FONTUR 2016
3 -TRIPTICO PARA EL ALCALDE

Por Hernando Salazar Patiño

III- POR UNA CIUDAD VERDE

Señor doctor

OCTAVIO CARDONA LEÓN

Alcalde de Manizales

  1. S.D

Con todo respeto señor Alcalde, debo manifestarle que me he informado un poco tarde, de que usted decidió compartir la del Concejo de la ciudad, en el sentido de excluir como zona de expansión el proyecto de urbanización del terreno rural en el está ubicada la finca La Aurora, aledaña de la Reserva de Río Blanco.

Si bien su pronunciamiento es un parte de tranquilidad para la ciudadanía manizaleña,  no sé si calcula el bienestar  de seguridad, en el sentido más vital, más de salud humana, más a largo plazo, más extensamente comunitario, que ha trasmitido, porque el valor  de una riqueza que procede de nuestros antepasados, que  enorgullece a los que la poseemos y disfrutamos todavía y de la que comienzan a apersonarse los jóvenes que a su vez sensibilizarán a sus hijos y a los que los sucedan, abarca una historia abierta, que se anuda desde nuestros orígenes con el más fino y delicado de los hilos, y se prolonga hacia una posteridad más sosegadamente promisoria.

No todos quedaron satisfechos, porque juzgaron tibia y nada comprometida su manifestación. Personalidades cívicas, conocedores y estudiosos con sólidos argumentos, respaldados en la política ambiental, con aclaraciones de carácter científico, e incluso con precisiones jurídicas constitucionales, se opusieron desde un comienzo una vez se dieron cuenta del daño irreversible que provocaría ese proyecto de construcción de viviendas, para cerca de 10.000 personas que en veinte años serían muchas más. Para no ahondar en las múltiples y nocivas secuelas que le acarrearía a ese maravilloso pulmón de la ciudad, que se nos ha revelado con cada estudio como un genuino dador de vida.

Doctores tiene la santa ley que pueden emitir  juicios más sabios. Pero yo sí quiero sincerarle el porqué de mi pánico, porque fue eso lo que sentí, cuando me empapé de los avances de esta urbanizadora y de las conductas permisivas  para la aprobación y el desarrollo de ese proyecto en ese preciso lugar. Le anticipo de una vez que no conozco personalmente a los socios de la misma, y que no me anima ni la más leve tendencia partidista en la controversia que suscitó y que es lo más seguro, tendrá que continuar. Porque así como los señores constructores alegan  la fecha de diez años atrás en que empezaron a obtener las primeras licencias para su propuesta habitacional, es necesario remontarse todavía más atrás, para investigar cuándo, dónde, quiénes aceptaron semejante propuesta  y cuales las razones para dejarla prosperar.

Sí, señor Alcalde, nunca he tratado con los señores Calderón & Vélez, solo sé y “más por viejo que por diablo”, de algunos de sus ancestros, servidores animosos y desinteresados de esta ciudad en la primera mitad del siglo XX y de más atrás, nobles patricios que dejaron memoria de rastros cívicos reconocidos, y cuya solvencia económica fue en ellos oportunidad para gestos generosos por sobre especulaciones financieras. “Siquiera se murieron los abuelos / sin ver como se mellan los perfiles. …” ni “sospechar el vergonzoso eclipse”. El poema de Jorge Robledo Ortiz, se nos impone de inmediato, al observar cómo proceden sus descendientes.

Porque a estos sucesores nada los persuade,  ninguna objeción los impresiona,  nadie los obliga, ningún daño les importa, no admiten ni reparan en sanciones,  tienen  la seguridad de que sus objetivos prevalecen, se mofan de los defensores de la Reserva, y continúan arrasando con sus retroexcavadoras, poniendo banderines en los lotes, y avanzando como si nada, ya que tienen por sabida la pasividad temerosa de los que deben intervenir para exigirles la suspensión de su inviable proyecto, y les interesa persistir en sus movimientos para que sobre hechos cumplidos, el entramado que lograron en diferentes instancias, obstaculice las medidas para prevenir las alteraciones de la zona.

Se da por descontado que se precavieron desde sus inicios, que se ajustaron formalmente a las normas, que en los planos no puede apreciarse cosa distinta a que por primera vez, un buen número de familias manizaleñas vivirá en un complejo urbano paradisíaco. Por tratarse de la firma de que se trata, señor Alcalde, es por lo que la comunidad tiene razones muy válidas para temer por la afectación y lenta desaparición de la Reserva natural de Río Blanco.

