FONTUR 2016
Argentina y la bomba de hidrógeno

Coronel  RA  Héctor Álvarez Mendoza

La situación de riesgo potencial que soporta el mundo por las amenazantes apetencias nucleares de Kim Jong-Un, dictador de Korea del Norte, de los gobernantes de Irán y las que en su momento mostró el desaparecido presidente Hugo Chávez, quien a mediados de 2009 anunció con bombos y platillos el proyecto de “nuclearizar” a Venezuela, trajo a nuestra memoria el caso de la Bomba de Hidrógeno del presidente argentino Juan Domingo Perón, quien también, ansioso de notoriedad, citó a una muy promocionada rueda de prensa el 24 de marzo de 1951, donde hizo uno de los “osos”  más formidables y peludos del siglo XX, cuando solemnemente anunció al mundo los logros científicos argentinos supuestamente alcanzados en la ‘’Planta Piloto de Energía Atómica’’, montada a gran costo en la Isla Huemul en el Lago Nahuel Huapi, Provincia de Río Negro cerca de San Carlos de Bariloche, en la Patagonia argentina, en instalaciones celosamente custodiadas por unidades selectas de todas las fuerzas militares argentinas.

Según el presidente Perón, los ingenieros argentinos, dirigidos por el “científico” austriaco Ronald Ritcher, habrían logrado encontrar el sistema para liberar la tremenda energía de la “fusión” en frío de los elementos más ligeros de la naturaleza, dando a su país el poder de utilizarla para usos energéticos y de ser preciso, advirtió, para  fabricar la Bomba de Hidrógeno, el arma más poderosa y destructiva concebida por el hombre, que hasta ese momento solo era una ficcción teórico-científica, un concepto matemático practicamente inalcanzable para la ciencia nuclear conocida en esos momentos.

El optimista anuncio argentino suponía que Perón y sus ‘’científicos’’ habrían resuelto los complejísimos problemas de la tecnología de la fusión, entre otros, la manera de alcanzar y controlar temperaturas cercanas a los cincuenta millones de grados Celsius, superiores a la temperatura del interior del sol, indispensables para iniciar una reacción termonuclear o de fusión.  De hecho, una bomba de Hidrógeno, para su funcionamiento necesita de una bomba atómica, o de “fisión” como disparador o fulminante, única forma de alcanzar las temperaturas necesarias para desatar la formidable reacción explosiva en cadena.

En pocas palabras, los argentinos se habrían adelantado en un tema de tan alta complejidad científica a los reconocidos y verdaderos genios creadores de la Bomba de Hidrógeno, el norteamericano de origen húngaro Edward Teller, el físico y disidente soviético Andrei Sajarov, premio Nobel de la Paz en 1975 y el matemático polaco Stanislaw Ulam, autores del diseño llamado “Configuración de Teller-Ulam-Sajarov” con el que se conoce el mecanismo de composición y funcionamiento de la Bomba de Hidrógeno actual, el arma termonuclear más poderosa y con mayor poder de destrucción ideada por el hombre, capaz de borrar a toda la humanidad de la faz de la tierra. Por algo se le conoce como el arma del fin del mundo.

Esta hazaña científica solamente habría de ser lograda dos años más tarde, en noviembre de 1952, por los físicos norteamericanos, después de largas y costosas investigaciones, cuando ensayaron en la isla Eniwetok del archipiélago de las Marshall en el Pacífico la primera bomba de Hidrógeno, denominada “Ivy Mike” con una potencia explosiva de 11 megatones, equivalentes a 11 millones de toneladas de TNT que virtualmente borró del mapa la isla, levantó un hongo de humo, cenizas y detritus radioactivos de 70 kilómetros de altura y destruyó todo vestigio de vegetación y vida silvestre y marina a centenaares de kilómetros a la redonda.

Meses después, el 28 de febrero de 1954, sobre el Atolón de Bikini, parte del mismo archipiélago de las Islas Marshall, los norteamericanos lanzaron una segunda bomba de 15 megatones, denominada “Castle Bravo”, causando la explosión artificial más poderosa conocida hasta ese momento por la humanidad, que causó más amplia destrucción que la bomba usada en Eniwetok.

