10 de abril de 2021
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El resbalón de Don Pablo Vila

23 de abril de 2017
Por Jorge Emilio Sierra
Por Jorge Emilio Sierra
23 de abril de 2017

Por: Jorge Emilio Sierra Montoya (*)

En su reciente posesión como Miembro Correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua, el escritor nariñense Vicente Pérez Silva centró su disertación sobre episodios célebres y curiosidades bibliográficas de Cervantes y el Quijote, mostrando otra vez su extraordinaria capacidad de realizar sorprendentes hallazgos en investigaciones literarias e históricas, conocida desde hace mucho tiempo por nuestros más exigentes círculos intelectuales.

Así, tras recordar diversos episodios ignorados u olvidados, como los discursos cervantinos de ilustres compatriotas en el exterior -Manuel Uribe Ángel en Nueva York (1875), José María Vargas Vila en Madrid (1905) y Eduardo Caballero Calderón en Sevilla (1948)-, pasó a las anunciadas curiosidades bibliográficas, entre las cuales destacó el libro “Don Quijote para niños”, publicado en Barcelona en 1915.

Pero, ¿quién era -se preguntará- el autor de tan singular obra, escrita hace un siglo? Sorpréndanse ustedes: Don Pablo Vila, el famoso catalán que en ese año precisamente llegó de España a Colombia para asumir la rectoría del Gimnasio Moderno, uno de los principales planteles educativos del país, como que allí han cursado sus estudios primarios y secundarios las élites santafereñas, representadas especialmente por varios jefes de Estado, ministros, magistrados de las altas cortes, escritores y periodistas notables.

Pues bien, aquella centenaria publicación -según informó Pérez Silva- fue promovida por el gobierno nacional durante el mandato de José Vicente Concha (1914-1918) -quien se basó, a su turno, en el decreto de uno de sus predecesores, Rafael Reyes (1904-1909)- al distribuir miles de ejemplares en las escuelas públicas de todo el país, sumándose en esta forma a la celebración mundial del tercer centenario del Quijote, pues su edición príncipe -la primera, claro- había aparecido en 1605.

“¡Qué diferencia con los tiempos actuales!”, anotó el conferencista, aludiendo al creciente menosprecio de la cultura por parte de los gobiernos de esta época, los cuales destinan en tal sentido un presupuesto ínfimo, irrisorio, como puede verificarse con solo abrir los ojos.

A continuación, Pérez Silva mencionó otro libro cervantino de Don Pablo Vila: “Cataluña y Cervantes”, uno de cuyos pocos ejemplares -si no el único- reposa en la biblioteca de la Academia, donde hay cientos de incunables que las nuevas generaciones, por desgracia, nunca consultan.

Don Pablo, a propósito, regresó a su tierra en 1918, pero dejó gratos recuerdos, como el que Daniel Samper Pizano, Académico de Número, citó al término de la disertación que merecía aquí y allá exaltados elogios del selecto público asistente.

Por cierto, Daniel es “gimnasiano”, igual que su hermano Ernesto, ex presidente de la república, y que los propios fundadores del colegio, José María y Tomás Samper Brush, quienes aparecen junto al “primer director” en una vieja fotografía, ya centenaria, donde son identificados como “máximos benefactores del Gimnasio”.

Él, por tanto, tiene razones de sobra para hablar sobre el tema, más aún cuando ha vivido por dentro la historia de tan prestigiosa institución y funge también de historiador entre sus múltiples aficiones, siendo ahora Miembro de Número en la Academia Colombiana de la Lengua.

“Les hablo no como intelectual o literato, que no lo soy, sino como periodista”, precisó al recordar una simpática anécdota contada nada menos que por Tomás Ruedas Vargas, quien fuera asimismo rector del Gimnasio Moderno y miembro de la Academia como justo reconocimiento por sus indiscutibles méritos literarios.

Pero, vamos a la anécdota. Cierto día de clases, al ver que un alumno se resbaló y cayó junto a él en la veloz carrera que llevaba, Don Pablo se le acercó para advertirle, con su acento español característico: “¡Tenga usted cuidado que se puede romper el culo!”. Quienes le oyeron, empezando por el muchacho, lo miraron sorprendidos, negándose a creer que fuera el mismísimo rector, recién llegado de Barcelona, el autor de semejante grosería.

De inmediato, la frase en cuestión fue repetida por estudiantes y profesores, en los salones de clase y en los corredores, más allá de las aulas y finalmente en casa de la víctima ofendida, cuyos padres llegaron en un abrir y cerrar de ojos al colegio para sentar su enérgica voz de protesta ante el victimario, sin importarles que fuera la suprema autoridad del colegio.

Don Pablo los escuchó con respeto, muy atento, para luego explicarles que tan controvertida expresión es usual en su tierra, lejos de ser un insulto o algo parecido, no sin invitarlos a leer las hermosas páginas de “Don Quijote de La Mancha”, donde la tal palabreja impronunciable aparece cientos de veces por la sencilla razón de ser castiza como muchas otras, según lo podían constatar  en cualquier diccionario.

Vaya uno a saber si la cordial invitación del rector fue atendida o no. Se supo, en cambio, que Don Pablo presentó disculpas por su involuntaria ofensa, absteniéndose en adelante de repetir ante alumnos, profesores y padres de familia el término que fue objeto de tan drástica censura, la misma que habrán tenido en mente Samper y sus colegas, en vísperas de la celebración del Día del Idioma, al no mencionar allí, como complemento indispensable de tan simpática anécdota, los muy recordados versos satíricos de Don Lope de Vega contra Cervantes:

Ese don Quijote baladí,

                                                               de culo en culo por el mundo va,

                                                               vendiendo especias y azafrán romí,

                                                               y, al fin, en muladares parará.                  

                         

 (*) Miembro Correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua [email protected]