Cotidianas

Por Perito en Lunas

Prólogo Uno

Como se lee a los columnistas y colaboradores de los medios locales, y no se tiene oportunidad de preguntarles, discutirles, reprocharles, estimularles, felicitarles, por lo que uno les leyó, y, eso sí, insultarles ¡nunca!, aunque algunos de ellos lo hagan con los tenidos como personajes, o con otros que nadie conoce, acudiendo a eufemismos demasiado obvios o a términos broncos que suponen exactos o de recibo, voy a ponerme en la empresa de trasladar muchos de esos comentarios, escuchados al desgaire, o a los amigos encontrados de paso, o con los que uno se sienta a compartir un tinto.

Y algunos de ellos, da pesar que se queden en la mesa de café, o en los sitios públicos donde todavía se trata de conversar, un arte en el que somos duchos los caldenses, pero que ha venido a menos, o desaparecido casi que por completo, si es que se tiene la paciencia, el estoicismo, o el nada qué hacer, de escuchar a muchos de los jóvenes de estos años…

Iba a seguir, pero caigo en la cuenta de que la crítica que me hacen, los que departen conmigo, es el hecho de alargar demasiado la introducción, para ir al meollo de lo que trato de comunicar. Los amigos tenían La Patria, que con Eje 21, los dos diarios del PCC, hoy, 13 de julio, salieron sustanciosos, si me atengo a lo que me acotaron.

  1. Escritor de pacotilla

En la “autobiografía patriótica” que el aranzazita César Montoya Ocampo, abogado, político y columnista de ambas publicaciones, cuyo vigor físico y mental admiro, así haya quienes le pidan se corte la coleta, porque  codician tal vez su cotidiano mano a mano con el olvido en vida, afirmó en roman paladino,  con franqueza, esa sí envidiable: “Soy un escritor de pacotilla” (sic)

Variadas las interpretaciones las que escuché. “Falsa modestia”, dijo uno, pero otro dijo que lo primero se le acomodaba a mucho de lo suyo, pero lo segundo a nada, porque la vanidad, de político y de orador, era su sello. Hubo quien no sabía qué significaba “pacotilla” y se le instó a que buscara en google, y leyó: “de poca importancia o de mala calidad”, y preguntó con simulada o real ingenuidad: ¿Autocrítica?  No faltó el “erudito” experto en lugares comunes que anotó de inmediato: “El estilo es el alma”, hombre no, corregí,  “el estilo es el hombre” es la frase manida que se atribuye a un francés, y no quise abundar, porque reviró, bueno, es lo mismo, o sea, que ahí Montoya fue auténtico, se definió tal como es.

La mayoría se limitó a escuchar, porque no les interesaba el referente, no lo leían o “no le gastaban tiempo” (sic). Pensé, qué dirá José Miguel Alzate, otro que escribe o publica,  paisano del doctor César, a quien profesa una admiración rayana en el deslumbramiento, y que guarda igual fervor por el estilo de García Márquez. El escrito abunda en sus frecuentes escarbar, hurgar,  barruntar, mas gustó que destacara lo godo de La Patria como “cenáculo celeste”, así como la equiparación del director Nicolás Restrepo con Arias Trujillo, Silvio, Aquilino, Alzate, o inclusive, Arturo Gómez Jaramillo, les pareció desproporcionada.

3.Relaciones Públicas

Rápido asoció el parangón un tertuliante, a la carta de queja, protesta o renuncia – no se entiende bien –, que en Eje 21 hizo don Mario Arias, y nos lee, oigan esto: “la frase de antología del británico George Orwell, que llevo tatuada en el alma” (sic) y tomó el periódico de casa, indicándonos la columna del médico Flavio Restrepo, para que confrontáramos. Volvió a mirar en el celular y entonó solemne: “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas”.

Ah, exclamamos, la misma que el doctor Flavio cita de epígrafe, el señor Arias la coloca de colofón. El mismo día, en que “comparten las congojas” en los dos medios, el impreso y el virtual, para lectores de la misma provincia. Quién aclara esto? quién copió a quién? hubo acuerdo? Leyeron el mismo libro y subrayaron la frase al mismo tiempo? Flavio también se la hizo tatuar? En qué obra puede leerse? Le cabe también a Montoya? Llovieron las conjeturas, cada vez más risibles.

Y esta es la síntesis de varios pareceres: que la frase ha sido requetecitada o muy recurrida en el menester periodístico; que ninguno de los dos es experto en Orwell o su lector devoto; que si fuera así, “Rebelión en la Granja” se presta más a satirizar; que ninguno menciona el libro de donde la extrajeron; que tampoco sabrían individualizarlo; que el que lo leyó fue el que le hizo el tatuaje a Arias, borrándole o tachándole el alma; que el médico la citó sin pretensión y por ser acorde con sus columnas; que Mario Arias sí hace “relaciones públicas”, sobre todo políticas, igual que Montoya, pero que éste es más periodista por trayectoria, que aquel; que ambos usan términos  rebuscados, pero tienen más “música”  los del de Aranzazu; que el que intenta leer al de Pensilvania, no logra avanzar y menos, traducirle; que es que se resbalan en la vicosa masa de saliva de zalemas con insultos excrementicios. En fin, los que me cupieron en la libreta.