Los gritos de independencia en la tierra del oro

albeiro valencia

Todo el proceso de independencia de Colombia y de los demás países de América se realizó en la transición entre los siglos XVIII y XIX y corresponde a la crisis de la sociedad occidental. Hubo muchos gritos de independencia porque los levantamientos populares sucedieron en varias provincias. En Cartagena se inició en 22 de mayo de 1810, cuando se estableció una Junta de Gobierno en nombre del Rey Fernando VII; siguió Cali, el 3 de julio y en Pamplona al día siguiente; y el 10 del mismo mes, en El Socorro. Por último, esta llamada “Revolución Política” culminó en Santafé de Bogotá, que era la capital del Nuevo Reino de Granada. Aquí la conspiración la organizaron los criollos ricos en el Observatorio Astronómico que dirigía Francisco José de Caldas. Todo lo planearon la víspera, el 19 de julio, pero faltaba la chispa; entonces se inventaron lo del “florero de Llorente”, pues las condiciones estaban maduras para la independencia.

La historia dice que venía de España un americano llamado Antonio Villavicencio, con el título de Comisario Regio y le organizaron un banquete en la casa de Pantaleón Santamaría y, para adornar la mesa, necesitaban que les prestaran un florero muy elegante que tenía don José González Llorente en su almacén. Esta fue la disculpa porque sabían que este personaje era un chapetón cascarrabias, de malas pulgas; planearon bien el día y la hora, un viernes día de mercado, al medio día. Se acercó Pantaleón para pedir el florero en préstamo y el chapetón se enojó, gritó y lanzó palabras insultantes contra los americanos, en medio de la calle. En este momento empezó la trifulca, o la guachafita, porque los conspiradores estaban en la esquina esperando para empezar las manifestaciones contra los españoles; se sumaron a la protesta los estudiantes del Rosario y de San Bartolomé. En medio del clima político la gente empezó a pedir cabildo abierto y que se nombrara una Junta de Gobierno. El virrey Amar y Borbón no quería que sesionara el cabildo, pero no resistió la presión de los conspiradores, entre quienes estaban, Camilo Torres, José Acevedo y Gómez, Miguel Pombo, Frutos Joaquín Gutiérrez, y otros muchos, más los estudiantes y el pueblo, que se fueron acercando para llenar la plaza.

La coyuntura la aprovechó José Acevedo y Gómez para incendiar los ánimos, pronunció su histórico discurso y empezó a ser reconocido como el “Tribuno del Pueblo”. La reunión del cabildo o concejo duró toda la noche, se nombró Junta de Gobierno y eligieron como presidente al virrey. Inmediatamente liberaron al canónigo Andrés Rosillo, quien estaba prisionero en el convento de los capuchinos. Como resultado del momento de insurrección se firmó el Acta de Independencia que reconocía a Fernando VII, como rey, pero si se venía a gobernar desde estas tierras.

El movimiento tomó fuerza, se despertó el entusiasmo entre la juventud y muchos estudiantes se alistaron en las filas del ejército para aprender el manejo de armas; mientras tanto los jóvenes del pueblo llegaban con sus lanzas mohosas y machetes, vestidos con pantalón corto, camisa, pañuelo “raboegallo”, sombrero de lana y con la ruana que servía de cobija. De aquí en adelante se inicia la guerra civil que se conoce como la “Patria boba”, que empezó con el enfrentamiento entre federalistas y centralistas y que frenó el proceso.

En territorio caldense

Nuestros pueblos coloniales estaban ubicados en la tierra del oro y los más importantes eran Vega de Supía, Quiebralomo, Marmato y Ansermaviejo, pero en las vecindades estaban los pueblos indígenas, descendientes de los ansermas: cañamomos, lomaprietas, lorenzos (de San Lorenzo), guáticas, tachiguíes y quinchías. Las principales comunidades aborígenes habían desaparecido golpeadas por el choque colonial y por 270 años de dependencia económica y cultural.  Lograron sobrevivir algunos pueblos y resguardos, pero arrinconados por los blancos criollos y por los mestizos. Esta región dependía de Popayán y estaba situada al occidente del río Cauca; pero a estos pueblos apartados y lejanos las noticias de los gritos de independencia llegaron un poco tarde. A mediados de agosto se conocieron en Armaviejo y las comerciantes los divulgaron en Supía, Marmato y Quiebralomo.

