3 de octubre de 2022
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Perro sí come perro…

9 de julio de 2017
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
9 de julio de 2017

Coronel  RA  Héctor Álvarez Mendoza

Corrían los primeros años de la década de los sesenta y la situación del orden público de Colombia estaba particularmente afectada por la presencia  de gavillas de bandoleros y asaltantes de caminos que asolaban campos y carreteras, especialmente de los departamentos del Tolima, Caldas, Boyacá, Valle y los Santanderes, donde se hicieron célebres por su insensata crueldad personajes tan siniestros como Teófilo Rojas, alias “Chispas”, William Aranguren, alias “Desquite”, Jacinto Cruz Usma, alias “Sangrenegra” y Nacianceno Hernández Ramírez, alias “Punto Rojo”.

Estas cuadrillas, iniciadoras del bandolerismo político se dedicaron a atacar puestos militares y de policía y a extorsionar y asesinar a campesinos de regiones reconocidas como simpatizantes de partidos políticos que no coincidieran con sus propias inclinaciones. Por cierto, vale recordar un acontecimiento que resultaría gracioso si no fuera tan estúpidamente sangriento y cruel, pero que  pinta la trágica insensatez de la situación de violencia política e ignorancia que padeció Colombia en ese entonces.

En este caso, se trata de lo sucedido a un grupo coral del Conservatorio de la Universidad de Caldas, prestigiosa Institución cultural, que el 28 de junio de 1959 se desplazaba en bus hacia Ibagué, la “Ciudad Musical de Colombia” con su director el maestro Ramón Cardona García a participar en el Festival Folclórico de esa capital. Ascendiendo hacia el cruce de La Línea, el vehículo fue interceptado por delincuentes de la cuadrilla del tristemente célebre Teófilo Rojas, alias “Chispas”, al mando de Jair Giraldo Giraldo, alias “Franqueza” y Arnulfo Salamanca, alias “Triunfo”, que procedieron a identificar e interrogar a los aterrados coristas que explicaron que eran miembros del coro de la Universidad de Caldas que viajaban a Ibagué con el director del Conservatorio de ese centro docente, maestro Ramón Cardona García, por lo cual este fue retenido y asesinado por los bandoleros pues los muy bestias entendieron mal el término “Director del Conservatorio” y lo confundieron con el “Director del Conservatismo”, el doctor Jorge Leyva Urdaneta quien era el objetivo al que estaba dirigido el atentado.

Fue en ese contexto que la Policía Nacional incursionó en la novedosa experiencia de utilizar perros amaestrados como elementos auxiliares en las labores de patrullaje policial en campos y ciudades. Dentro de la Escuela de Carabineros de Suba se construyó un moderno y amplio complejo de caniles, instalaciones administrativas y extensos campos de práctica.

Se autorizó la importación de finos ejemplares de pastor alemán procedentes de los mejores criaderos de Alemania y se inició una fructífera sucesión de éxitos y realizaciones policiales caninas a través del último medio siglo. En un principio era difícil disponer de entrenadores experimentados, por lo que fue necesario acudir a cierto nivel de iniciativa propia e improvisación y a los servicios de voluntarios y aficionados que gustosamente aportaron su buena voluntad y sus conocimientos en la fundamentación de una doctrina en esta nueva actividad del servicio policial. Así llegó a tomar contacto con el nuevo Centro de Adiestramiento de Perros un individuo de apariencia extranjera, alto y rubio a quien por su aspecto y su hablar agringado todo el mundo creyó alemán, norteamericano, inglés o ruso. Luego se estableció que era belga y que el nombre con el que se le conocía en Colombia era Robert Karl  Cijriel Rolus.

Resultó que mister Rolus era bastante conocido y popular en algunos despachos judiciales de Venezuela donde era solicitado por estafa y además había tenido necesidad de ausentarse apresuradamente de Bélgica, por “diferencias de criterio” con las autoridades judiciales y de policía de su país natal. Al llegar a Colombia se paseó por Popayán, donde en 1961 se comprometió a planear obras de interés público para el municipio para lo cual recibió un anticipo de 150 mil pesos, platica que se perdió cuando el original contratista incumplió lo pactado y se evaporó.

Tiempo después pasó por Ibagué, donde repitió el combo de “contrato, anticipo y fuga” y siguió hasta El Espinal donde ofreció sus servicios a la administración municipal que impresionada por su porte y su discurso enredado, gustosamente contrató sus “servicios”, con similares resultados. El calor del Tolima lo catapultó a tierras más frescas y aterrizó en Zipaquirá, donde ofreció planos para construir una planta de abonos a muy buen precio. Los planos presentados por Rolus fueron aprobados y se dispuso el correspondiente anticipo de 60 mil pesos, suma respetable en ese tiempo, cuando un subteniente de las Fuerzas Militares o de la Policía Nacional ganaba 700 pesos mensuales.