Primero, pienso que debe esclarecerse lo que hay de cierto  en la información de El Tiempo, sobre la “puerta giratoria” que con hábil calculo, desde años atrás, se estableció entre funcionarios públicos y la empresa constructora, para sacrificar el interés general en aras del enriquecimiento privado, en un muy bien planeado proyecto de vivienda, ajustado a una legalidad en  cuya adecuación a su propia conveniencia, tienen una reconocida y diestra  experiencia que viene de vieja data, sin jamás haber sido objetada,  con un atractivo nombre que sirva de gancho a las familias crédulas que de buena fe y esperanzadas, no creen o no saben que serán los instrumentos de un  negocio millonario que causará un daño irreparable al equilibrio ambiental de la ciudad.

Y es que el socio principal del constructor Felipe Calderón, es el ingeniero Jorge Alberto Vélez Jaramillo. No voy a juzgar, porque no conozco detalles, si cometió o no y en qué consistió, el delito de peculado por el que fue condenado por la Corte Suprema de Justicia, que lo inhabilitó para ejercer cargos públicos. Lo cierto es que la acusación surgió por su conducta como gerente de Aguas Manizales, cargo en el que pudo medir la posibilidad de llevar el acueducto a la finca La Aurora, y computar en cuánto podría valorizarse su terreno, con la conversión de las hectáreas que mide el predio rural, al urbanizarlo dentro del plan de ordenamiento, para ser vendidas por lotes en metros cuadrados, construidos, apuntando a su inclusión en la zona de expansión territorial. Negocio redondo. Ganancia millonaria ¿Dio los permisos para las redes? Hay que aclararlo. Ignoro si fue después o antes de ocupar esa gerencia, que el señor Vélez hizo parte de la junta directiva de Corpocaldas, ni los méritos y calidades o vocación ecológica para haber sido miembro y si hacía parte de ella cuando se aprobó el supuesto manejo ambiental del Proyecto al que se asoció, o si ya retirado, conservó y usó sus influencias con ese fin. Esto debe investigarse si es que no se ha hecho. La Personería o la Procuraduría, debieron o deben hacerlo.

Lo que sí sé es que también fue gerente de Aguas Manizales, el actual director de Corpocaldas y principal defensor de oficio del Proyecto urbanizador, cuyo interés en él se puso en obviedad, al despejarles a los urbanizadores el inconveniente no previsto antes, de la presencia de un oso de anteojos cuyo habitat es andino, y deshacerse de él con los pretextos más inicuos. ¿Tuvo que ver el doctor Arango, con adelantar o dejar lista la perspectiva de llevar el acueducto a La Aurora? Entiendo que el doctor Mesa, actual gerente, ordenó comenzar a romper la avenida del barrio la Sultana, muy bien provisto de agua potable, según me dijeron quienes viven allí, para dotar a La Aurora, antes de levantarse la “ciudadela” con la que amenazan destruir la zona biológica de la que nos sentimos ufanos, lo que a varias urbanizaciones, en ocasiones anteriores, señor Alcalde,  les tardaron hasta después de haber sido terminadas y ya habitadas. Quién sabe cuál sería el metraje requerido o previsto, pero a los habitantes de La Sultana los tranquilizó el que se haya suspendido esa rotura de sus calles que no habían pedido. De ahí que el anuncio del “mínimo vital” para los estratos bajos en su administración, bien regulado y ojalá con progresiva cobertura, ha sido una buena noticia.

El que el nombre del señor Vélez Jaramillo no figure hoy entre los propietarios de los terrenos de La Aurora, es un recurso demasiado usado para que sorprenda, o que excluya su interés del de su familia, o mejor, su calidad de socio de sí mismo, como dueño del terreno y miembro de la firma urbanizadora. Y que el señor Calderón pregone que va a sembrar una cantidad de árboles, es como oír al Diablo predicar  que va a hacer  hostias. Por favor, doctor Octavio Cardona. Un simple revisión a las construcciones que ha realizado su consorcio desde veinte o más años, y se dará cuenta que ni plantando centenares de árboles, compensará el arquitecto los que ha derribado en su trayectoria arrasadora del verde, en un continuado “ataque de la dictadura del cemento y del ladrillo” sobre el paisaje de la ciudad, según  consternada frase del Procurador de la República. Con que le muestren lo que ha hecho o deshecho, en La Florida, sería suficiente para restarle credibilidad a su repentina apuesta por la sostenibilidad ambiental.

