15 de diciembre de 2018

Ingresos y Salarios

30 de julio de 2017
Por Octavio Quintero
Por Octavio Quintero
30 de julio de 2017

Octavio Quintero

La vorágine informativa en Colombia nos hace pasar por alto noticias de gran repercusión social como la relación que se establece entre Ingresos y Consumos de la gente, algunos prioritarios como la alimentación, salud, vivienda, transporte, por ejemplo.

Un  escándalo de corrupción que ilumina el firmamento de los medios de comunicación nos encandila a todos y seguimos pasando las penurias cotidianas, tal vez, esperanzados en que tras el escándalo del día las cosas cambien.

Pero eso no es tan directo…

Que las autoridades vayan cerrando el círculo a los implicados en los casos Odebrecht o Reficar, símbolos de la corrupción política y económica que se han destapado, no implica que de inmediato la relación ingresos-precios-consumo nacional se vaya a mejorar, sin más ni más. Esa relación, que pasa por una política de equidad y justicia social, hay que seguirla luchando a través de organizaciones de la sociedad civil que andan distraídas de su enfoque social como los partidos políticos y las centrales obreras, las dos primeras, entre todas las demás.

No decimos que no le presten atención al pan de cada día en que se ha convertido el destape de más y más casos de corrupción público privada (CPP) que se genera precisamente en las APP (alianzas público-privadas), sino que su obligación  está relacionada, antes que nada, con el pan de cada día que se lleva la gente a la boca.

¿Para cuándo vamos a seguir aplazando el debate del salario mínimo en Colombia, el cuarto más bajo, medido en dólares, entre los países latinoamericanos? Y es apenas una referencia matemática, porque si nos referimos a la capacidad de compra de ese salario mínimo, entonces,  tendremos que confrontarlo con la inflación de cada país; y no propiamente la inflación general, sino la inflación sectorial, porque una cosa es que una tasa de inflación general se establezca en un 5%, por decir algo, y otra, que en ese 5% los consumos de las clases más populares como la alimentación, por ejemplo, tengan un peso del 10%, por seguir diciendo, a mano alzada, cosas que pasan, y que ni los partidos políticos ni las centrales obreras les están prestando atención.

De cuando en cuando algún medio de comunicación desliza al desgaire en sus páginas interiores el costo de la canasta familiar en Colombia, y uno se pone a pensar ¿cómo vive la gente con un salario mínimo que es tres veces inferior al costo de dicha canasta básica?: ¡La gente tiene que estar aguantando hambre!: no hay de otra…

De cuando en cuando, también, nos muestran las aberrantes diferencias que se establecen entre los ingresos de los altos funcionarios del Estado y los altos ejecutivos del sector privado, con los ingresos del común de los trabajadores colombianos, un común que puede ser del 90% de los 22 millones de trabajadores activos, es decir, casi 20 millones de trabajadores que viven de uno, dos y máximo tres salarios mínimos, mientras encontramos a los altos funcionarios públicos con 40 salarios mínimos y a los privados con 80 o más.

¿Puede un país vivir en paz con semejante inequidad social?

Estas son las cosas que preocupan a los que no encontramos tan celestial el proceso de paz suscrito con las Farc-Ep, cuyo desarrollo no toca el fondo en nada de esto, porque si de algo debe empezar por hablarse en un proceso de paz con justicia social es de liquidar injusticias como ésta, y tantas otras que alargarían la nota y nos harían repetitivos en consideraciones y conclusiones.

Para concluir –porque tiene relación directa con el salario mínimo–, también debiéramos empezar por discutir salarios máximos, al menos en el sector público: todo lo que tiene piso debe tener techo para que se parezca a algo, porque si solo nos centramos en que los de abajo no ganen mucho y los de arriba ganen todo lo que puedan, estamos alimentando día a día un resentimiento social que en algún instante tendrá que reventar, como reventaron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) cuyo fuego estamos amainando, pero sin apagar el rescoldo que duerme bajo las cenizas.

Fin de folio.- Me gusta mucho recordar este verso del poeta Guillermo Valencia, que viene bien al caso: el hombre como el huevo, en nidos de dolor será serpiente; en nidos de amor será paloma.