20 de octubre de 2020
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El sacrificio de Guadalupe Salcedo

27 de junio de 2017
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
27 de junio de 2017

albeiro valencia

El 6 de junio de 1957 un grupo de policías asesinó a este comandante de los guerrilleros del Llano, después de firmar la paz y, desde ese momento, creció su leyenda. Nació en Tame, Arauca, en 1924; era hijo del ganadero venezolano Antonio Salcedo y de Tomasa Unda, de Orocué. Creció en medio de los hatos de ganado, manejando reses y montando potros y así lo sorprendió el período conocido como la Violencia de los años cuarenta. Asesinaron al caudillo popular Jorge Eliécer Gaitán y se agudizó el odio entre liberales y conservadores y la guerra civil pasó como una tormenta por aldeas, pueblos y ciudades. Cuando la Violencia llegó al Llano, que era la región más liberal del país, se unió el pueblo (hacendados, ganaderos, vaqueros, caporales y conuqueros, o la población más pobre) contra las fuerzas del régimen, representadas en la Policía.

La guerrilla de los Llanos Orientales

Los líderes surgieron de manera espontánea en Arauca, Casanare, Meta y Caquetá. En Cravo Norte se destacó José Carreño; en Yopal, Eduardo Franco Isaza; en Casanare y Meta, Guadalupe Salcedo y en San Juan de Arama, Dumar Aljure. Se decía que en Villavicencio se estaba organizando una fuerza policial con el fin de controlar el Llano, bajo el nombre de Batallón Vargas, para perseguir a los rebeldes conocidos como guerrilleros; se preparaba una gran invasión para agosto de 1950.

De acuerdo con Eduardo Franco Isaza, en su libro Las Guerrillas del Llano, las autoridades fiscalizaron los suministros para la población. “Empezamos a sentir la escasez. Los artículos de toda especie fueron controlados. De los pueblos no salía nada hacia las sabanas y si algo dejaban pasar, era en cantidades mínimas; un paquete de cigarrillos, dos espermas, una caja de fósforos, dos yardas de tela. Quien viajara al interior del país era sometido a escrupulosos exámenes y requisas”. En este ambiente el Gobierno permitió que la tenebrosa policía Chulavita cometiera atropellos; como respuesta los liberales se armaron y crearon un ejército irregular de más de diez mil insurgentes.

Mientras las fuerzas armadas del Gobierno protagonizaban bombardeos en las zonas controladas por la guerrilla, los insurgentes realizaron numerosas operaciones contra la Policía y el Ejército. Se recuerda la emboscada de El Turpial, comandada por Guadalupe, el 22 de julio de 1952, cuando cayeron 96 miembros de las Fuerzas Armadas. El levantamiento del pueblo fue general; primero derrotaron a la Policía y luego arrinconaron, en los cuarteles, al Ejército Nacional. Al principio los grupos guerrilleros estaban desarticulados, pero poco a poco se fueron reuniendo alrededor de la figura de Guadalupe, quien fue elegido comandante supremo de las fuerzas revolucionarias. Como fruto de esta organización redactaron la Ley del Llano (11 de septiembre de 1952), un documento que refleja los sentimientos del pueblo alzado en armas y cansado de tantas ignominias y oprobios. Esta Ley fue suscrita por el “Comando Guerrillero de los Llanos Orientales” y aparecen las firmas de más de 42 dirigentes, entre ellos están Eduardo Franco Isaza, J. Guadalupe Salcedo, José R. Mogollón, Luis Eduardo Fonseca, Vitelio Castrillón, Dumar Aljure y Marcos Achagua, entre los más emblemáticos.

En el proemio hicieron constar lo siguiente:

Debido a la ineptitud en la administración de justicia por parte de la Dictadura que rige hoy en día los destinos de nuestra Patria, sistema que quedó abolido en los Llanos de Casanare, lo mismo que en las demás regiones en donde impera la ideología liberal, gran parte de sus miembros activos dentro del proletariado se levantaron en armas para reclamar el imperio de la justicia y libertad (Umaña Luna, Eduardo. En: La violencia en Colombia. Carlos Valencia Editores, Bogotá, 1988).

El golpe de opinión

El país estaba sumergido en el caos de la violencia y los partidos políticos destrozados. Los conservadores divididos entre laureanistas, ospinistas y alzatistas y los liberales con sus jefes desterrados y vacilando entre la legalidad o el apoyo al campesinado liberal levantado en armas.

