Politizar
Hernando Arango Monedero

hernando arangoVenimos asistiendo a un llamado, desde diversos estamentos de la sociedad, a desconocer el valor de la representación ciudadana en concejos, asambleas, congreso y, también, en las otras ramas del poder público: Ejecutivo y Judicial.

Y, hasta cierto punto asiste la razón a quienes buscan levantar adhesiones para su causa, cuando llaman a apoyar referendos, revocatorias, consultas de exploración de recursos naturales y otras manifestaciones del querer popular y que, hasta para acabar con la corrupción, recogen firmas. Y con firmas también se busca apoyar candidaturas a cuanto cargo se pretenda elegir, incluida la Presidencia de la República, eso sí, sin considerar que un presidente requiere de Congreso y que, sin ese apoyo, lo único que puede esperarse es el caos. Claro, en todas estas manifestaciones “democráticas” se calla lo que de ellas pueda resultar, porque, al final de cuentas, el resultado para los que se han logrado allegar, no importa al colector.

 

A esas manifestaciones de personajes o grupos se les mal llama ejercicio de la política, cuando en la realidad es simple y llana politiquería, o vicio que para algunos es profesión, modo de vida y alcance de subsistencia.
Pero cosa diferente es la política, a la que estamos llamados todos, sin excepción, como quiera que la política es el marco dentro del cual debe actuar el Estado con todos sus poderes para la consecución de un fin, fin que debe conducir a la felicidad y bienestar de la comunidad, así suene poético o filosófico. Y esa política a la que estamos llamados a participar, consiste en intervenir, apoyar, sugerir, aportar, controlar y exigir que aquello que hemos construido o constituido, logre el objetivo para el cual fue establecido. Por tanto, no basta con aportar, es necesario mantenerse al tanto de los desarrollos, y gestiones de quienes, en representación nuestra, intervienen en la búsqueda de lograr hacer realidad aquello que, poéticamente o filosóficamente, lleva a la felicidad o bienestar de la sociedad. 

Y en este hacer la política, es necesario que los ciudadanos entendamos que el caos del que nos quejamos, y del que algunos se aprovechan para hacer sus campañas salvadoras, es en esencia responsabilidad de nosotros, de nuestro olvido de los deberes a los que estamos llamados. Y es aquí cuando es necesario que, para que haya una conciencia plena de esos deberes, hay que hacer una gran pedagogía que permita la comprensión y se entienda la forma de actuar y participar en esa construcción de las soluciones que nos permitan alcanzar una sociedad más responsable de su destino.

 

Por tal razón, hay que buscar que las Universidades se conviertan en centros que formen en política. Allí, a su llamado, deben darse los debates sobre los diversos temas sociales del país. Allí, con la ayuda de quienes en la sociedad tienen el conocimiento, y con la inteligencia y creatividad de todos, podemos construir esas normas que nos conduzcan al bienestar que la política está llamada a hacer realidad.

 

Y, desde la Universidad, con los resultados de esos debates, que es la política construida entre todos,  se hace el aporte a quienes nos representan en los distintos cuerpos colegiados para hacerla realidad. Realidad que desde allí mismo tiene que ser vigilada en sus desarrollos y compromisos, con la exigencia en la gestión a quienes están obligados a desarrollarla.

 

La universidad está en mora de abocar la tarea de politizar nuestra sociedad bajo sus directrices y orientaciones, aprovechando el conocimiento que en ella se encierra y convocando a quienes pueden intervenir en la construcción de un país incluyente, de verdad y en esencia, evitando el que se siga manoseando el querer popular con los cantos de sirena carentes de sentido y compromiso.

 

Esta debe ser la ruta a seguir si queremos no caer en manos de redentores de ocasión similares a los que han llevado a la debacle a los vecinos que hoy la padecen.      
Manizales, julio 13 de 2017.