Memorias de Fu Manchú

Fu Manchú

La “obra y milagros” del ecléctico “Marrano azul”, desposado con la doblemente HEROÍNA, por haber soportado estoicamente a su infatigable galán, el que desde los años mozos ha juergueado, seducido y coronado pizpiretas y humildes reinitas populares, que le aportaron su bien ganada fama de envidiado gallinazo, al punto de hacerse al apodo de “chimbo-de-oro”, acreditado por su vida de gitano, del que se deduce que tenga más hijos que un maguey, lo cual no me consta. En cambio, sí atestiguo los celos causados a Efraín Restrepo, por el bien común que por tanto tiempo compartieron, la arrecha Belén Loaiza, término (para los malpensados), sinónimo de malgeniada o brava. Historia que confirmó su yerno, en la sorpresiva visita a Salamina, a raíz del incendio, por encargo –dijo- del gobierno que ofreció reconstruir los daños.

Salí a recibir al esférico Ministro, con Álvaro Arias, y oí que se decía que tenía más cintura un pilón, al respecto, Julio César Echeverry, ex alcalde al que no le cabe una arruga más, sentenció: “Felices los gordos que mueren sin arrugas”. Fue motivo de conversa, igual, la ausencia del negro César Montoya, que tan arrogante y garboso se le veía pasear, con sus ínfulas de curtido estadista, por la calle real, del que la gente reclama que se haya despachado con apenas una nostálgica columna, sin contante y sonante metálico de ayuda, justificada su avaricia, por la trunca añoranza de haber querido ser declarado hijo de la “ciudad luz” norteña, y nada, título del que nadie da fe haya obtenido, por voluntad suprema del Concejo, como él afirma, ya que no aparece en el archivo.

Salamina ha elegido tres alcaldes godos por votación popular, el citado, Julio César, Enrique Escobar y Ferney Gómez, ninguno con los rancios pergaminos de esa “cumbre de la intelectualidad”, el rey de “Cochabamba”, andurrial donde la perramente lo gotereó por décadas, motivo de escándalo de las “Damas Grises”, que desde lejos le echaban agua bendita, en busca de exorcizar sus pecados, quien nunca se cuidó que los vieran amartelado con putas de todos los pelambres. Bacanales censuradas desde el púlpito por Monseñor Isaza. Diabólica conducta a la que se le adjudica tanta desdicha electoral, máxime que se sabía de su amplitud con las meretrices, y apretado con la política. El ácido Gómez Barco, le acomodó el mote de “Ave de mal agüero”, en razón a que candidato que apoyaba, candidato derrotado.

Al aspirar como yepista a la alcaldía, se cocinó en casa de Luis Higuera la alianza que lo atajó, compuesta por marinistas que sabían de qué pata cojeaba, entre ellos, Germán Murillo, Mario Alonso López, Jairo Velázquez, Ferney, que “songo sorongo” llegó a la alcaldía de mano de Cano y el ex representante, Aurelio Mejía Saraza, detenido por narcotráfico, quien conspiró hasta hacerse a la curul del detenido Fabio Martínez, de Villamaría.

Campaña en la que el “marrano” protagonizó un incidente en el que casi corre sangre. Programado con Germán Elías (su aliado), un acto político frente a la alcaldía, recibió entre vítores al jefe, “Cabeza blanca”, Pilar, Dilia, Mario Arias y Ricardo Zapata. Concluida la francachela, Omar y la comitiva, salió a encontrarse con Antonio Cano, parqueado al frente del Club Chamberí, que lo había invitado al “sudadito”, debilidad de Yepes. Detrás, apareció Montoya, que igual tenía preparado el suyo. Pálido, alicorado, rezongaba pestes, echaba madrazos, y en voz alta decía: “Uno trae al jefe y otro ‘güevón’ lo aprovecha”. Directo a la mandíbula de Cano, que se hizo el pendejo, de pronto Montoya, ya salido de casillas, le espetó: “Es para usted marica”. Quién dijo miedo. Ni corto ni perezoso, con la velocidad de un rayo, Cano lo tenía enfocado con un Smith and Wesson. Pilar, Dilia y Ricardo, todavía deben estar buscando escondederos.

Salomónicamente Omar partió con el ofendido y el “ángel de la guarda”, Mario Arias, camino a casa de Daniel Echeverry, donde se encontraba el “staff” de los “pisahuevos”, Pilar, Dilia y Zapata, salieron con el ya calmado Montoya. Noche de trágicos nubarrones, que concluyó luego que cada quien llegó al Departamental. Yo, que estaba de fisgón, vi llegar a Yepes con una apetitosa sardina, qué el “Mono” (conductor) identificó como Ángela Arenas, encargada de “calorearle” los pecuecas al jefe, cuando la hermana le dejaba espacio.

El desayuno -capón relleno- fue en casa de otro bombón -Patricia Borbón-, que también “gallinaceaba” el godo jefe, que le tiraba al señor caído. Su eslogan era, “Omar si sabe servir”, pero a la familia, se decía a ‘sotto voche’. El perfumado Montoya, llegó temprano a notificar que sus amigos no saldrían a despedir al jefe, súper verracos por su manifiesta preferencia por los “pisahuevos”. “La Patria” registró el suceso, como empate entre Huracán Cano y kid Montoya.

No entiendo (hasta hoy) la insistencia del negro de reinar en Salamina que tantas muestras de desafecto le ha dado. Cuando el negro se hundió, triunfó Cano al salir Concejal. Desencuentro que el pueblo dirimió a su favor, de quien se cuenta que anda por Canadá dándose la gran vida, pues se asegura que tiene más tetas que una vaca Holstein de San Félix.  El Casanova, nunca fue lo que quiso ser. Fantaseó con gobernar a Salamina, apoyado por su amigo carnal, Jairo Salazar Álvarez. Su ausencia última, la justifica el regreso a la desairada patria chica (de la que no debió salir nunca). Lo muestra la impensable presentación de su obra cumbre: “Memorias de Juan el Ermitaño”. Las 198 páginas me las leí en una sentada. La verdad, sólo me gustó el prólogo de Miguel Álvarez de los Ríos, no me descrestó tampoco el elogioso y parcializado discurso del frustrado aspirante a Gobernador, A. León, que ya no ruge, dado que con él tiene montada una “sociedad de elogios mutuos”, desde décadas atrás, unida al medioeval Jorge M. Eastman.

A Aranzazu llegó el frustrado niguatero, escoltado según las fotos, por un ejército de “jóvenes”, cuyas edades, sumaban la de, Matusalén, el último de los patriarcas que vivió 969 años.

La Unión-Salamina, mayo 14/2017