20 de abril de 2021
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Elecciones en Francia y Alemania: el futuro de Europa

9 de abril de 2017
Por Clara Inés Chaves Romero
Por Clara Inés Chaves Romero
9 de abril de 2017

Por: Clara Inés Chaves Romero (*)        

En el Viejo Continente tendremos próximamente dos elecciones cruciales que son la francesa y la alemana, con un peligro latente, que es la supuesta intervención de Rusia en cada una de ellas, para hacer ganar al candidato y/o partido de su preferencia.

Lo más relevante de estas elecciones en Europa es la defensa nuclear del continente, pues ante la salida de Gran Bretaña del bloque de la Unión y con una Francia que amenaza con un frexit en caso de ganar Marine Le Pen, este continente quedaría supeditado a la voluntad del país del tío Sam en temas nucleares, además con un talón de Aquiles: y es que Trump no quiere tener pleitos con Rusia, con lo cual deja mal parada a Europa.

Las elecciones francesas se realizarán el próximo 23 de abril, y su segunda vuelta, en caso de que existiere, será el 7 de mayo; estas son  las undécimas elecciones presidenciales de la Quinta República Francesa.

Con diez candidatos presidenciales, un país en crisis política y económica, afectado por el terrorismo y un gobierno con baja popularidad, se va a llevar a cabo esta contienda electoral, en donde los candidatos que más relevancia tienen son; la señora Marine Le Pen del Frente Nacional –FN–,  François Fillon por los Republicanos –LR–, Benoît Hamon del Partido Socialista –PS– quien se debatió por la designatura de su partido con el ex primer ministro socialista del ala reformista Manuel Valls, y Emmanuel Macron del movimiento “En Marcha” –EM– quien se ha posicionado como uno de los más opcionados para llegar al Eliseo.

Debido al desprestigio del gobierno del presidente François Hollande, a la crisis de la Unión Europea –UE–, al terrorismo que ha azotado a este país, a la influencia de los nacionalismos, populismos y de la ultraderecha como en Estados Unidos, en el Reino Unido con el  brexit y ante la nueva política estadunidense, estas serán unas elecciones bien particulares con un gran peligro latente: la inestabilidad de Europa.

A pesar de que las circunstancias propias del andamiaje electoral parecerían ser favorables a la Sra. Le Pen, su imagen no es del todo favorable ni en el interior ni en el exterior de Francia, pues si bien fue recibida por lo alto en la visita oficial al Líbano que realizó hace ya varios días, no es bien vista en el contexto internacional; tanto que versiones de prensa mencionan que le solicitaron no aparecerse por el Reino Unido, y a la vez el presidente Trump no quiso verla cuando ella visitó la Trump Tower el pasado mes de enero.

Entre sus planteamientos se encuentra el “defender a los franceses de la UE, los extranjeros y los musulmanes”, con lo cual queda evidente su sentimiento xenófobo, nacionalista y populista, sin desconocer que ha hecho eco en algunos sectores del país.

Por su parte se considera al candidato Emmanuel Macron como el más opcionado para combatir a Le Pen en la segunda vuelta de las presidenciales.

Este candidato que no cuenta con el apoyo de ningún partido y que se podría definir con rl término “neorrepublicanismo”, le apuesta al laicismo, es un convencido de la UE y el europeísmo, cree en la cesión de la soberanía, es joven, sagaz y, comunicativo y ha conquistado según las encuestas, en un tiempo muy corto,  un 20% de la intención del voto, lo cual es sorprendente.

Según la prensa, su respaldo proviene al parecer del segmento con mayor nivel educativo del país; se le ha toldado de homosexual y acusado de recibir el apoyo de los millonarios de ese gremio, tema este que desmintió públicamente pidiendo más respeto para su esposa, quien le lleva varios años de edad.

Lo sorprendente es que su  campaña está basada sobre un movimiento y no sobre un partido. Macron es carismático y proviene de la Escuela Nacional de Administración; además puntualiza sobre su conciencia social, es decir, sobre los principios de libertad, igualdad y fraternidad.

Por su parte, el candidato Francois Fillon de Los Republicanos quien en un comienzo estuvo de favorito en los sondeos, ha ido perdiendo rápidamente terreno debido a los supuestos empleos que le dio a sus hijos y esposa, aunque se mantiene firme en la contienda electoral a pesar de que miembros de su mismo partido le han solicitado dimitir;  y también debido a la llamada a juicio al ex presidente Nicolás Sarkosy por presuntas malversaciones de su campaña, lo cual  le hace perder fuerza.

Por otro lado, en la izquierda francesa existen dos grupos o vertientes irreconciliables, los reformistas y los socialistas clásicos. El candidato Benoît Hamon  no cuenta con el apoyo del gobierno que representa el ala progresista, lo cual lo debilita frente a los otros

De otra parte, con relación a las próximas elecciones alemanas que serán el próximo mes de septiembre, por primera vez la continuidad de Ángela Merkel, quien representa a los conservadores CDU-CSU (Unión Cristiano Demócrata-Social Cristiana) está en peligro a causa del antiguo presidente del Parlamento Europeo,  Martin Schulz del partido Social Demócrata, quien en los sondeos ha subido rápidamente, sobrepasando con un 31% de intención de voto al partido de Merkel que cuenta con un 30%.

Algunos analíticos especulan que los socialdemócratas harán una posible alianza con los ecologistas y  con la izquierda de Der Linke, cada uno de los cuales posee un 9% de la intención de voto.

Lo preocupante para Alemania es la inmigración incontrolable que la afecta, junto a ser considerado el país líder de la UE en temas contundentes como el económico, con lo cual, estas elecciones serán vitales y marcaran una pauta en cuanto al rumbo que tomará el viejo continente próximamente.

Otro motivo de preocupación es que las tendencias de extrema derecha en Europa se están fortaleciendo; por fortuna, el pasado 15 de marzo en Holanda ganó las elecciones el partido liberal del primer ministro Mark Rutte quien obtuvo 33 de los 150 escaños.

Lo cierto es que tanto Francia como Alemania y otros países europeos, tienen que encontrar una solución a su problema energético, para liberarse un poco,  en cierta forma, de dependencia de Rusia  en esa materia, a la vez que deberán afrontar la nueva política estadunidense que pretende dejar de lado a los aliados y a la OTAN siempre y cuando no le representen ningún beneficio o interés importante.

Lo anterior unido a la tensión con Rusia, al grave problema migratorio que se presenta a causa de la guerra en el Medio Oriente, y a la lucha contra el terrorismo entre otros, son elementos desestabilizadores que permean la democracia y benefician a la ultraderecha.

De igual forma, deberán cerrar filas para el fortalecimiento de la UE y de su modelo de integración aportando solución y estabilidad a las economías de la región, así como dando una respuesta al tema migratorio y de seguridad en su lucha contra el terrorismo.

Todo ello deja abierto un gran interrogante sobre lo que será el futuro de Europa.

(*) Ex diplomática