Hacer leña del árbol caído.

Víctor Zuluaga Gómez 

El título hace referencia a una antigua metáfora que aplicada a los seres humanos significa el goce que produce para el algunos el dolor de otros.

Hace ya muchos años, luego de haber superado una operación de corazón abierto, los indígenas de Purembará me invitaron en el mes de noviembre a la graduación de los primeros bachilleres indígenas del Internado que funciona en dicho sitio perteneciente al municipio de Mistrató. Era una época de lluvia generalizada y por lo tanto los caminos se encontraban intransitables. La distancia entre Chatas y Purembará se debía cubrir caminando. En el trayecto me encontré con el entonces Diputado a la Asamblea Departamental, Carlos Enrique Soto quien también había sido invitado a dicha ceremonia por los indígenas en la medida que como Diputado había gestionado unos recursos importantes para el sostenimiento del internado indígena.

Imposible olvidar que al terminar la ceremonia se nos acercó un hombre joven y nos dijo que el “comandante” quería hablar con nosotros en una pequeña aula del Colegio. Fui con Carlos Enrique y en efecto, el Comandante de la guerrilla que operaba en la zona nos habló por espacio de un cuarto de hora sobre los objetivos de la lucha armada y las desigualdades sociales y económicas en Colombia. Terminado su discurso nos despidió y de inmediato iniciamos el regreso porque la idea era retornar ese mismo día a Pereira. Así lo hicimos.

Para sorpresa mía, fui notificado a los pocos días, que la Asamblea Departamental me iba a condecorar con la Gran Cruz de Risaralda, ceremonia que representó para mí una profunda emoción porque dichos actos simbólicos representan un enorme aliciente para un trabajo que realicé y sigo realizando con la comunidad indígena y afro en el Departamento. Quiero advertir que el gesto de Carlos Enrique Soto no significó ningún compromiso de mi parte desde el punto de vista político. Fue un gesto que agradecí y lo sigo haciendo, con absoluto desinterés, porque siempre ha sabido que mi militancia no ha sido en el Partido que él dirige de tiempo atrás. Pero al mismo tiempo  debo dar testimonio de sus positivas intervenciones para lograr que alguna persona necesitada pudiera lograr una estabilidad laboral cuando se encontraban en unas situaciones críticas y de las cuales fui testigo.

Hoy, cuando se ha producido un fallo que lo inhabilita como Senador y le da muerte política en lo que tiene que ver con aspiraciones de representaciones públicas, no es algo de lo cual pueda sentir felicidad, porque guardo hacia él admiración y respeto por su trabajo, por todo lo que ha significado la construcción de un proyecto político por muchísimos años, con sus altos y sus bajos, sus aciertos y desaciertos.

Sea esta la ocasión para expresarle públicamente a Carlos Enrique Soto mi respeto y admiración y esperar que la justicia actúe, se ratifique o no la sanción por la falta cometida por acción u omisión.