El G-20 y la cumbre de Hamburgo

albeiro valencia

Terminó la reunión del G-20 en medio de acuerdos, desacuerdos y tensiones por los temas centrales tan agudos, como el cambio climático, el libre comercio y la crisis de los migrantes. La reunión estuvo presidida de un clima enrarecido por el lanzamiento de un misil que realizó Kim-Jong-Un y por las manifestaciones contra las potencias, por las alianzas peligrosas entre los líderes. Pero también había mucho interés en el encuentro entre los mandatarios Trump y Putin. Hasta el Papa Francisco expresó su preocupación, pues afirmó que “Temo las alianzas muy peligrosas entre potencias que tienen una visión tergiversada del mundo”.

El protagonismo de Corea del Norte

Ante la retórica de guerra del presidente Trump, Corea del Norte también muestra los dientes y, como advertencia, Kim-Jong-Un hizo el lanzamiento de prueba, de un misil intercontinental, capaz de portar material nuclear y pronunció estas palabras provocadoras: “Los bastardos norteamericanos no deben estar muy contentos con este regalo enviado en el aniversario del 4 de Julio”. Advirtió que el misil es capaz de alcanzar cualquier lugar del mundo. Como el asunto es tan delicado algunos científicos consideran que Pyonyang tiene la tecnología para poner un misil en Alaska; esto preocupó a Trump quien pidió al gobierno de China su intervención. El tema es bastante complejo porque China también ha sido víctima de las provocaciones de Estados Unidos, como los ejercicios militares en sus aguas territoriales, o la venta de armas a Taiwán.

El abrazo entre Trump y Putin

Este era el encuentro más esperado, por todo lo que se cocinó en las pasadas elecciones de Estados Unidos. Cuando Trump era candidato dijo Putin que “Es brillante, muy pintoresco, tiene mucho talento. Un líder absoluto”. Y Trump devolvió el cumplido afirmando que “Es un gran honor ser halagado de esa forma por un hombre tan respetado dentro de su país y más allá”. Dicen que cuando ganó las elecciones la primera llamada que hizo, desde el Despacho Oval de la Casa Blanca, fue al Kremlin y que habló durante 45 minutos con el presidente ruso. Luego se agigantó el escándalo sobre la supuesta interferencia de Rusia en las elecciones y creció el resentimiento del Partido Demócrata. Olvidaron que Trump superó a Clinton porque se ganó el cariño de medio país; sobre todo supo llegar a los blancos nacionalistas empobrecidos, con bajo nivel educativo, que lo vieron como el símbolo de la lucha contra la política tradicional, en una verdadera rebelión electoral.

Como era de esperarse el primer encuentro entre los dos presidentes despertó suspicacias, dizque porque había mucha química. Además hubo pocas personas en la reunión, pues solo asistieron los dos traductores, el secretario de Estado Rex Tillerson y el ministro de Relaciones Exteriores Serguei Lavrov. Según la rueda de prensa que ofrecieron por separado, después de la reunión, acordaron una tregua para el suroeste de Siria y abrir un canal bilateral para discutir sobre el conflicto en Ucrania.

Bienvenidos al infierno

Pero la cumbre transcurrió en medio de multitudinarias manifestaciones de protesta contra los países que deciden el futuro de nuestras naciones. Grupos de la izquierda radical y antisistema, de Alemania, convocaron a una gigantesca marcha con la consigna “Bienvenidos al infierno”; lograron la participación de unos doce mil manifestantes, donde hicieron presencia mil encapuchados que lanzaron objetos contra la policía antidisturbios que trataba de dispersar y aislar a los violentos. Al mismo tiempo los organismos de seguridad tendieron un cordón para aislar una inmensa área entre el centro de congresos y los sectores donde se alojaban las 36 delegaciones de la cumbre; en estas zonas y en las rutas previstas para los desplazamientos de los asistentes a la cumbre estaba prohibida toda manifestación y solo se permitía el paso a los vecinos o residentes. Al respecto comentó uno de los organizadores de las protestas que “tienen secuestrados los derechos ciudadanos por un grupo que no representa a nadie más que al capital”. La manifestación del 8 de julio fue convocada con la consigna “Solidaridad sin fronteras en lugar del G-20”; algunas de las pancartas decían “Piedras no”, “Nuestra arma es la sabiduría”.

Las movilizaciones comenzaron el 6 de julio, pero al día siguiente, día de la inauguración de la cumbre, ya había un saldo de 209 heridos, por el choque con las fuerzas de seguridad, los incendios, saqueos y barricadas. Hubo unas 30 marchas de protesta pero la mayoría de las manifestaciones fueron pacíficas y estuvieron vigiladas por 20 mil policías que llegaron de toda Alemania; sin embargo no pudieron controlar todos los focos de insurrección contra la globalización, la inequidad económica y las pocas medidas que se tomaron para combatir el cambio climático. La canciller Ángela Merkel condenó la violencia afirmando que “por supuesto, entiendo que la gente se manifieste de forma pacífica, pero las manifestaciones violentas ponen en peligro la vida de la gente y eso no se puede aceptar”. Mientras sesionaba la Cumbre, ardían fogatas en el centro de Hamburgo, la ciudad se convirtió en un caos, muchos negocios cerraron sus puertas y numerosos bares pusieron carteles que decían: “Bienvenidos manifestantes”, “G-20 ve por una cerveza”, “Los abuelos están contra el G-20”.

El difícil consenso

A la canciller Ángela Merkel, como anfitriona, le tocó allanar caminos para lograr acuerdos frente a los líderes del mundo, donde se juegan tantos intereses: Donald Trump, Vladimir Putin, Xi Jinping, Emmanuel Macron, Recep Tayyid Erdogan y los representantes de América Latina, Enrique Peña Nieto, Mauricio Macri y Michel Temer. Los temas álgidos fueron la lucha contra el cambio climático y el comercio, en ambos el presidente Trump logró concesiones de sus socios. En el comunicado final quedó claro que el foro toma nota de la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París y que este país procurará trabajar con otros para “ayudarlos a acceder y usar combustibles fósiles” de manera limpia.

También hubo serias fricciones en el tema del comercio debido a la posición nacionalista y proteccionista de Trump, mientras que los otros países luchan para que los mercados permanezcan abiertos. Para evitar que Washington incluyera su credo, y evitara el acuerdo, el G-20 expresó su voluntad de impulsar un libre comercio “justo y basado en reglas” y aboga por el uso de “instrumentos legítimos de defensa comercial”, que era lo que pretendía la delegación de Estados Unidos para proteger sus intereses particulares.

Como se puede ver, todo muy tímido; solo quedan en claro algunas alianzas entre Trump y Putin; Merkel y Macron; Japón y China; y el necesario diálogo entre Merkel y Erdogan, para frenar la llegada de refugiados a Europa. Mientras tanto Corea del Norte utilizó la Cumbre para mostrar su poderío y los ambientalistas la capacidad de convocatoria.