde a su estilo personal y político, ajeno a lo teatral y a la pirotecnia, en un acto sobrio y desde su oficina de Abogado, Humberto De la Calle Lombana aceptó la candidatura a la Presidencia de la República para la que lo habían postulado gentes de a pié y mas de cuatrocientas personas que han sobresalido en el sector público y el sector privado, en forma personal y por escrito. Ante su esposa, sus hijos y sus cónyuges, sus nietos y  sus mas cercanos asesores, más unos doscientos jóvenes estudiantes y profesionales egresados de las universidades bogotanas que alentaron a De la Calle con vítores y consignas, y los medios de comunicación, manifestó que quería ser Presidente de la República, de una República, de una Nación en donde quepamos todos, tal como reza el lema que identificará su campaña.

En las horas de la mañana del 9 de agosto, sin candilejas ni luces deslumbrantes, pancartas ni manifestaciones prefabricadas, De la Calle expuso en frases de contenido básico, ajenas a la fácil seducción demagógica, cual era el sentido de su decisión. De lo que dijo vamos a resaltar algunas ideas centrales, no sin antes invitar a nuestros lectores a abordar el texto completo de su mensaje, que lo pueden encontrar en las redes sociales del candidato. “Quiero ser Presidente porque comparto el sueño de muchos colombianos: un país en paz…….comprometido con la derrota de la pobreza. Una sociedad que no acepta el fanatismo y que reconoce su diversidad como una fuerza positiva….Queremos que el Estado cumpla con todos sus compromisos y en especial que honre la palabra empeñada en el Acuerdo del Teatro Colón…Queremos limpiar el sistema político del clientelismo. La pequeña corrupción es hija del clientelismo. Y la gran corrupción es hija del sistema político. Si superamos la amenaza de la narcodemocracia, ahora hay que vencer la cleptocracia, la república de dirigentes ladrones”….

Anunció De la Calle algo que es inédito en la política colombiana. En su discurso, omitió farragosos enunciados programáticos, llenos de lugares comunes o de promesas populistas. Quiere que su derrotero político sea fruto de las propuestas que reciba de los colombianos participativos. “Apelo a todos los colombianos sin exclusión. Con ese fin, hoy inauguramos un proceso para configurar una plataforma para los años por venir, abriendo los canales para recibir propuestas de todos los colombianos. Por eso no anunciaré propuestas de política pública el día de hoy. Tendremos líneas de internet para que todo el que desee contribuya con nuestro compromiso de cambio. En noviembre daremos cuenta de las propuestas recibidas y procesadas y anunciaremos nuestros compromisos concretos. Tendremos una plataforma de acción política construída de manera colectiva que corresponde a un horizonte de participación democrática sin antecedentes”….

Y terminó el candidato con el anuncio de lo que también se le ha solicitado: una Gran Coalición, bajo su liderazgo. “He decidido aceptar este llamamiento para configurar una coalición enorme. Creo que esa coalición puede ganar en primera vuelta si procedemos con generosidad y sabiduría. Una coalición que garantice que en Colombia prevalezca el deseo de cambio y de transformación. Cambio seguro. Cambio dirigido por la fuerza tranquila de la democracia..Un cambio para hacer que Colombia sea un país en el que quepamos todos”.

Ni un párrafo insultante, ni descalificatorio, ni camorrista. Ese es el talante del candidato De la Calle para la Presidencia de la República. Convivente, sereno, conciliador.

Pero no quiero cerrar este escrito sin aludir a algo que comenzaron a promulgar los enemigos de su candidatura, entre los que se cuentan políticos y algunos y algunas columnistas. Lo descalifican que dizque porque aprovechó las conversaciones de La Habana que nos ponen a los colombianos a las puertas de la paz estable y definitiva, para buscar  “beneficios” personales como la Presidencia de la República. Ya aludió  De la Calle al tema en su brillante entrevista para CM& y su sección Pregunta Yamid. Tal infundio es alucinante y hasta chistoso, en sus propias palabras. Inverosímil, además, pensar que unas conversaciones aleatorias, iniciadas hace cinco años, sin posibilidades de adivinar sus resultados, auparan en la mente de De la Calle el pérfido propósito de lograr en un futuro lejano  figuraciones o alcances políticos. Pero además son de una mezquindad indefensable esas afirmaciones o supuestos. A los que espero no volverme a referir. No hay disposición para ocuparnos de lo bajo y de lo mendaz.

Post scriptum: No sobrarán nunca las palabras para reconocer  la labor de Sergio Jaramillo Caro como Alto Consejero para la Paz en las conversaciones de La Habana. Hago mías las palabras de Víctor Hugo Vallejo en su columna de Eje 21: “No es fácil que un empleado público salga en medio de aplausos. Lo normal es que salga en medio de las rechiflas, o en el mejor de los casos en medio de los mas ruidosos silencios….Ver que alguien se va con aplausos cerrados, es saber que el común distingue muy bien a quien le sirve, de aquellos que se sirven del común a favor de sus propios intereses. Es saber que en los siete años como negociador del más antiguo conflicto armado del país, mantuvo su dignidad y con ella se va levantando la frente”. Gracias Sergio Jaramillo Caro.