17 de abril de 2021
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En montaña, las rutas más cortas no son las mejores

3 de mayo de 2017
3 de mayo de 2017

Manizales, 03 de mayo de 2017. Un software equilibra el consumo de combustible y la distancia recorrida por vehículos de transporte de carga, mediante el uso del algoritmo genético NSGA-II, que utiliza información georreferenciada.

Según este modelo matemático, en escenarios de montaña la ruta más corta no necesariamente es la mejor, como se ha considerado de manera tradicional, debido al impacto de la pendiente en el consumo de combustible y en las emisiones de CO2.

Las rutas se evalúan en función del perfil topográfico que se obtiene de aplicaciones como Google Earth, y se incluyen variables como las emisiones de gases de efecto invernadero, la congestión, la polución y la accidentalidad, lo cual hace que el problema adquiera un enfoque sostenible.

Así lo estableció Víctor Fabio Suárez Chilma, estudiante del Doctorado en Ingeniería – Industria y Organizaciones de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Manizales, al abordar el problema de enrutamiento de vehículos en ciudades de topografía montañosa con perspectiva sostenible.

Juan David Giraldo Otálvaro, ingeniero industrial y estudiante de Ingeniería Física de la U.N., también trabaja en el desarrollo de este proyecto.

El enrutamiento es una decisión operativa del proceso logístico en actividades de entrega o recolección de materias primas o mercancías, cuyo objetivo tradicional es determinar la ruta que tenga el menor costo y que brinde el mejor nivel de servicio a los clientes.

Sin embargo, más allá de los requerimientos de servicio y costos propios del transporte, uno de los retos poco considerados dentro de los modelos desarrollados es la topografía del terreno, el cual es de gran importancia en el proceso logístico en zonas montañosas.

Esto se debe a que la existencia de pendientes en la vía incrementa el consumo de combustible hasta en dos veces; el desgaste de los vehículos es mayor por las fuerzas adicionales que deben ejercer y soportar, al igual que los riesgos de accidentalidad por situaciones de volcamiento o pérdida de frenos.

Menor riesgo 

Según el estudiante Suárez este nuevo modelo penaliza (restringe) al máximo las rutas por vías inclinadas u optar por ellas cuando la carga del vehículo es menos pesada, de manera que el consumo y el riesgo es menor. Además, bajó los costos de operaciones de las empresas transportadoras hasta en un 30 %.

“Para las actividades de distribución en zonas de montaña el costo económico y ambiental de la ruta entre dos puntos A y B no son iguales si se considera la ruta de forma inversa”, manifestó el estudiante.

Este modelo les permitirá a los transportadores realizar una selección adecuada de sus vehículos en función de la carga, el peso y la dimensión, cuando estos hagan recorridos en zonas con inclinaciones elevadas, siempre y cuando sean viables económicamente, seguros y amigables con el medioambiente.

Los resultados son valiosos tanto para las autoridades de municipios ubicados en zonas montañosas como para los transportadores que operan allí.

A los primeros les permite tomar decisiones sobre el tipo de vehículos que pueden o no circular por ciertas zonas en función de la inclinación de las vías, y a los segundos optimizar sus operaciones y reducir el impacto de los contaminantes generados por el uso de vehículos a base de combustibles fósiles.

 

La utilidad del proyecto se refleja en su contribución al desarrollo de modelos de investigación de operaciones en los que se contemplan particularidades del contexto y que son de interés tanto para la comunidad académica como para las autoridades y todas aquellas organizaciones que tienen operaciones de transporte en zonas montañosas, explicó el doctorando de la U.N.

Además es importante anotar que el impacto de las actividades de transporte en el medioambiente, la salud de los ciudadanos, el crecimiento urbano y las características de la infraestructura existente, entre otras, ha hecho que el problema de enrutamiento se dimensione no solo desde la perspectiva económica sino también ambiental y social.

Es necesario tener en cuenta que este contexto no solo es particular de las ciudades andinas, sino que alrededor del mundo también existen múltiples zonas con condiciones similares en las que también es factible su aplicación.