“Solidaridad con las víctimas”

Por: mario arias gómez

Con el corazón partido, embargado por el dolor, expreso por medio de esta deshilvanada nota, mi más sentida condolencia a quienes perdieron a uno de los suyos, unida a la manifiesta solidaridad con los afectados por la tragedia, debida, no solo al cambio climático -que llegó para quedarse- a la furia de la naturaleza, sino también a los funcionarios tildados de incompetentes, corresponsables -sin duda- de esta desventura, entre los que se cuentan, los encargados de concebir y planear el desarrollo urbano; las pasivas e indiferentes -léase cómplices- autoridades ambientales, en las que está en sus manos impedir la deforestación y velar por la protección de las cuencas hidrográficas, las franjas de resguardo de los cauces naturales de los ríos o corrientes de agua.

Ante la evidente catástrofe ambiental, la comunidad espera que los gobiernos simpaticen primero con un manejo responsable y sostenible, que adopten las acciones pedagógicas y coercitivas pertinentes -aunque sea en forma tardía- que lo hagan posible, pensando exclusivamente en el futuro. El incuestionable cambio climático, comprobado por los desastres de Mocoa y Manizales, que acaban de tocar lamentablemente a nuestra puerta, me trae a la memoria la indolente e irresponsable posición actual del excéntrico, Donald Trump, que sin sustento científico sostiene, que el cambio climático es un “engaño” de los chinos, en busca de destruir la industria estadounidense. Habrase visto.

Ante tan desconcertante postura, trascribo la parte pertinente de la ‘Encíclica Laudato si’, que parece la haya inspirado, este señor con peluche de muñeco. Ante su desfachatez, van las palabras prestadas al Papa Francisco: “Tenemos que reconocer que algunos cristianos comprometidos y orantes, bajo una excusa de realismo y pragmatismo, suelen burlarse de las preocupaciones por el medio ambiente. Otros son pasivos, no se deciden a cambiar sus hábitos y se vuelven incoherentes. Les hace falta entonces una conversión ecológica”. Más claro, imposible.

La situación en Manizales, es tan grave, que obligó al alcalde a decretar la “calamidad pública” y la “alerta roja”. A la hora de cerrar esta nota (10 p. m.), se reinició en forma fuerte la lluvia. El trágico balance incluye: 17 familias que lloran la desaparición de algún ser querido; veinte desaparecidos; 23 heridos; 40 viviendas colapsadas; 25 barrios afectados; 75 viviendas afectadas; 400 familias evacuadas por alto riesgo. La amenaza de nuevos deslizamientos continúa latente, lo cual exige el desalojo preventivo de numerosas viviendas. Son más de 11 los barrios afectados. Los más: Aranjuez, Persia -Alto y Bajo-, Fanny Gonzáles, Camilo Torres, El Palmar, Estrella, 20 de Julio y un sector de ladera al pie del Morro de Sancancio (cerro con profundas grietas que amenazan las zonas aledañas). Viviendas destechadas, en los barrios Estambul, Carmen, Fátima, Sierra Morena, Los Cedros. Colombia. Se presentaron inundaciones en la vía detrás de Centro Comercial Fundadores. Hay inundaciones en Villa Pilar. Caída de árboles y desprendimiento de la capa vegetal, en la Linda y Chipre, sector de la Panamericana. Olivares, la balastrera vía Neira, Vías colapsadas, por cierres y restricciones del tránsito.

La ciudadanía aspira que la dirigencia deponga, junto a las plurales fuerzas sociales, sus transitorias diferencias, para que, unidos como un solo hombre, se sumen al señor alcalde, Octavio Cardona, a efecto de aunar esfuerzos y fuerzas que posibiliten la obtención, de parte del gobierno central, de los recursos indispensables para atender los incalculables daños causados, ayudar a quienes lo perdieron todo, como las secuelas posteriores del duro calvario que azotó la patria chica, el que se ensañó con furia en una ciudad llena de vulnerabilidades, fruto de las laderas en que fue construida, fundada por románticos dirigentes. Urgente ayuda requerida y que deberán ser repartidas, sin discriminación, ni interés de ninguna clase, esto, en razón a que la clase media, siempre en estos casos, queda al margen, desatendida, abandonada a su mala suerte, so pretexto de la escasez de recursos. Reconstrucción que debe efectuarse con sentido de pertenencia e integración social -vertical y horizontal-, que asegure por fin la supervivencia y normalización de la vida.

Gratitud y aplauso merecen los organismos de socorro: Cruz Roja, Defensa Civil, Bomberos, Unidad de riesgo Nacional, que han multiplicado -sin excepción- sus esfuerzos, a objeto de atender las emergencias presentadas en más de veinte puntos de la ciudad. Incansable e ingente tarea cumplida, a riesgo de su vida. Voluntarios que durante las 24 horas han estado sin desmayo, al frente de la angustia y dolor ajenos, todo, en procura de llevar alivio a los múltiples afectados. Tribulación que obligó a la suspensión preventiva de las actividades en las universidades, colegios y escuelas, con el ruego a los particulares, para que faciliten el salvamento -quedándose en casa-  las acciones y trabajos de tales organismos.

Con sentimiento de pesar, se debe aceptar que estas catástrofes son previsibles, que se presentan como fruto del abandono, desidia y negligencia del ser humano, de su cruel y avara actividad, que ha convertido el mundo en un depósito de desechos, al punto que nos estamos destruyendo así mismos, lo cual requiere, con prontitud y en forma inaplazable, un manejo ambiental, armónico, que conduzca a un desarrollo renovable, sostenible. Las generaciones venideras, desde luego, serán las que paguen la factura. Descendencias que no perdonarán la indolencia, irresponsabilidad y falta de consideración de nosotros, sus antepasados. Es imperdonable la pérdida de bosques, montes y selvas, como lo es igualmente la pérdida de especies, fruto de un alocado crecimiento, sin concierto alguno.

Cada año se pierden 12 millones de hectáreas (23 hectáreas por minuto) como consecuencia de la sequía y la desertificación, en las que podrían cultivarse 20 millones de toneladas de cereales, cuya consecuencia es que el 74 % de los pobres se ven directamente afectados por la degradación de la tierra a nivel mundial.

“Lo más importante en Manizales -precisa el experto Mejía Fernández- es hacer esfuerzos económicos que garanticen la reducción de la vulnerabilidad de las comunidades (lo que es posible) y no precisamente la reducción de la amenaza (que muy pocas veces es posible)”.

Prosigue: “Los 156,2 milímetros de lluvia registrados durante cinco horas y media en la ciudad, podrían ser consecuencia del cambio climático, observó el profesor de la U.N. Sede Manizales, quien recordó por demás que en lo que va corrido de este siglo, en Manizales, se han registrado cerca de cinco aguaceros sobre los 140 milímetros de lluvia, que es lo que regularmente cae en un mes invernal en la zona Andina del país”. Consideró que “la situación de emergencia que vive la ciudad, descubre una realidad de apuño, que es común a muchas ciudades del país y que se relaciona estrechamente con los graves problemas en el ordenamiento del territorio urbano”. Ojo al parche.

Manizales, 20 de abril de 2017

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