22 de abril de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

TRUMP ABRE LAS COMPUERTAS COLOMBIANAS

17 de abril de 2017

Algo debe estar pasando en el exterior cuando los dos líderes más poderosos del universo, uno en el plano espiritual y el otro en el plano político, han decidido enterarse de lo que sucede en Colombia, no solo por la vía diplomática, sino directamente por el jefe de la Oposición, en igualdad de condiciones a las del jefe de Estado. Esto, desde luego, es de tenerlo en cuenta porque de antemano se reconoce, en las más altas instancias mundiales, que existe una profunda polarización y dos versiones ampliamente diferenciadas de las realidades nacionales.

No solo fue, pues, el papa Francisco quien citó de urgencia hace un tiempo al ex presidente Álvaro Uribe, al Vaticano, invitándolo a sentarse con el presidente Juan Manuel Santos por fuera del itinerario que tenía preparado la Cancillería, sino que ahora, por igual, es el presidente Donald Trump quien recurre a lo mismo para una sorpresiva y sorprendente reunión con Uribe, en compañía del ex presidente Andrés Pastrana, en la Florida, en ésta ocasión sin la presencia del propio Santos y de cedazo informativo a su próxima visita oficial. Noticia que, del mismo modo, acaba de asombrar a los colombianos a su regreso de las vacaciones de Semana Santa.

Esto, en primer lugar, significa que en el mundo todavía rondan los tremores causados por el desconocimiento del resultado del plebiscito, llevado a cabo en octubre pasado. De hecho, antes que el estrambótico procedimiento para la refrendación del acuerdo del Colón en el Parlamento, una vez perdido el evento plebiscitario con el arrevesado “aval” posterior de la Corte Constitucional, en las instancias internacionales se da por descontado que la voluntad popular mayoritaria se expresó negativamente y que esa opinión debe ser tenida legítimamente en cuenta. No de otra manera se explica, naturalmente, que tanto Su Santidad como el presidente de los Estados Unidos le den semejante importancia a la vocería de la oposición colombiana. Caso, desde luego, que no es común con respecto a otros países y que ante todo envía un mensaje de que el Gobierno ha perdido el monopolio de la política internacional como, por su parte, también le ocurrió a Nicolás Maduro con la visita de Liliana Tintori frente a Estados Unidos. Pero una cosa, ciertamente, es el drama venezolano y otra la democracia colombiana, aunque hoy esté gravemente afectada por la erosión institucional, la corrupción de Odebrecht, el carrusel del “fast track” y el comodín del bloque de constitucionalidad.

No es bueno, por supuesto, que eso ocurra. El Presidente de la República es constitucionalmente el representante de la unidad nacional y bajo esa premisa le corresponde manejar las relaciones exteriores, bien en persona o bien a través de sus agentes diplomáticos. Sin embargo, el problema consiste en que precisamente la unidad nacional quedó fracturada desde el plebiscito, con participación del propio primer mandatario, y eso ha dejado profundas secuelas nacionales con las consecutivas repercusiones internacionales. Frente a la avenencia que alcanzó a palparse en un par de semanas, tras la derrota del plebiscito, se escogió finalmente la fórmula del grupismo y la división. No habría, entonces, que sorprenderse con que los líderes internacionales tengan una aproximación extraordinaria y bicéfala al país.

Es claro por su parte, y de acuerdo con la extensa carta del ex presidente Uribe al Congreso de los Estados Unidos, luego de la reunión con Trump, que los temas en la mesa fueron los mismos que, de su lado, ya conoce el país: el incremento en más de un 400 por ciento de los cultivos ilícitos como resultado del proceso de paz y su auge a raíz de la moratoria de la aspersión; la elegibilidad de la guerrilla sin siquiera cumplir el término de las sanciones restaurativas y libres de cualquier confinamiento; la creación de la JEP, como propósito guerrillero, desplazando la justicia ordinaria y sustituyendo la Constitución; el incumplimiento de la guerrilla en la reinserción de los niños; y el dato nuevo de que, según Uribe, solo entregarán 7.000 armas frente a las 14.000 que inicialmente dijo el presidente y las 40.000 que, en su momento, contemplaban las autoridades de inteligencia.

Está claro, también, que parte de la conversación tuvo de epicentro a Venezuela y la aguda crisis que requiere, ipso facto, una salida. Pero, además de lo anterior, ahora Trump tiene las dos versiones de lo que acontece en el país. Y la incógnita está en cual va a ser el énfasis de la “relación especial” que ha prometido y cuál, a su vez, va a ser el desempeño del partido republicano al respecto. El cambio, en todo caso, comenzó, escuchando a la oposición de tú a tú.

EDITORIAL/EL NUEVO SIGLO