Nada de nervios. Magneto para todos.

Por Augusto León Restrepo

augusto leon restrepoEn mi pueblo, Anserma Caldas, cuando alguien conocido se salía de sus cabales, presentaba cambios notorios en su personalidad o se ponía nervioso, lo sometían a recibir corrientazos de un aparatico que los emitía a través de un par de tubos pequeños, que el paciente debía mantener en cada una de sus manos y aguantar hasta cuanto mas pudiera. Al desenchufarse, por decirlo de alguna manera, quedaba relajado, con mirada plácida y en una inercia beatífica. El dueño de la pequeña caja, que producía como esa especie de electrochoques pero a nivel mínimo, cobraba un pequeño estipendio por el servicio y luego se iba de cafetín en cafetín en busca de borrachos a quienes proponía apuestas al que mas resistiera pegado de esos tubos. Al que ganaba se le quitaba la rasca o la pea y quedaba como con un aura de macho momentánea que le elevaba el ego ya en lo mas alto por los efectos del alcohol. En mi mas temprana edad me producía cierto morbo presenciar esas competencias a las que nunca me les medí por mi temor inveterado a la electricidad y aplaudía a rabiar al ganador. Nunca entendí como salían esos impulsos eléctricos de esa cajita, porque aquí entre nos les cuento que me reprobaron en Física en quinto de bachillerato. Y así me quedé.

En estos días recordé la cajita, que para mí era mágica, pero tuve que acudir a mi brillante compañero de bachillerato Iván Mejía Jaramillo para que me sacara de mi ignorancia sobre su funcionamiento y el, acucioso como es, me respondió por escrito sobre mis interrogantes y en lenguaje entendible me develó la incógnita. Magneto la llamábamos impropiamente, pero en realidad era o es un dínamo, un embobinado construído en forma cilíndrica dentro del cual estaban instalados unos imanes montados en un eje que al hacerlos girar mediante una manivela, producen un flujo eléctrico cuyo voltaje va aumentando a medida que con la manivela se aumenta la velocidad de rotación de esos imanes. De esta manera lo entendí.

Dije al principio que quienes se sometían a mantener en sus manos esos cilindros quedaban relajados, en actitud beatífica y por un tiempo dejaban de ser invadidos por ataques de rabia, de ira santa, de nervios incontrolables que afectaban su calidad de vida. Y que quienes estaban borrachos, quedaban en sano juicio, como que se hubieran dado un pase de lo que sabemos. Pues bien. Al ver los nervios y las incoherencias de nuestros políticos, de nuestra clase dirigente, que parecen borrachos y paranoicos a toda hora, voy a proponer que en el Gobierno, en el Congreso, en las casas partidistas, se mantengan a mano unas maquinitas como las de mi pueblo, para que en forma voluntaria -no obligatoria, como propuso Pacho Santos que le aplicaran electricidad a los estudiantes revoltosos- sus integrantes y sus afiliados acudan al tratamiento y bajen sus niveles de rabia, de intemperancia y de iracundia.

En los Directorios del Centro Democrático es mas palpable esta necesidad. Desde Bolivia uno de sus adeptos, José Martínez Loayza, en un video que puso a rodar por las redes sociales, propuso que se creara un equipo de francotiradores para que se realizara una cacería de políticos, cuya cabeza de lista sería el Presidente de la República de Colombia. Magneto con un buen número de vueltas de manivela para él. Ayer no más, el ex procurador Alejandro Ordóñez, del Nuevo Centro Democrático, ante unos venezolanos que en Bogotá protestaban contra Maduro auguró que algún día sacaría a Santos a patadas de la Presidencia. Menos manivela, pero unos buenos corrientazos.

Y manivela y corrientazos para los voceros de Palacio y sus cortesanos que entraron en un ataque de nervios, de pánico, porque Pastrana y Uribe almorzaron con Trump , le pusieron quejas y lo invitaron a intervenir en Venezuela y en Colombia, quizás como en Siria o en Afganistán, porque estamos a las puertas de que nos devore el oso comunista. Y le dieron pautas para organizar estos paisitos que sin Uribe y Pastrana no tienen solución. Estupefacto Trump -supimos- dejó los tenedores a un lado y con la boca abierta escuchó los dictados de estos próceres y sus fórmulas milagrosas para salvar a Colombia, eso si, con la ayudita del predestinado para ser el Mejor Policía del Mundo: el Gran Señor Donald Trump. Nada de nervios con ese almuercito. Humberto de la Calle, quien es un hombre sosegado lo dejó en claro: “Nosotros no podemos dictarle la agenda al presidente Trump. El señor invita a quien le parece y se reúne con quien le parece”. Y pare de contar.

Post scriptum: ¡¡¡FUERZA MANIZALES!!!