Las dos bombas H mencionadas fueron setecientas y mil veces más poderosa que las bombas que destruyeron Hiroshima y Nagasaki, de escasos 13 y 20 kilotones, equivalentes a 13.000 y 20.000 toneladas de TNT, que causaron cerca de 250.000 víctimas mortales y la destrucción casi total de las dos ciudades el 6 y 9 de agosto de 1945. Por su parte, los soviéticos ensayaron su primera bomba de hidrógeno, diseñada por el físico Andrei Sajarov el 23 de agosto de 1953 y 8 años más tarde rompieron todas las marcas cuando sobre el archipiélago de Zembla ensayaron la llamada “Bomba del Zar” de 57 megatones, el arma más poderosa y destructiva que ha sido ensayada en toda la historia de la humanidad, lanzada en esta oportunidad desde un avión bombardero Tupolev TU-95, pilotado por el Mayor Andrei Durnovtsev de la fuerza aérea soviética.

En el caso argentino, Perón destinó ingentes cantidades de recursos en beneficio del proyecto y con fecha 31 de mayo de 1950 dictó un decreto creando la Comisión Nacional de Energía Atómica a la cual fue llamado, entre otros, el doctor José Antonio Balseiro, joven científico argentino quien en ese momento se encontraba en Inglaterra adelantando estudios de Física Nuclear. Fue precisamente el Dr Balseiro quien al estar cerca del desarrollo del dudoso proyecto dirigido por el pseudocientífico Richter, se dio cuenta y puso en evidencia que el objetivo propuesto era inalcanzable por inviable y absurdo y que todo lo que se estaba haciendo no era más que un colosal fraude para descrestar ingenuos.

Días después, las mismas autoridades policiales argentinas confirmaron que el austriaco Ritcher era en realidad un charlatán ignorante y un timador profesional que se aprovechó de la ingenua soberbia de Perón y su círculo de aduladores incondicionales, por lo cual, una vez descubierto el fraude, el mandatario retiró todo su apoyo al fracasado proyecto. Los mismos argentinos caricaturizaron y ridiculizaron la costosa metida de patas del proyecto Huemul apodándolo ‘’Proyecto Huemula’’.

Perón fue otro ‘’iluminado’’ de su tiempo que buscaba la aprobación del mundo mostrando proyectos fantásticos, enviando a su rutilante esposa Evita Duarte en promocionadas giras europeas y regalando a manos llenas, no petróleo, como se estila en estos días y latitudes, sino carne, trigo, legumbres y otros alimentos indispensables para los arruinados y hambrientos países europeos de la posguerra. Un Perón generoso con la riqueza de sus gobernados, que en medio de desplantes histriónicos y expresiones ampulosas acaparaba la atención en las primeras páginas de los diarios del mundo.

La misma atención que captaba Chávez con sus amenazas e insultos, sus chistes procaces, sus cantos destemplados y demás desplantes en la ONU, la OEA o en cualquier otro escenerio internacional, la que sigue intentando captar, con mucho menos atractivo, escaso éxito y con la pata habitualmente metida hasta la ingle, el presidente Nicolás Maduro y que seguramente también captaría hoy Joseph Merrick, el Hombre Elefante, si resucitara y se dedicara a hacer payasadas, aullar sandeces y hacer política a costa de repartir a manos llenas riquezas que no le pertenecen y que, sobra repetirlo, tienen al país con las mayores reservas probadas de petróleo en el mundo, al borde de la miseria, el caos, las enfermedades y el hambre.

Pero eso si, no nos equivoquemos, con generosas dotaciones de viejos y nuevos fusiles Kalashnikov AK-47 en manos de la chusma de las barriadas más peligrosas de las ciudades y de sus fuerzas armadas respectivamente, obsoletos pero aun operativos y peligrosos tanques T-72B1, modernos aviones Shukoi SU-30 y misiles rusos de todas las especies, tan costosos como inútiles, para pelear guerras que solo caben en las calenturientas mentes que han forjado, sostienen y alimentan la calamitosa revolución bolivariana del Siglo XXI.

El costoso y variopinto arsenal de los vecinos no nos debe preocupar, más allá de pensar que nuestra situación es semejante a la de cualquier comunidad con un vecino polvorero, a pesar de pasadas amenazas como la de Chávez  cuando en su momento, en tono camorrero advirtió al presidente  Uribe, , “Le mando unos Shukoi, compañero”. Lo que si mete miedo es la cuerda de incompetentes e insensatos que están a cargo de semejante polvorín y de la dinámica habitual de la toma de decisiones en ese país hermano, lo que hace sospechar que Maduro, Cabello y compañía a lo mejor deben haber calculado que en vez de amenazar con mandar Shukois, resultaría más efectivo y perversamente dañino advertir a nuestro gobierno:

Le mando unas vacas con aftosa, compañero”. Dios nos agarre confesados.