Cobrado el anticipo, las autoridades de Zipaquirá no volvieron a ver al contratista y además descubrieron que los planos eran copiados de un libro de autor norteamericano, que tenía patentados sus trabajos. Al detectar la estafa, se iniciaron acciones judiciales en contra del desaparecido. Posteriormente, a mediados de 1963, el contratista fantasma reapareció en Boyacá donde fue contratado para presentar estudios y planos para construir tres plantas de abonos, por lo cual el “distinguido experto internacional” recibió un anticipo de 350 mil pesos. Días después, se descubrió que los planos “originales” eran los mismos copiados del libro de autor norteamericano que había presentado en Zipaquirá.

Nuevamente se dio el concierto de “tocata y fuga” y el  simpático contratista se hizo humo. Pero volvió a asomar la cabeza y reapareció “como si nada” en Barranquilla donde también hizo de las suyas, por lo que resolvió regresar a la  fría pero acogedora Tunja. Allí nuevamente ofrece hacer maravillas con el programa municipal de obras públicas, por lo que su experticia es considerada indispensable para planear y ejecutar la construcciòn de un edificio de propiedad horizontal, una central de buses, el matadero municipal y una vez más, una fábrica de abonos orgánicos.

Por estos nuevos compromisos, el contratista “cometa” recibió, por concepto de anticipos, el traspaso de varios bienes raíces de propiedad oficial además de la suma de $863,898 en efectivo y al rabioso contado que, como en los casos anteriores, produjo el mágico efecto de hacer desaparecer del escenario al inquieto contratista belga.

No obstante, el proceso iniciado en Zipaquirá por estafa siguió su curso y el caballero furtivo fue condenado en ausencia a siete años de prisión. Por lo que parece, el personero de esa localidad, sujeto sanguíneo y vengativo, era un verdadero “perro de presa” que no cejó en su empeño de perseguir y localizar al escurridizo belga y en hacerle pagar la humillante ofensa a la candidez y buena fe de las autoridades de su municipio. Fue así que nuestro personaje fue localizado en Tunja donde planeaba lucrativos negocios con la administración, lugar en el cuel fue arrestado y consignado en la Cárcel Modelo, donde desde el principio descrestó a sus compañeros de reclusorio y a las directivas del penal con su porte, su acento agringado y su conducta ejemplar, lo que le captó simpatía, respeto y admiración. El belga, que era todo un perro perrazo, se convirtió en preso modelo.

Allí, discretamente y como quien no quiere la cosa, divulgó su supuesta condición de entrenador de perros, lo que resultó “casualmente” coincidente con los nuevos programas de utilización de perros en labores de patrullaje que adelantaba la Policía Nacional en el recién estrenado Centro de Adiestramiento de Perros de la Escuela de Carabineros de Suba. Algunos contactos, tal cual llamada y vino la consecuencia lógica y esperada. Las directivas de la escuela, al enterarse del cautiverio de semejante tesoro, solicitaron oficialmente a las autoridades penitenciarias facilitar la disponibilidad del “entrenador de perros” con el compromiso de cuidarlo mientras cumplía su condena “a domicilio”. Naturalmente al “preso ejemplar” nada le podría ser negado y al Centro de Adiestramiento de Perros fue a parar el “mister”, experto en perros y contratos, donde pronto conquistó la confianza de los alumnos, los comandantes y hasta de los mismos perros alemanes, tan desconfiados ellos.

Al cuarto mes de permanencia del encantador personaje en labores de enseñanza de adiestramiento canino, el novel instructor propuso un ejercicio de terreno abierto por los cerros de La Conejera, en los alrededores de Suba, en ese entonces libre de construcciones y rico en vegetación nativa tupida y boscosa, propicia para labores de simulación de patrullajes rurales y situaciones de orden público. El ejercicio práctico fue cuidadosamente planeado y para el efecto se dispuso iniciarlo a las 4 de la madrugada del día señalado, con la participación de cerca de cincuenta guías con sus perros rastreadores y otros auxiliares del instituto.

El objetivo era rastrear, localizar y recapturar a varios presuntos fugitivos que previamente deberían esconderse entre la maleza. Los guías de los perros rastreadores deberían esperar hasta que el profesor Rolus diera un pitazo para iniciar la búsqueda. Todos los participantes en el ejercicio ocuparon disciplinadamente sus posiciones esperando el pitazo de la señal convenida. Lo que en ese momento no sabían era que el experto en perros, contratos y desapariciones había tomado otro rumbo y se había dirigido hasta un automóvil que lo estaba esperando en una carretera cercana, con su esposa al volante y las maletas en el baùl.

Nuevamente el “entrenador cometa” se disolvió en las brumas de esa fría madrugada y cuentan las leyendas que regresó a Venezuela previo paso por Cúcuta, donde, que se sepa, la prisa le impidió concretar algún nuevo contrato con las autoridades de ese municipio. Naturalmente, al momento de cerrar estos apuntes en julio de 2017, los pacientes agentes guias y sus perros rastreadores aún no han escuchado el esperado pitazo. Es un hecho, parece que, contra todas las creencias populares, llegamos a convencernos, que, al menos en este curioso caso, perro si come perro