Antiseducción

Por Carlos Alberto Ospina M. 

De pies a cabeza, de botones adentro y afuera, existen infinidad de formas de seducción de las mujeres a los hombres. Extensos manuales integran la estantería de varias damas, sin distinción de edad, con accesos a redes u otras plataformas tecnológicas, y propósitos disímiles en cuanto a las técnicas de persuasión. El hecho es que la teoría abunda y es generosa en cuanto al lenguaje corporal. Habla de argucias, capacidad de engaño, esfuerzo, conocimiento y hasta el aspecto moral interviene, calificando la seducción de “halagos para algo, frecuentemente malo”. (Diccionario de Lengua Española).

Prosopopeyas adornan el nombre de personajes ficticios, reinas de dinastías egipcias, músicos, actores, escritores y galanes de vereda. Iconos y romances van de la mano de la seducción. En el plano individual y concreto, la experiencia supera los arquetipos de playboys y nos conduce al campo de los comportamientos que castran la atracción. Es una mirada práctica y simple desde la perspectiva de unos cuantos hombres. No se trata de un estudio epistemológico ni una profunda investigación académica. Es la anécdota cotidiana de las relaciones, germinada en el vientre mismo del prejuicio, a través un vistazo masculino sin pretensiones dudosas, pero sí, con una dosis de frustración debido a la ausencia de espontaneidad.

Básico que los malos olores, el exceso de fragancia corporal, la conducta fingida y el lenguaje vulgar, entre una extensa serie de accidentes fortuitos, malogran cualquier intento de cercanía. Aplica para ambos sexos sin reparo de edad, estrato socioeconómico o nivel de formación.

Hagamos una pequeña lista caricaturesca, a lo mejor, jocosa de ciertos estereotipos, no machista, de la antiseducción:

Sentados a manteles, el diálogo y la concertación, culmina al momento que la mujer decide sobre los gustos alimenticios equilibrados o saturados. La vegana fanática saca el látigo discriminador y modifica el instante mágico de afinidad. El sujeto se trasmuta en un atontado y putrefacto zombi a causa del supuesto consumo de carne. El cuerpo es invadido por el remordimiento.

Algunas señoras adoptan el tono militar, no falta quien le guste asumir el rol pasivo, y ordenan discreta o directamente la separación de las grasas saturadas, los carbohidratos y las calorías. “Por qué no te comes la mitad del chicharrón. Después de esa tajada de maduro ¿no vas a pedir postre? ¡Te das cuenta que estás gordo!”. A ese extraño e inverso sentido del tacto, se agrega otra sucesión de negaciones: “Sabes, deberías cambiar de peinado, pareces un retrato. El jean de talle corto, te sacan más la barriga. Es bueno que te modernices. Mis amigas dicen que eres muy especial, pero que pareces un ñoño”.

Muy cerca de las pesadillas y del destino final de la seducción se halla la mujer que enloquece por las mascotas. Besos y lamidos van y vienen entre la boca de ella y la trompa del animal. Luego, la dueña pretende que suceda el intercambio de fluidos, bacterias, virus, parásito e infección, ya sea producto de la cadena alimentaria o del ambiente, obviando el sentido elemental de las proporciones que debe prevalecer a la hora de babosear el hocico de la mascota o los labios de la pareja. Aquello no representa el miedo patológico ni zoofobia, las matemáticas para dummies son exactas: Por cada milímetro de saliva de una persona se calcula que hay más 100 millones de bacterias y unas 700 especies de éstas. Entonces, ¿cuánto líquido salival (microorganismos) se transfieren a un humano después de que la mascota que se pasa la lengua por su aparato genital varias veces al día? ¡Antiseducción total!

De cosas insustanciales está llena la vida. La pobreza de pensamiento desanima, genera apatía e indiferencia sexual. Poco importa la escala de estudios. Más bien es un asunto de personalidad, carácter y definición. Una mujer brillante, luce, no presume. Tampoco pretende ser idiota ni autosuficiente, y menos, sacar la bandera de prócer de la independencia femenina con el objetivo de rechazar cualquier acto de solidaridad, apoyo y comprensión. Demostrar temperamento no significa ser inabordable ni ausente de humildad. Seduce la inteligencia, abate el endiosamiento.

“Hoy pedimos el helado con brownie, pero mañana vamos al gimnasio y hacemos dos horas de spinning. Recuerda no comprar agua en botella, hay que cuidar el medio ambiente”.  El tema ambiental no se impone, es un acto de responsabilidad y de consciencia individual. Cualquier clase de obsesión coarta la naturalidad y pone cortapisa a la conexión.

La denominada “intensa” sí afecta el equilibrio de la relación, asfixia y derrumba. El apego y la codependencia son, tan Anti, que el interés se desvanece como “agua entre los dedos”.

La “cuchi barby”, la loca alborotada, la borracha fácil, la devoradora, la bonita creída, la quejumbrosa, la postiza, la sexi insegura, la “vitrinera”, la que se da auto-like, la transformer, la vulgar, la criticona y la presuntuosa; entre una amplia gama de posibilidades, integran la congregación de mujeres antisensuales y cero atrayentes. Repito, esa percepción se relacionada con un tipo de hombre distante del Complejo de Licea, la Venustrofobia, la Caliginefobia, la misoginia o la ginefobia; es decir, aquel que no profesa “un miedo injustificado a todas las mujeres”. Nada de traumas, ni agresiones ni alertas, sólo juguemos a entender ciertas actitudes que matan la pasión. También los hombres tenemos el derecho de realizar nuestro inventario de “locuras féminas”. Es por esto lo que ¡las demás Mujeres pasan bellamente inmutables!

Enfoque crítico – pie de página. “Las investigaciones sugieren que la perspectiva de los hombres respecto al amor a menudo se enfoca en los aspectos pasionales de estar enamorado, más que en la estabilidad emocional y aspectos de apoyo… Es fácil desestimar a los hombres como lujuriosos, pero el amor es multifacético, y sentir atracción por la pasión no hace el amor de un hombre menos verdadero o significativo”. Esther Boykin, terapeuta familiar.

“La discriminación por motivos de género está irrevocablemente relacionada con resultados sanitarios negativos para las mujeres y las niñas. Los pobres resultados sanitarios asociados a dicha discriminación suelen verse agravados por otras formas de desigualdad relacionadas con la situación socioeconómica, el origen étnico, la orientación sexual, la afiliación religiosa o la ubicación geográfica. Aunque estas desigualdades suelen estar codificadas en formas ‘normalizadas’ de vida…” Organización Mundial de la Salud.