Preguntas, confesar, desertificación, prosa culta

QUISQUILLAS DE ALGUNA IMPORTANCIA

efraim osorio

Lo importante es saber cómo se formula una pregunta, y poner en práctica ese conocimiento 

¿Será pertinente declarar desaparecido o proscrito el arte de preguntar? Lo pregunto porque los entrevistadores de diversos medios de comunicación ya no lo practican. En Controversia, de LA PATRIA, la primera pregunta que les hacen a los dos entrevistados es ésta: “¿El gobierno se ha esforzado para hallar salidas al problema de salud?”. La segunda: “¿La Supersalud ha servido para solucionar problemas del sector?” (5/4/2017). Y de la veterana columnista y entrevistadora María Isabel Rueda: “¿La JEP empezó con el pie izquierdo?” (El Tiempo, entrevista a Jaime
Castro, 10/4/2017). Castizamente, la pregunta debe formularse, en las tres muestras, comenzando con el verbo, así: “¿Se ha esforzado el gobierno…?”, “¿Ha servido la Supersalud…?”, y “Empezó la JEP…”?, tal como el entrevistador de LA PATRIA hizo la tercera: “¿Es optimista acerca del futuro del sistema de salud en Colombia?”. En oraciones como éstas, debe empezarse con el verbo. Hay otras, sin embargo, en las que la pregunta debe comenzar con los pronombres personales relativos ‘qué, quién, quiénes, cuál, cuáles’, todos con el acento diacrítico (tilde), verbigracia, “¿quiénes asistieron a la reunión?, “¿qué importancia tiene esto?”. Hay otras oraciones interrogativas que empiezan con los adverbios de tiempo (cuándo), lugar (dónde) y modo (cómo), por ejemplo, “¿cuándo comenzó la debacle”? Hay que tener en cuenta, además, que tanto los pronombres relativos como estos adverbios pueden estar precedidos por alguna preposición, por ejemplo, “¿de qué estamos hablando”?, “¿hasta cuándo durará este desorden?”. Esto, por supuesto, lo dice el sentido común. Lo importante es saber cómo se formula una pregunta, y poner en práctica ese conocimiento. *** 

Trino del columnista Daniel Coronel: “Nadie que quiera excarcelación puede confesar que es inocente” (LA PATRIA, 6/4/2017). Sin pararles bolas a la doble intención y veneno de este trino ni al personaje contra quien va dirigido, quiero referirme a la expresión “confesar la inocencia”. ‘Confesar’, en general, es publicar algo que se quería ocultar o que, por cualquier motivo, produce vergüenza, y, en Derecho, admitir culpabilidad. No es necesario ser un jurisperito de alto vuelo, ni siquiera uno de medio pelo, para saber que, ante un juez o ante un jurado, una persona inocente no va a confesar que lo es, sino que va a declararlo o a demostrarlo. ‘Confesar’ viene del verbo latino ‘confiteri’ (‘confesar, manifestar, declarar, reconocer, dar a conocer, revelar, dejar ver’) a través de su participio pasivo, ‘confeso’. El culpable ‘confiesa’; el inocente demuestra que no es culpable. ***

El columnista Mauricio Uribe López me enseñó una palabra, ‘desertificación’, con la siguiente frase: “Creer que se puede seguir haciendo mal uso del suelo promoviendo la desertificación y la erosión…” (LA PATRIA, 7/4/2017). Por el contexto entendí su acepción, pero, al leerla por primera vez, pensé en ‘certificación, identificación, justificación, purificación’, todos ellos formados de verbos que implican acciones no tangibles. Pero recordé también ‘edificación, petrificación’, de verbos cuyas acciones sí son tangibles. Fui, entonces, al diccionario, y, sí, señor, ahí estaba, digo, en la última edición del diccionario de la Academia de la Lengua (2014): “Desertificación. Acción y efecto de desertificar”, a saber, “transformar en desierto amplias extensiones de tierras fértiles”. Es un neologismo, pues fue acogido por esta institución en el 2001 (vigésima segunda edición de su diccionario). Antes, desde la vigésima primera edición (1991), tenía ‘desertizar’ y ‘desertización’, con  las mismas acepciones. Nota: En un diccionario de la Academia Española de la Lengua (1904) está asentado el verbo ‘desertar’ con esta acepción: “Voz anticuada. Quedar desierto algún territorio”, aunque no explica si es de población o de vegetación. ***

El señor Luis Guillermo Plata escribe: “Nos ha faltado es voluntad política y audacia” (El Tiempo, 8/4/2017). Construcción que, me parece, debe emplearse sólo en el lenguaje callejero, no en el literario, en el que debe hacerse de dos maneras: La primera, con el antecedente, así: “Lo que nos ha faltado es voluntad…”; la segunda, sin el antecedente y sin el verbo ‘ser’: “Nos han faltado voluntad política y audacia”. Los escritores, si no son costumbristas, tienen que tener en cuenta estas nociones gramaticales para que su prosa no pierda la altura propia de una redacción culta.

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