Sentimiento luctuoso
Por Augusto León Restrepo 

La movilización ayer de la gente por el maltrato a una perrita es muy importante; lo que preocupa es que en el plan pistola han asesinado once policías y nadie dice nada. Este el el texto de un mensaje que me envió al celular el distinguido Coronel retirado Héctor Alvarez y que me hizo sentir un agudo dolor y estremecimiento en mis fibras sensibles. Y que de inmediato envié a mis mas cercanos corresponsales, muchos de los cuales, como yo, somos defensores a ultranza de LA VIDA humana, de su inviolabilidad, de su instauración como valor supremo de la sociedad. De ahí que hubiéramos celebrado la terminación del conflicto armado entre las Farc y el Estado colombiano y celebremos día a día el hecho tangible, verificable, de que por su causa- la terminación del conflicto, reiteramos- las camas de los hospitales militares se encuentren vacías y que las malditas minas quiebrapatas se hayan dejado de activar contra los niños campesinos, contra los habitantes de los lejanos e ignorados lugares donde se daban lugar los combates  desde hace mas de cincuenta años.

La muerte de los soldados y de los policías, por inútiles y gratuitas, nos deben sobresaltar. Los francotiradores cobardes y aleves, los pistolocos a sueldo o recompensa, deben ser extirpados sin contemplaciones por parte de las fuerzas armadas legítimas. Con toda su energía y capacidad represiva, con nuestro respaldo permanente. Y es obligación de los colombianos todos, solidarizarnos con sus soldados y policías, con las viudas y los huérfanos, cada vez que hay una baja en sus filas. Cuando en los países europeos asesinan a un policía, cuando los terroristas los hacen víctimas, las fuerzas políticas, las que llaman las fuerzas vivas de la sociedad, cogidas del brazo, recorren en forma espontánea, sin citaciones previas las principales calles y avenidas para protestar por las infamias. Y los escritores y columnistas mas influyentes utilizan sus espacios para llamar a la unidad nacional, a la solidaridad ilimitada, a la exigencia para que el tejido social se recomponga y para que los violentos sientan que las víctimas y sus dolientes no están solas. Aquí la noticia de que un uniformado es asesinado, cuando mas merece cinco líneas en las páginas interiores de los diarios y los escribidores nos dedicamos a pasar cuentas de cobro al gobierno de turno o a arengar a los oyentes y a los lectores con mensajes electoreros y de desunión. A sacar provecho para pasajeros triunfos políticos, para despertar simpatías con causas que son deleznables de por sí, como la oposición cerrera a que se coronen procesos que abonen la resbalosa paz, la de la ausencia de armas, la de los espíritus.

Sí. Nuestras fuerzas armadas requieren que se les exprese nuestro repudio a los actos que atenten contra sus efectivos. Las disidencias de las Farc, las cuadrillas aún alzadas en armas, los llamados clanes delincuenciales, las bacrim, no pueden seguir con la creencia de que nuestro silencio es cómplice ni que pasar por alto sus atrocidades es alimentar la indiferencia, la connivencia con la muerte cuando no toca a nuestras propias puertas. Yo no tengo otra forma de expresar mi sentimiento para con los militares caídos que estas frases condolidas, las que le pido al Coronel Alvarez que las haga llegar a sus destinatarios naturales . Y manifestar que quienes se movilizan contra quienes agreden a los animales, también compartan su repudio por los atroces actos contra unos hombres que son inmolados por defender una institucionalidad deshecha por las confrontaciones y que solo en los papeles legales, en la letra muerta existe, porque la  han hecho trizas  quienes creen que solo a través de la guerra es mantenible. Y porque solo en la paz de los sepulcros creen.