22 de abril de 2021
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Memorias de Fu Manchú

30 de abril de 2017
Por Fu Manchú
Por Fu Manchú
30 de abril de 2017

Me presento. Soy un personaje de ficción, que en su tiempo creó el escritor de novelas policíacas y de misterio Sax Rohmer, que hizo su primera aparición en 1913, paralelo con mi nacimiento en la Unión, paseadero antes de llegar a Salamina. Villano chino, que odiaba la civilización occidental y a la raza blanca, como yo, odiaba a los forasteros que llegaban a medrar a mi patria chica, el Estado Soberano de Antioquia, rebautizado luego como Salamina. Pueblo elitista, tanto, que tuvo Club para los ricos, el Chambery, y club para los pobres, el Juvenil, también Zona de tolerancia (“puteadero”) para los primeros, Toriles, y zona para los pobres, Calle-Plana.

Personajes de segunda, que sin el permiso de Monseñor Isaza -que daba la carta de ciudadanía, llegaban a competir con apellidos de postín, los Isaza, Botero, Echeverry, Villegas, Gómez, Sernas, que se reunían de frac en ese vaticano que fue el Club Chambery, baluarte y refugio de la oligarquía, donde le echaron siempre balota negra a los paperos ricos, como los Riveras, quienes eran despreciados y mirados por encima del hombre por los patricios, dueños de la “Ciudad Luz” del norte, como a los García, Tabares, Ramírez, gente y apellidos del montón. Al club solo entraban los señoritos, a los grandes festejos, cuando llegaba la crema y nata del país, recibida y ensalzada por el poeta Rodrigo Jiménez, a quien alguna vez, visité en compañía de Pastrana “El Grande”, (Misael) con motivo de su enfermedad terminal.

En todas las novelas en las que aparezco, fui perseguido, derrotado y los planes desbaratados por el investigador inglés, Sir Denis Nayland Smith, junto al acompañante, el doctor Petrie. Quien quiera una descripción más amplia, acudan por favor al capítulo II de la novela “El demonio amarillo” (Li-Chang), publicada en 1935, uno de los grandes de la magia del siglo pasado.

Al leer, el Marrano azul, del interminable Montoya Ocampo, personaje clásico de los mismos que inspiró a Fu Manchú, un hombre de mediana estatura; de miembros y voz recia, felino en sus actitudes y movimientos, con un entrecejo y un rostro de expresión -en la cumbre de sus teñidos 90 años- verdaderamente satánico. Sus vivos ojos que esconde tras sus gruesas gafas “culo de botella”, tienen el fulgor magnético de los de la pantera. Después de dilapidar su hacienda, sus menguados medios económicos de hoy, han limitado la sibarita vida del pasado.

Gran genio del mal, con amplios conocimientos de venenos (que extrae de animales mortales: serpientes, arañas y escorpiones), capaz de idear aún complicados movimientos políticos, para alabar amigos o destruir enemigos, como el “don nadie”, que lo pulla y trata de viejo, a este joven mozalbete de corazón y alma, sinvergüenza que funge como asesor del señor caído, que ayer andaba -a propósito- en plan de reencauche con un señor Ramos, quien luego de pasar largo tiempo en la cárcel, aspira que la Corte Suprema lo absuelva, para aspirar a la presidencia con los votos (¿?) de don Omar Yepes. En eso andamos.

La democracia, esa religión donde el hombre es dios, demanda reescribirla. Procedo entonces a completar la leyenda de Montoya Ocampo. Trama que se desarrolla en buena parte en Toriles, la zona de tolerancia IN -repito- de Salamina, en el salón “Gran Vals” y en el salón de Belén Loaiza, hermosa hetaira por cuyo apetitoso hueco se dilapidaron chorros de dinero, que aligeraron las alforjas del gerente del Banco Cafetero, de apellido Restrepo con el que se la peleaban. Suegro -para más señas- de Luis Carlos Villegas -Ministro de defensa-, como los bolsillos sin fondo de Montoya Ocampo. Salones en que lo conocimos en juergas que duraban tres días, en las que tiraba billetes a la jura, pagaba las cuentas de todo el mundo, donde recogí más de un billete de 500, llamados Sangre-Toro, cuando andaba de paso para la zona de los pobres, Calle-Plana, en compañía de los ruanetas y paperos que llegaban de San Féliz. Peligroso sitio que quedaba más abajo de Toriles.

A los curiosos les informo que esta crónica continúa, que busca completar la leyenda del novelesco autor del “Marrano azul”.