Ya tendré oportunidad, así sea ésta la última batalla que libre por el paisaje que nutrió mi  infancia,  de mencionar los estropicios de la empresa constructora en el ámbito urbano de Manizales, el continuado impacto de  CFC&A contra la naturaleza,  para que sea confiable la frase expresada por el arquitecto en un medio radial, con tanta solemnidad como atrevimiento, de que su proyecto era un nuevo “pacto del hombre con la naturaleza”. Ni tanto honor, ni tanta indignidad. El tamaño de la ironía o de la mofa, nos previene de la magnitud del daño que procura causar. ¿Es que Corpocaldas o el ministerio del Medio Ambiente, con las normas que los autorizan o de que se valen, no revisan los antecedentes de los constructores en el manejo ecológico, qué tanto respeto demuestran por la vegetación circundante y sin han incentivado o no las áreas verdes con árboles y jardines?

Señor Alcalde. Ya sea que prosigan soberbios, como en efecto lo hacen, o que la conciencia de responsabilidad, natural, forzada o impuesta, para con la ciudad de hoy y de mañana, los detenga, esto es histórico, para bien o para mal, doctor Octavio Cardona, y usted no puede quedarse impasible ni ser neutral ante lo que están provocando intereses privados, minoritarios y mercantiles, y lo que se viene, en contra de la comunidad manizaleña, a la que usted se debe. Tampoco las autoridades relacionadas con haber propiciado por imprevisión o laxitud, la segura afectación máxima a una reserva natural. La historia ha de juzgar su actitud. Ninguno de los habitantes de esta capital, puede lavarse las manos. Nos compromete a todos y a los que nos sucedan.

Y si usted, doctor Octavio Cardona León, quiere comprometerse, quiere hacer parte de ese “compromiso de acción mundial” que responde al Acuerdo de París, y acepta la proposición de este ciudadano que nada tiene para aportarle a un alcalde, sino una continua emoción, una frecuente nostalgia a veces triste, como casi todas, otras sí jubilosas, por cuanto evocan y unen amistades y recuerdos, y lancinantes miradas a espacios que conoció, imponentes, o hermosos o de inolvidable solaz, y que ya no son, en una ciudad a la que ha soñado casi más de lo que la ha amado, y es apenas la idea de convertir a Manizales en la ciudad verde por excelencia de Colombia.

En la medida de lo que todavía soy capaz, cuente conmigo para esto. Es el objetivo de mi libro, que ojalá a usted le entusiasme. Con la resolución de impedir que se vuelva a cortar un árbol en Manizales y estrictos, exigentes y condicionados los permisos para hacerlo, será un buen comienzo, no solo para superar a Montería que ostenta aquel título porque se lo propuso su alcalde, sino además porque gracias a que fuimos favorecidos con singular predilección,  sobreviven todavía extensiones de vegetación para su cuidado, ampliación y sostenibilidad. Y qué tal si tiene la audacia de limpiar o sea de salvar a nuestro despreciado y ultrajado Río Olivares, para que no sigamos condenados a ser “La ciudad sin río”, como con ese título la definió hace sesenta años en una novela el escritor José Hurtado García. Los jóvenes de las comunidades estarían prestos, alegres, conscientes y activos en protagonizar ese reto por las aguas que los unen como los separan de esa “otra” ciudad que los desconoce. Sé por qué lo digo y lo garantizo. He trabajado con ellos, y nunca he aprendido más en mi vida, que con esa experiencia.

Me excedí señor Alcalde, a la vez que me quedé corto, postergué otros que aspectos que me prometía comunicarle, pero estoy cierto de que para el asunto fundamental que le he tratado, usted dará prioridad al espíritu de la ley, antes que a las hendijas de los incisos por las que se cuelan los astutos, a la preservación total de la Reserva de Río Blanco, a la defensa del medio ambiente y a la solidaridad con la inmensa mayoría de sus conciudadanos.

Con optimista expectativa,

Hernando Salazar Patiño