10 de abril de 2021
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Macron y el golpe a la ultraderecha

10 de mayo de 2017
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
10 de mayo de 2017

el papa francisco

Por: Albeiro Valencia Llano

Triunfó el neoliberal centrista, de 39 años, favorito en las encuestas; pero no fue una victoria fácil debido al fantasma del Brexit, a las sorpresas tipo Trump, a los avances del populismo, a la ola nacionalista, a los ataques del terrorismo y al desencanto en la política, que lleva al abstencionismo. Cualquier cosa es posible cuando se agitan las banderas del racismo, del miedo y del odio.

La primera vuelta dejó como triunfadores a Macron, del partido En Marcha (24,1%) y a Marine Le Pen, del Frente Nacional (21,3%), lo que significaba una competencia reñida entre los dos. Además, dejaba en claro la atomización de los partidos y el colapso del bipartidismo. En la recta final de la campaña los dos candidatos debían luchar por obtener los votos de los demás grupos en un país polarizado. La derecha republicana estaba debilitada y fragmentada por los escándalos de corrupción de Françoise Fillon y el Partido Socialista había perdido el rumbo por su giro hacia la socialdemocracia.

Un frente contra Le Pen

En las elecciones estaba en juego el futuro de Europa porque después del Brexit otro fantasma recorre el viejo continente, pues tomaron un nuevo aire el racismo, el populismo y el nacionalismo, en Hungría, Polonia, Austria y Holanda. Para el caso de Francia se habían prendido las alarmas porque Le Pen defendía un programa que consideraba sacar al país de la Unión Europea (UE), cerrar las puertas a los inmigrantes y refugiados, aplicar una política proteccionista tipo Donald Trump, revivir el franco y limitar el euro a los negocios internacionales. Prometió restituir al pueblo francés su soberanía monetaria, legislativa, territorial y económica.

Por todo esto se fue formando un gran movimiento contra Le Pen. Los candidatos derrotados en la primera vuelta, Fillon por los republicanos y Benoit Hamon por el Partido Socialista, invitaron a votar por Macron. Como Francia es la principal aliada de Alemania, en la UE, la canciller Ángela Merkel recomendó votar por Macron “porque es el representante de una política comprometida con Europa”. Lo mismo hizo el expresidente Barack Obama. Por su parte el excandidato presidencial de la izquierda, Jean-Luc Mélenchon, se negó a llamar a sus seguidores y los dejó en libertad porque “están cansados de votar sin convicción”.

El último debate, del 3 de mayo, transcurrió en un clima confuso por los ataques personales. A pesar de la importancia de estas elecciones la controversia fue seguida solo por 16.5 millones de televidentes lo que se considera muy bajo. Fue un espectáculo bochornoso por la agresividad de Le Pen, aunque planteó  algunas verdades: que Macron es el candidato de la globalización salvaje, de la brutalidad social y del descuartizamiento de Francia por los grandes intereses económicos. La respuesta también fue contundente pues le dijo mentirosa, que habla disparates y que su retórica carece de importancia “Usted es la gran sacerdotisa del miedo”, afirmó.

¿Y ahora qué sigue?

Ganó Macron pero es un triunfo frágil pues el nivel de abstención fue del 25% y los votos nulos y blancos sumaron el 12%, lo que no se veía desde 1969. El nuevo presidente, aunque le tomó 30 puntos a Le Pen, fue castigado en las urnas por sus políticas neoliberales y por eso la tercera parte del pueblo le negó el voto y muchos lo apoyaron solo para que no ganara la ultraderecha. Lo mismo sucedió hace 15 años cuando Jean-Marie le Pen, con un discurso neofascista, pasó a la segunda vuelta y produjo tanto pánico que los otros sectores políticos apoyaron a Jacques Chirac, quien triunfó con el 80% de la votación. Hoy se repitió la historia y muchas personas decían que “nos asustaron con el fantasma de la ultraderecha para que votemos por un incapaz al servicio de los bancos”. Millones de franceses cansados de votar sin convicción, pensaron que en la segunda vuelta era como decidir “entre la peste y el cólera” y dieron la espalda a los candidatos.

Hoy Francia es un país dividido en cuatro: el centro con Macron, la derecha con Fillon, la extrema derecha con Le Pen y la izquierda con Jean-Luc Mélenchon. Pero queda una tercera parte conformada por franceses desilusionados con la política. Este caos lo aprovechará Le Pen, quien obtuvo 34,6% de la votación, su mejor resultado en la historia y se consolida como la principal fuerza política de oposición; tiene a su favor el desempleo, la inmigración y la ola nacionalista que vive Europa.

¿Qué sigue? En junio se realizarán las elecciones legislativas y todos los partidos buscarán conquistar escaños. El reto es para Macron pues no tiene maquinaria y está obligado a conseguir una mayoría parlamentaria o a buscar alianzas. En este ambiente político Le Pen tratará de arreciar su campaña contra la UE, aprovechando el desempleo y la inmigración; esperará nuevos actos terroristas y seguirá agitando las consignas del nacionalismo, del racismo y del fascismo soterrado, para ampliar la base del partido.

Por ahora se salvó la UE y se logró frenar el populismo, pero Le Pen sigue allí con un movimiento en pleno crecimiento, mientras el gobierno no enfrente los problemas de los ciudadanos marginados.