FONTUR 2016
Cinco mil 500 personas a la intemperie, mientras que La Dorada y Salgar respiran bajo el agua

El lodo cubre las calles, culebras, mosquitos y babillas afloran. Un fuerte olor nauseabundo se apodera del ambiente, algunos niños ya tienen candelilla.

Es impresionante y conmovedor el drama que vive La Dorada por las inundaciones del río Magdalena. La gráfica no puede resultar más patética.

John Jairo Botero

Este ciudadano observa con inocultable tristeza los estragos que está causando el Magdalena a esta ciudad que está literalmente sumergida en las turbias aguas.

Después de  cinco mil 500 personas a la intemperie, 1000 familias con incertidumbre  y un record de cota de seis punto 76 centímetros, el Río Grande de la Magdalena muestra algo de conmiseración con los doradenses y salgareños. Sigue siendo viajero… ahora simplemente besa las orillas.

Ha sido otra noche en los cambuches. No ha parado de llover. El riesgo meteorológico  se mantiene. El río ha hecho una tregua.  Las aguas se han deslizado hacia cauce. El lodo cubre las calles, culebras, mosquitos y babillas afloran. Un fuerte olor nauseabundo se apodera del ambiente, algunos niños ya tienen candelilla. Doña María se despereza con incredulidad, se siente expuesta, impotente, Juan no ha pegado el ojo. Anoche algunos amigos de lo ajeno estaban saltando entre los techos, incluso hubo tiros. Camilo no ha tenido que ir a estudiar y desde ya avizora su futuro, sentado en su Rimax roja se alela viendo el río correr y él no entiende muchas cosas, ni siquiera lo qué han hecho los mayores con el medio ambiente y  mucho menos de eso del calentamiento global. Y es que justamente desde Unicef, la agencia de las Naciones Unidas alerta de que el calentamiento global supone una amenaza creciente y sin precedentes para los menores, que se ven especialmente afectados por su desarrollo biológico, su necesidad de un mayor consumo energético y metabólico, su comportamiento social, su mayor expectativa de vida y por su ausencia en la toma de decisiones amen de hábitos de vida poco saludables a raíz del deterioro cultural.

Es la mañana… en los cambuches escurre el agua…los bomberos se disponen a lavar las calles…no están cansados.

Poco a poco han ido llegando las funcionarias de la alcaldía con su botas de caucho camufladas Realtree Pinks, cachuchas blancas y olor a bloqueador. Que contrasta con el deambular a pie limpio de las lugareñas y su tez tostada. Algunos jóvenes empiezan a organizar los farillones para mitigar el ímpetu del rio. Energía eléctrica no hay, la CHEC en cumplimiento del RETIE (reglamento Técnico en instalaciones eléctricas) ha decidido suspender el fluido en aquellos lugares donde el nivel del agua alcanza tomacorrientes o elementos eléctricos. Empocaldas tiene el acueducto alterno en funcionamiento, el agua llega a baja presión. Los bomberos llenan sus carrotanques en las escuelas, donde una multitud de colchones se afilan como los sueños.

El almuerzo comunitario logra sus últimos hervores en el improvisado fogón de leña. Al menos, hay algo para comer.

Esta ha sido una emergencia de alto impacto En Salgar el barrio Primero de mayo, no solo dejó ahogar sus 80 casas, sino que ahora tiene un sedimento, como legañas incrustadas en el asombro. Antonio Moreno el alcalde del lugar sabe que sus dos mil 400 personas damnificadas esperan mucho de él. Son 400 familias que los organismos de socorro, las esposas de los oficiales y suboficiales de la FAC y las damas de Loreto atienden sin parar. En  el aire están los helicópteros monitoreando. La vista es desconsoladora. Abajo como hormigas cientos de voluntarios cocinan, mueven volquetas, tractores y la personería levantan censos.  El norte de la ciudad esta golpeada. La infraestructura del barrio Corea sigue arrasada por el rio. El Gobernador (e) va y viene como pez en el agua; se confunde con los habitantes, explica y da ánimos.  -¡Es un bacán! dice Juan mientras acaricia su perro, esperando que lo coja el sueño. Ha estado en duermevela, tras aquel “Juanito Alimaña” salteador de techos que queria saquear sus anegadas viviendas, “cargan gante, para robarse un  mojado” rezonga doña María, quien sigue aletargada. Camilo sigue mirando el agua ¡quizás se ha quedado dormido el niño!- dice la abuela – pobrecito- se lamenta.

Con la cabeza inclinada, este niño se sume en la tristeza al ver que el río, que antes era fuente de subsistencia, se ha metido a su casa. La incertidumbre hiere como un puñal el sentimiento.

Los habitantes de Puerto Rojo, Hierbabuena; Taladera de la Reina; La Barrigona y la isla Rayadero en Puerto Salgar lo han perdido todo, sus cultivos y parte de sus vidas -quizás hasta la esperanza- dice Don Marco. En El Japón, Brisas e incluso Buenavista en La Dorada pasa algo igual. Solo la balinera lleva por los rieles  alguna esperanza…

Los habitantes de La Dorada hablan con las autoridades en busca de soluciones al drama que padecen.

Es la mañana… en los cambuches escurre el agua…los bomberos se disponen a lavar las calles…no están cansados. Un plus de esfuerzo dice que ellos también han estado en la tragedia… todos aspiramos que se apaguen los fogones y que en la retina siga existiendo esa olla comunitaria, que nos unió frente a un fogón. Piensa uno como con las ganas.

  • Por fortuna no había luz y se le pudo decir, por tres días, ¡adiós al televisor! Sentencia Doña María
  • ¿Por qué- le pregunté-?
  • ¡Volvimos a comer en familia!

Al fondo suena “Mi gente” una canción en la voz de Héctor Lavoe: ¡el hombre que respiraba debajo del agua!