Los diamantes de Don Luis

Por: Ricardo Tribín Acosta

Un hombre conocido por la gente como Don Luis, compró una finca, después vender todo lo que poseía, solo para buscar por todas partes unos diamantes que se decía, en forma casi de leyenda, estaban en algún lugar de la casa. Estos, nunca los encontró, pese a haberlos buscado en el tejado, las paredes, el sótano, el patio, y en fin en todos los lugares en donde se imaginó podrían estar. Murió muy pobre y lleno de decepción y  tristeza por no haber hallado su tesoro.

Poco tiempo después sus herederos pusieron en venta la casa y quien la compró en la primera noche prendió la chimenea y, escuchando un ruido raro dentro de ella procedió a apagar el fuego. Cuál no sería su sorpresa al estar en ello que, debajo de los leños, se encontró a los diamantes, los cuales el anterior propietario jamás busco allí pues, dada su ansiedad por encontrarlos, nunca se sentó enfrente de ella a pasar un rato agradable, el cual seguramente le hubiera dado un mejor estar en su vida, que la misma meta y obsesión que tuvo por lo material.

Esta paradoja nos enseña que la búsqueda y el encuentro de los diamantes se parece mucho a la felicidad la cual, aunque la tengamos frente a nosotros, en ocasiones no la podemos ver ni disfrutar. Tanto nadar y nadar para después ahogarse en la orilla es el contenido de un antiguo refrán en el que el mensaje es que lo que realmente importa, no es lo mucho que hagamos en la vida en términos de cantidad, sino en los de calidad, lo cual así sea poco pero efectivo, nos podrá deparar un mayor bienestar en nuestra existencia.