Antioquia estableció su primera Junta de Gobierno en septiembre de 1810 y el 27 de junio de 1811 aprobó la Constitución Provisional donde se dejó claro que por la abdicación de Fernando VII, los pueblos, y entre ellos el de Antioquia, habían reasumido la soberanía. Pero la situación cambió en 1813 por los avances del español Juan Sámano, quien entró con su ejército a Popayán, en el mes de julio, ocupó la ciudad casi sin resistencia y después avanzó con su ejército hacia Cali y Buga. En Antioquia se prepararon para enfrentar la reconquista española y nombraron a Juan del Corral como dictador. Este envió al Valle del Cauca una expedición militar dirigida por José María Gutiérrez de Caviedes, conocido como “El Fogoso”, al mando de 200 soldados para ayudar a los patriotas. Pero El Fogoso no solo era militar sino experimentado político, pues había participado en la proclamación de la independencia de Mompox, en 1810, y apenas llegó a la Vega de Supía, que era el pueblo más importante, se reunió con los sectores dirigentes y los motivó para proclamar la independencia; esto ocurrió el 28 de noviembre de 1813. En el Acta quedó claro el juramento de fidelidad y obediencia a Antioquia “durante la orfandad en que han quedado por la usurpación del enemigo que ha penetrado en la capital y principales departamentos de la Provincia de Popayán”.

En este ambiente de independencia aparecieron los grupos de chisperos en Supía y Marmato; eran mestizos entusiasmados por la circulación de las ideas de libertad. En esta coyuntura recibieron la influencia política del sacerdote José Bonifacio Bonafont, quien había llegado desterrado del Socorro, debido a su lucha por la emancipación.

Esclavos, colonos e indígenas

Estos grupos sociales participaron de diferentes formas en el proceso de independencia. Los esclavos pescaron en río revuelto y desde el año 1811 se produjo lo que se conoce como la “Rebelión de los negros”, cuando numerosos esclavos huyeron de las minas de Marmato, Supía y Quiebralomo, hacia la región de Cerritos, a la cabecera del río Otún y al Valle del río Risaralda, para iniciar una vida nueva escondidos en la selva.

Hay otro aspecto a considerar porque cuando se presentó la posibilidad de la reconquista española, centenares de familias pobres emigraron hacia el sur de Antioquia, para evitar los reclutamientos que hacían los ejércitos y los males que traían las guerras. Y mientras las regiones se involucraban en el conflicto, los colonos se dedicaron a derribar pedazos de selva en los recovecos de la escarpada geografía entre Arma y Pácora, para montar parcelas y procurarse el sustento.

Después de 1816 la región minera entre Riosucio, Supía y Marmato, quedó involucrada en el ambiente militar porque los patriotas organizaron varias guerrillas que se internaron en las escabrosas montañas de la región; las más emblemáticas fueron las dirigidas por José Hilario Mora y la de Custodio Gutiérrez. Esta situación se prolongó por varios años pues en octubre de 1819 había 60 “fusileros del rey” que llegaron derrotados del Valle del Cauca y se escondieron entre Supía y Riosucio, hasta que fueron derrotados.

Por último, este caos fue aprovechado por familias pobres que llegaban de Antioquia o del sur, por el camino de Popayán, y se fueron asentando en tierras de los resguardos de San Lorenzo, Cañamomo, Guática, Quinchía y Tachiguía. Los indígenas siempre pierden; aunque casi todos los pueblos de indios conservaron neutralidad durante el proceso de independencia, muchos fueron utilizados como guías y como cargueros por las tropas españolas y patriotas.