Hablamos de poesía colombiana

Por JOSE MIGUEL ALZATE

jose miguel alzateUna conferencia dictada en la Secretaría de Cultura de Caldas por el escritor Hernando Salazar Patiño hace algunas semanas motiva esta columna sobre la poesía colombiana de todos los tiempos. ¿La razón? El conocido abogado abordó en su charla la vida y la obra de destacados poetas que por la calidad literaria de su poesía han logrado trascender. Salazar Patiño, que tiene un conocimiento amplio sobre poesía, deleitó a la audiencia al declamar poemas inmortales. Sobre todo porque lo hizo con profesionalismo, con buena vocalización y, lo que es más importante, demostrando que tiene excelente memoria. Esto lo comprobó el auditorio cuando Salazar Patiño se paraba de su asiento para declamar bellos poemas sin necesidad de leerlos.

Pues bien: pocas veces se dan en Manizales actos culturales que nos permitan a los enamorados de la poesía disfrutar momentos de esplendidez lírica escuchando hablar sobre esos artífices del verso que marcaron a varias generaciones y, sobre todo, recordándonos poemas que en la juventud nos aprendimos de memoria por el respeto a la métrica, la exaltación de los valores  y el lirismo encendido. Salazar Patiño abrió su intervención hablando de esos poetas colombianos de la época de la colonia, el tiempo que va desde el fin de la conquista hasta la independencia, que cincelaron en sus versos las costumbres de una época. Abordó a Hernando Domínguez Camargo, a Francisca Josefa del Castillo y a Juan de Castellanos, hablándonos de sus angustias y, desde luego, de su formación poética.

La primera sorpresa de la noche la dio Hernando Salazar Patiño cuando declamó de memoria algunos versos de “Elegías de varones ilustres de Indias”, un poema épico donde don Juan de Castellanos hace un relato extenso sobre la historia del Nuevo Reino de Granada. Un enorme canto de 113.609 endecasílabos, escrito en los que entonces llamaban octavas reales. Después de narrar la forma cómo surgió en la mente del autor el poema, Salazar Patiño explicó con lucidez los temas que Juan de Castellanos aborda con un dominio impecable de la técnica. El expositor se lució cuando declamó de memoria tres de sus estrofas. Y cuando explicó el contenido épico del poema, su dimensión poética, su fondo histórico y su valor literario.

Después de hacer una amplia exposición sobre la poesía que se escribió en Colombia en esa época, Hernando Salazar Patiño entró a hablar sobre los poetas que siguieron a esa época, deteniéndose en algunos nombres para explicar cuáles eran sus preocupaciones temáticas. Fue ahí cuando el estudioso, al hablar sobre la obra de José Manuel Marroquín, deleitó al público declamando La Perrilla, el poema más celebrado del autor de El Moro. Fue un goce intelectual escuchar esos versos graciosos que hablan de un pobre animal que no es capaz de cazar un jabalí. Una perra que “era de canes decana”, que “era otrosí derrengada”, que “la derribaba un resuello”. Es decir, un animal insignificante que “no era perra ni era nada” y “era tenida en su tierra por perra antediluviana”.

Un poema que mereció los aplausos del auditorio cuando Hernando Salazar declamó algunas de sus estrofas fue “Horas de tinieblas”, de Rafael Pombo. ¿Por qué razón este poema despierta interés cuando se escucha? Muy simple: “Horas de tinieblas” interpreta el sentir del hombre frente a la realidad que lo circunda en el plano religioso. Cuando el poeta se pregunta: “¿Por qué vine yo a nacer? ¿Quién a padecer me obliga? ¿Quién dio esa ley enemiga de ser para padecer? está indagando por el misterio de la existencia.  El expositor aclaró que Rafael Pombo se arrepintió de escribir este poema que es un clamor desesperado a Dios para que le explique la razón de la vida. En efecto, el autor escribió luego un poema corto donde aclara varios de las dudas que expresó en “Horas de tinieblas”

Paseándose en forma erudita por toda la poesía de la época, Hernando Salazar Patiño obligó a que el auditorio siguiera con su voz esos poemas que tocan las fibras más íntimas del alma, porque son piezas literarias que siguen vigentes. Cuando habló sobre “Memorias del cultivo del maíz en Antioquia”, el poema clásico de Gregorio Gutiérrez González, hizo recordar la cultura paisa. Y cuando declamó el poema “Canción del boga ausente”, de Candelario Obeso, lo hizo ciñéndose al lenguaje original del texto, dándole ritmo a los versos. En síntesis, excelente la charla de Hernando Salazar Patiño. Nos queda esperar otra donde nos hable del nocturno de José Asunción Silva, que lo tocó tangencialmente, y de “A solas”, el bello poemas de Ismael Enrique Arciniegas.