Ante la realidad diferentes sectores políticos soñaban con un golpe militar. Recordemos que el presidente era Laureano Gómez y que en sus manos se produjo el caos y el vacío de poder; Mariano Ospina Pérez promovía el golpe porque un gobierno militar crearía el ambiente para el cambio de régimen y lo mismo pensaba Gilberto Alzate Avendaño, entonces ambos querían la paz y la presidencia del país. Y los jefes liberales, con su partido mayoritario, suponían que una intervención militar sería transitoria, regresaría la normalidad institucional y volverían al poder.

El Ejército vivía un proceso de politización y estaba unificado alrededor del General Gustavo Rojas Pinilla cuyo prestigio crecía en medio del desgobierno y del autoritarismo del presidente. Laureano Gómez trató de aislar a Rojas y en este punto se creó el ambiente necesario para el golpe, que se realizó el 13 de junio de 1953. La Asamblea Nacional Constituyente estableció que había quedado vacante la presidencia y legalizó el mandato presidencial del General Rojas hasta agosto de 1954. El cambio de gobierno significó un alivio para los liberales, después de siete años de persecución y un respiro para ospinistas y alzatistas; por esta razón el hecho político se aceptó sin darle el nombre de “Golpe de Cuartel” sino “Golpe de Opinión”. Casi todo el mundo participó de la euforia, incluyendo a los gremios empresariales y a la Iglesia.

Mientras tanto la guerrilla del Llano seguía actuando. El 13 de junio de 1953 se expidió la segunda Ley del Llano, un Estatuto más sólido que el anterior, de 224 artículos, bajo el título de “Ley que organiza la Revolución en los Llanos Orientales de Colombia”, redactada por el abogado José Alvear Restrepo. Los reunidos en el Congreso nombraron Comandante Supremo de las Fuerzas Revolucionarias (José Guadalupe Salcedo Unda) y un Estado Mayor Revolucionario (Jorge González, Eduardo Franco Isaza, José Alvear Restrepo, Rafael Sandoval y Carlos Neira). La Segunda Ley del Llano asumía que la región había sido liberada y que se trataba de un Estado independiente.

Durante el primer año de gobierno, Rojas recorrió el país buscando consenso para la paz, atacó la corrupción del poder judicial y agitó la consigna de “No más sangre, no más depredación a nombre de ningún partido”. Esto caló hondo y el 22 de julio de 1953 las guerrillas liberales ordenaron un cese de actividades; luego, a principios de septiembre, Guadalupe Salcedo llegó a un puesto del Ejército ubicado en Monterrey, Casanare, con 12 de sus comandantes y 300 hombres y presentó un pliego de peticiones de 24 puntos. El Ejército aceptó el diálogo, pero si se presentaban sin armas; Guadalupe aceptó y los combatientes entregaron sus armas al general Duarte Blum. Esto sucedió el 15 de septiembre de 1953 y los fotógrafos de la gran prensa registraron el hecho. Se dice que aquel día los guerrilleros recibieron a cambio “un pantalón caqui, unos zapatos y un azadón”. Los demás comandantes guerrilleros lo criticaron porque se desmovilizó sin haber recibido garantías concretas por parte del Gobierno Nacional. Guadalupe se retiró a su finca Guariamena, ubicada en Orocué, Casanare.

El asesinato de Guadalupe

El 6 de junio de 1957 el líder de los llaneros se reunió con algunos dirigentes del liberalismo y con varios excomandantes guerrilleros, en un restaurante del norte de Bogotá, después se detuvo con sus escoltas en un bar cerca del sitio de donde salían los carros de servicio público para Villavicencio, pero notaron que los estaban espiando. Ante el inminente peligro trataron de escapar, pero fueron alcanzados por una radio patrulla de la Policía. Se bajó del carro con las manos en alto, pero fue asesinado. Y empezó la leyenda que recorre los territorios de Arauca, Casanare y Meta. Es el héroe, el ideal del llanero, que dio la vida por sus principios.

¡Ahí viene don Guadalupe

sobre su caballo bayo,

con el sombrero de pelo

y el pañuelo raboegallo,

y en la punta de la lanza

el pabellón colorao!

¡Ánimas don Guadalupe!

que ya el sol está clariando

y la madrugada canta

en el pico de los gallos,

¡Si nos quitaron la Patria

la estamos reconquistando!