13 de abril de 2021
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Memorias de Fu Manchú II

7 de mayo de 2017
Por Fu Manchú
Por Fu Manchú
7 de mayo de 2017

La historia contada por el no tan ingenuo “Marrano azul”, (Montoya Ocampo), deja entre líneas mucha tela por cortar. Yo que lo conozco tan bien, pregono: “Que te compre quién no te conoce”. Conocimiento obtenido cuando de paso para mi buhardilla de la Unión, hacía la obligada parada en una fonda próxima al bejucal “Cochabamba”, nombre que debe haberle puesto su ex dueño a su fundo, en memoria de la empingorotada chola boliviana, que tuvo la desdicha de caer en sus redes, captada -contaba el mayor Castaño- y engolosinada por su melosa parla pasada de moda. Linajuda dama que dejó botada en Aranzazu.

Vecinos de la tierra de ombligo, que me mantuvieron al día sobre la “obra y milagros” del “marrano azul”, como de su “vademécum de equivocaciones”, en que como dice su crónica, “avanzó y retrocedió”. “cayó y levantó”. “amó y odio”, sin agregar, donde igual “engañé y volví a engañar”, a todo el que para su fatalismo se le atravesara en el camino. Causa de los miles de “Gólgotas”, padecidos por los millones de engañados.

De las campañas de las que habla el cuasi-Hermano, Crisóstomo Ignacio, me consta que en ellas era espiado por los “Carebajitos (marranos) del Norte”, en época electoral, en la que se prendían las alarmas en todos los chiqueros o porquerizas. Decían: “Cuídense que viene el negro César”. Esto por la obligada comilona de lechona con la que él recogía a los lisos electores, interesados solo en las comilonas. A pesar de la alerta, la verdad fue que al final de la campaña, no quedaba marrano vivo, ni elector mal comido, los que desaparecían eso sí el día de elecciones, arrastrados por la competencia.

En cuanto a que “Soy hijo de Salamina por determinación del Concejo Municipal”, me puse en la tarea de revisar, folio a folio, los anales del Concejo, y no encontré rastro de dicha declaratoria. Emplazo a que exhiba el documento.

Es verdad que quiso ser alcalde, no una sino varias veces de la ‘Ciudad luz’. Afortunadamente los “hados” se alinearon a su contra, fruto de su vida disoluta, al lado de la bella Belén Loaiza, que se decía en el pueblo, que conocía más cacaos que el orinal del café la Cigarra de la plaza, o del Polo, de la calle real, donde no íbamos todos tras los “Huevos al vapor”, y la “Macana”. Damisela con la que compartió sábanas por años, y que acabó con su poco prestigio y disolvió el patrimonio, cumpliéndose aquello que lo que por agua viene por agua se va.

Alcaldía atajada -gracias a Dios- por las “500 becas” que el clientelista supremo de Caldas repartió entonces, sacadas del “barril de los puercos”, -léase ‘mermelada’-. Cóctel que lo llevó a la condición de “guiñapo electoral” como se reconoce. Dicen mis paisanos niguateros: “El que en la miel anda algo se le pega”. Periplo repetido por Germán Elías Gómez Hisaza, ese sí blanco de verdad, de “dedo parado”, que terminó con dedo “agachado”, como el “negro Montoya”, pues se dedicó, como él, a chupar aguardiente abrazado a “Inesita”, putica pescada en Toriles, alumna adelantada de “Belén de Montoya” o de “Restrepo”, nunca se supo, razón para qué ni Montoya ni Germán Elías, llegaran a ningún Pereira. De ahí el ostracismo político de ambos.

El “marrano azul” le prendía por entonces, velas al finado “Guarín Bernal”, en compañía de Jairo Salazar su amigo. Época en que el negro César esperaba a la entrada de Salamina a Omar Yepes, con el “Comité de recibimiento”, que lo saludaba con una miedosa lluvia de piedras. Cómo cambian los tiempos, dice el tango. Verlo ahora arrodillado, batiendo incansable el incensario.

Su parcial recuento histórico no menciona la derrota infligida por el condenado subjefe liberal, Enrique Emilio, con Luis Guillermo Velásquez, su candidato. Luego Ángel Barco le entregó una corbata en el Congreso, al mismo tiempo que O. Yepes, bautizado por Mario Arias, como el “Bobo vivo”, le obsequió otra en el Senado, dizque para quitárselo de encima. En su nueva aspiración a la alcaldía a nombre de Yepes, este convocó a su fortín de Palermo al directorio de los “pisa-huevos” -cuando mandaba en calzoncillos y era obedecido-, comandados por Cano Antonio, -apodo que le acomodó el negro César que nunca lo pudo ver ni ahora- quien recibió la orden -a pedido del aspirante Montoya- de cerrar su sede (directorio) y trasladarse con su gente al de Germán Elías.

El obediente personaje, convirtió su Directorio en bodega donde almacenó 20 millones en tejas de eternit de segunda, compradas en Colombit por Yepes para intercambiar por votos.  Fu Manchú no olvida ni las becas, ni las tejas, ni los cuadernos, ni el material de electrificación, ni de construcción, etc. con los que el yepismo “convencía” entonces a los incautos, ni el aguardiente de degustación -gratis- que se bebió, con la que Yepes quebró la Licorera, ni las viandas del apoteósico cierre de campaña a la alcaldía, cuyo florido discurso ensalzaba al candidato Montoya a más no poder, tanto, que lo quemó ese mismo día, palabras a cargo del ex cura Alfonso Giraldo Jiménez. Derrota que se debió a la abstención y/o el voto en blanco que el despreciado comandante de los “pisa-huevos” ordenó a sus muchos prosélitos.

La Unión, abril de 2017