FONTUR 2016
Defenestrar, inclemencia-víctima, entre

Quisquillas de alguna importancia

efraim osorio

Lo único cierto es que no se dice ‘entre más’ sino ‘mientras más’. 

En diciembre del año pasado hablé del verbo ‘defenestrar’, transitivo, y que significa ‘arrojar a alguien por una ventana o echarlo de un puesto o de algún cargo’, nada más. Recordé, inclusive, la ‘Defenestración de Praga’. Lo hice, porque el comentarista deportivo Iván Mejía lo empleó por ‘denigrar’. Esta misma acepción se la da, equivocadamente, el señor Andrés Ospina, de acuerdo con esta cita que de él hace el señor Fernando Ávila: “Lo cierto es que la expresión coloquial popular es ‘patear la lonchera’, uso que registra el Bogotálogo, 2016, de Andrés Ospina, así: ‘costumbre, consistente en defenestrar del empleador, poniendo en riesgo el futuro laboral’ ” (El Tiempo, El lenguaje en el tiempo, 3/5/2017). Si me pareció extraño que el autor del Bogotálogo hubiese cometido ese garrafal error, más extraño todavía, que el gramático Fernando Ávila no lo notara, pues, por lo que le he leído, es muy castizo en sus apreciaciones, y muy obediente de las directrices que para estas quisicosas ofrece la Academia de la Lengua. ***

Hay dos términos que, por sus respectivas acepciones, se excluyen: ‘inclemencia’ (del latín ‘inclemens’, ‘in-’, privativo, ‘clemens’, ‘clemente’ –inclemente’–, a través de su sustantivo ‘inclementia’), y ‘víctima’ (del latín ‘victima’): el primero es ‘la falta de clemencia’, cuando hablamos, por ejemplo, de ‘las inclemencias del tiempo’, y tiene como sinónimos ‘impiedad, crueldad, dureza, frialdad’; el segundo, en sentido figurado, es “la persona que padece daño por culpa ajena o por causa fortuita”. Según estas nociones, “la vida” no puede ser “víctima inclemente de la muerte”, como lo asegura un corresponsal de La voz del lector en la siguiente oración: “Duele cuando ocurren tragedias en las cuales la vida desaparece y es víctima inclemente de la muerte como la triunfadora absoluta” (LA PATRIA, Elceario de J. Arias Aristizábal, 7/5/2017). Los que escribimos por oficio y por gusto, y quienes lo hacen por deporte únicamente, tenemos la obligación de ‘releer, analizar y consultar’, para lo cual es muy útil hacer ‘borrador’, con el fin de que no nos ocurra lo que le ocurrió al señor Arias, y lo que le sucedió al columnista y caricaturista Vladdo, quien, por no volver sobre lo escrito, supongo, resultó preguntando lo contrario de lo pretendido. Así garrapateó: “¿Por qué quiere impedir que los niños sin padres solo sean adoptados por matrimonios tradicionales conformados por un hombre y una mujer, cerrándoles esta posibilidad a las parejas homosexuales y a las personas solteras?” (El Tiempo, 10/5/2017). Ésta es una de las muchas preguntas que el citado columnista le formula a la senadora Viviane Morales con motivo del malogrado referendo que ella proponía. Yo le hago una sola: ¿No cree usted, señor, que si hubiese releído lo escrito, habría escogido, en lugar de ‘impedir’, el verbo apropiado? *** 

Hay vicios y corruptelas del idioma viejísimos; otros, de estos tiempos, y muchos, aún por nacer. Entre los primeros, está el empleo de la preposición ‘entre’ como adverbio, en lugar de ‘mientras’,  en el que caen escritores veteranos y, en realidad, muy cultos. Dos ejemplos, los dos tomados de El Tiempo: “Entre mayor sea su calidad, mayor es también su  capacidad…” (Moisés Waserman, 5/5/2017). “O sea, entre más normas, menos claridad” (Alfonso Gómez Méndez, 10/5/2017). “Mientras mayor sea su calidad, mayor su capacidad…”, y “…mientras más normas, menos claridad”, son las formas gramaticalmente correctas de expresar esas ideas, porque en ellas el adverbio ‘mientras’ modifica otro adverbio, ‘más’, oficio que no desempeña la preposición entre’, que puede también sustituirse por ‘cuanto’, ‘cuanto más’. A través de los tiempos, la Academia de la Lengua le ha dado a esta locución diversos nombres, así: hasta 1984 (vigésima edición de su diccionario) sólo mencionaba el adverbio de tiempo, ‘mientras’; en esa edición ya asienta la locución ‘mientras más’, a la que denomina ‘locución adverbial’ (‘cuanto más’), nombre que cambió en la siguiente edición por ‘locución conjuntiva’, y que sólo permaneció hasta el 2014, año en que aparece de esta manera: Mientras. 2. Coloquial. Cuanto (expresa incremento o disminución). Úsase ante el primer término de las correlaciones ‘más…más’, ‘más…menos’…”. ¿Por qué? Aquí, sí, ¡averígüelo Vargas! Lo único cierto es que no se dice ‘entre más’ sino ‘mientras más’.

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