FONTUR 2016
Impluvium, posverdad, panel 

Quisquillas de alguna importancia

efraim osorio

Obviemos, pues, modas y esnobismos, y formemos neologismos inteligentes. Pero, ¿quién diablos soy yo para dar siquiera una opinión? 

El columnista Pedro Felipe Hoyos Körbel escribe: “La estructura de la casa de la Colonización con su patio y sus corredores con columnas alrededor se basa en la casa griega. El patio, que ellos llamaban atrium tenía en el centro un pluvium o sea una alberca para recoger agua lluvia” (LA PATRIA, 28/6/2017). Describe ahí una de las características que tenían las casas romanas, cuando Cicerón pronunciaba sus discursos en el Senado.  ‘Atrium’ –del griego ‘aithrion’– significa ‘atrio, sala de entrada, zaguán’, definido por la enciclopedia Uteha así: “Pieza principal de las casas romanas consistente en una sala cuadrada o rectangular, que se encontraba inmediatamente después del vestíbulo. Al fondo, dando frente a la puerta de entrada, estaba el ‘tablinum’ (galería), y a cada lado las ‘alae’ (alas), con las imágenes de los antepasados”. ‘Impluvium’ (de ‘impluere’ –llover sobre, en o dentro–), ‘impluvio’, no ‘pluvium’, era “un depósito cuadrado y en medio del atrio, donde se recogían las aguas de lluvia luego de pasar éstas por el compluvium”. Éste era “una abertura de forma cuadrada, situada en el centro del techo del ‘atrium’, y por la que discurría el agua de lluvia que era recogida en el ‘impluvium’, en el piso bajo”. Nota: ‘Pluvium’ es el neutro del adjetivo masculino ‘pluvius’, cuyo femenino es ‘pluvia’, y que quiere decir ‘de lluvia’. Y recordemos el sustantivo ‘pluviosidad’ y el adjetivo ‘pluvioso-a’. *** 

Titular de una información enviada por el juicioso lector Guillermo Angulo: “La posverdad da el salto al Diccionario” (Alex Grijelmo, El País, España, 30/6/2017). En el texto correspondiente se lee: El director de esa institución, Darío Villanueva, lo ha anunciado este jueves durante su conferencia magistral titulada Verdad, ficción, posverdad, Política y literatura, que pronunció en Madrid durante la clausura del Máster Universitario en Derecho Constitucional ofrecido conjuntamente por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo”. ¡Qué maravilla! ¡Qué aporte extraordinario al enriquecimiento de nuestro léxico con vocablos espurios y absurdos semánticos, como el de la voz ‘precuela’ (que no es una inflexión de ‘precolar’, no, señor, sino un antónimo de ‘secuela’, como si ésta fuera una palabra compuesta, pues dice El Diccionario (2014) que se sustituye la sílaba ‘se’ por ‘pre’)! Para justificar su inclusión en el diccionario dice que ya alguien la usó en el 2003, y que el diccionario inglés de Oxford la declaró la palabra del año. Dice también que aún no tienen su definición. Si hay una palabra fácil de definir es ésa, pues cualquier acepción que le acomoden es la precisa, ya que su único significado lógico –‘detrás de la verdad’ o ‘después de la verdad’– fue echado al cesto de la basura para apropiarle cualquiera, caprichoso y arbitrario, sin ninguna duda. Si ‘posverdad’ significa ‘mentira’, ‘posmentira’ significaría ‘verdad’. ¿Absurdo, no?  Más adelante advierte: “Este uso del prefijo pos- no implica que vivamos un momento en el que la verdad ha desaparecido, del mismo modo que la “era posindustrial” no define la época en la que ya dejaron de existir las industrias”. Un sofisma, si los hay, porque el terminacho que me desvela desvirtúa el significado natural de sus dos elementos, prefijo  y nombre; no así ‘posindustrial’, pues este adjetivo quiere decir que esa época dejó de tener para la humanidad la importancia que tuvo durante su inicio y en su apogeo, no que haya desaparecido, pues queda en nuestra historia como uno de sus mojones. En Colombia, hoy, podemos hablar de la ‘era poscafetera’, puesto que ésta ya no es la base principal de su economía. Obviemos, pues, modas y esnobismos, y formemos neologismos inteligentes. Pero, ¿quién diablos soy yo para dar siquiera una opinión? ***

‘Novel’ (‘novato’) es una palabra aguda, cuyo plural es grave, ‘noveles’, es decir, que se acentúa en la penúltima sílaba. Elemental. Lo mismo que ‘lebrel’ (‘perro cazador de liebres’), que hace su plural ‘lebreles’. También ‘panel’, vocablo agudo que muchos pronuncian como si fuese grave, quizás por influencia del inglés.  De esta manera, no pronunciado sino escrito, aparece en el siguiente titular de El Tiempo: “Llegaron páneles de Celsia” (Cali, (1/7/2017). ‘Paneles’, señor, ‘paneles’.

[email protected]